Dalí y el cine: pinceladas

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Dalí

 

Este martes 23 de enero se cumplen 29 años del fallecimiento de Salvador Dalí, un genio que ha pasado a la posteridad principalmente por su obra pictórica pero que, movido por su espíritu renacentista, siempre quiso explorar otras manifestaciones artísticas (escultura, literatura, fotografía…). Dentro de estas otras disciplinas se encontraba, por supuesto, el cine, un campo lleno de posibilidades visuales que, como le sucedería a muchos de sus coetáneos de la generación del 27, despertó en él un especial interés.

Desde su perspectiva surrealista, influida también por el futurismo y por autores de vanguardia soviéticos como Vértov, Dalí apostaba por un cine no-narrativo (la narración es “putrefacción”, afirmaba) y del que debía eliminarse cualquier aspiración artística. Esta postura se traducía en un rechazo frontal a los directores más reputados del momento (Murnau, Fritz Lang, Abel Gance) y una devoción absoluta por cómicos con supuestamente menos pretensiones como Buster Keaton o Charles Chaplin.

¿Y cómo llevó el genio de Figueras estas ideas a la práctica? Probablemente, dada la complejidad del proceso cinematográfico, con menos frecuencia de la deseada. Sin embargo, sus aportaciones, aunque escasas, fueron lo suficientemente relevantes como para ocupar un lugar importante en las enciclopedias del séptimo arte.

A continuación, y a modo de pinceladas, pasamos a recordar no sólo las incursiones más celebradas de Dalí en el cine, sino otros episodios de su particular relación con la gran pantalla. Todo ello, claro, dentro de una biografía que tiene mucho que ver con lo fílmico. Y es que, a fin de cuentas, Salvador Dalí fue siempre un actor. El protagonista absoluto de la gran película en que decidió convertir su vida.

 

Dalí y Buñuel

 

Un perro andaluz

 

Un perro andaluz, la primera colaboración del pintor con Luis Buñuel, cumplía a rajatabla una de las máximas del Dalí cineasta: la eliminación de cualquier tipo de trama. En una visita a su casa de Figueras, Buñuel le había contado que había soñado con “una nube desflecada que cortaba la luna y una cuchilla de afeitar que hendía un ojo”. Dalí respondió que él había soñado con unas hormigas que recorrían una mano. Los dos amigos siguieron intercambiando sueños y decidieron rodar un corto con ellos. Sólo había una condición que debían seguir a rajatabla: esas imágenes oníricas no debían tener ningún significado, ni directo ni simbólico. Y si al público no le gustaba, mejor. Así, Buñuel acudió al estreno del film con los bolsillos cargados de piedras, preparado para lanzarlas contra el primero que abucheara. Para decepción de los autores, el público aplaudió y Dalí y Buñuel se vieron obligados a guardar las piedras y a rodar una nueva película un año más tarde: La edad de oro.

 

Dalí y Hitchcock

 

 

De nuevo, unos ojos que se cortan. Y si Hitchcock lo hubiera permitido, también habría vuelto a haber hormigas. La escena diseñada por Dalí en Recuerda es sin duda la más famosa de sus aportaciones al cine, aunque, como Hitchcock le confesaba a Truffaut en el famoso libro-entrevista, podría haber sido aún más extensa. Dalí tenía en mente muchas ideas más, entre ellas la imagen de una estatua resquebrajada de cuyas grietas volvían a aparecer unas hormigas que acababan cubriendo a Ingrid Bergman. Sin embargo el cine no es pintura, y la dificultad de llevar a cabo todas las fantasías que bullían en la cabeza del pintor catalán fue sin duda uno de los principales motivos por los que sus acercamientos al mundo audiovisual terminaron siendo escasos.

 

Dalí y Walt Disney

 

 

Dos de los grandes iconos del siglo XX, Salvador Dalí y Walt Disney, se admiraron y se mantuvieron en contacto hasta que la muerte de este último (o la criogenización) los separó. Fue Disney quien, por vía postal, se puso en contacto con el pintor solicitándole un autógrafo. A este intercambio epistolar le siguieron varias visitas de Dalí a Los Ángeles que acabaron cristalizando en la idea de hacer un proyecto juntos: Destino, un corto para el que Disney cedía a Dalí a su dibujante favorito, John Hench.

El proyecto (al igual que la idea aún más ambiciosa de colaborar en un largo sobre Don Quijote) terminó olvidado en un cajón debido a las profundas diferencias artísticas que en el fondo separaban a ambos gigantes. En 2003, sin embargo, Destino fue ‘resucitado’ por Roy Disney y acabó nominado al Oscar.

 

Dalí y los hermanos Marx

 

Harpo

 

Lo hemos dicho antes. Salvador Dalí era un admirador incondicional de los cómicos del cine americano. Sobre todo, de los mudos. Por eso, Harpo era su favorito de los hermanos Marx. Le gustaba tanto que, en un encuentro en París, solicitó hacerle un retrato. Harpo estaba muy ocupado en esas fechas y le invitó a visitarle meses después en Estados Unidos. Tomándole la palabra, Dalí se presentó en Los Ángeles mientras Harpo rodaba Un día en las carreras y no sólo le retrató, sino que le regaló un original instrumento que había diseñado expresamente para él: un arpa construida con cucharillas y cuerdas de alambre de espino (ver foto).

Harpo y Dalí hicieron tan buenas migas que decidieron escribir juntos un mediometraje que, por surrealista e inclasificable, la Metro no quiso producir. Su título lo dice todo: Jirafas en ensalada de lomos de caballo.

 

Dalí y Laurence Olivier

 

Olivier

 

Harpo no fue la única gran estrella cinematográfica que posó para Dalí. En 1955 el artista ampurdanés, por encargo del productor Alexander Korda, retrató a Laurence Olivier como parte de la promoción de la película Ricardo III. El cuadro, realizado en los estudios Shepperton de Londres, era considerado por el pintor como uno de los “más sensacionales, integrales y completos” de su obra.

 

Dali-Laurence-Olivier

 

 

Dalí y sus proyectos frustrados

 

Magnani

 

Dalí escribió numerosos guiones a lo largo de su vida, y su proyecto conjunto con Harpo Marx fue sólo uno de los muchos relatos surgidos de su imaginación que nunca llegaron a ver la luz. Según relata él mismo en Diario de un genio, en 1953 escribió la película La carretilla de carne, que debía protagonizar Anna Magnani. Durante diez años trabajó junto al fotógrafo y ensayista francés Robert Deschernes en otro proyecto inacabado, La aventura prodigiosa de la encajera y el rinoceronte, y en 1931 escribió el guión del film Babaouo, que posteriormente ha sido editado e incluso adaptado al cine por el catalán Manuel Cussó-Ferrer.

 

Dalí y sus réplicas

 

Brody

 

Como todas las grandes figuras, Dalí también ha pasado de retratista a retratado, y son varios los actores que le han dado vida en diferentes películas. Por ejemplo, Lorenzo Quinn en Dalí, Ernesto Alterio en Buñuel y la mesa del rey Salomón, Robert Pattinson en Little Ashes o Adrien Brody en Midnight in Paris.

 

Dalí y TCM (y Jordi Mollá)

 

 

Dalí también ha tenido su hueco en TCM, y hace justo cuatro años celebrábamos el 25 aniversario de su muerte con una programación especial y una entrevista a Jordi Mollá, pintor además de actor y gran conocedor de su obra. Recordando esa charla, en la que se repasan algunas de las películas de las que hemos hablado aquí, damos nuestro último brochazo a este post sobre un genio inmortal. Un mito de la pintura que, ocasionalmente, también dejó impreso su enorme talento sobre el celuloide.

Diego Soto


Escrito por Martes 23 enero 2018

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