‘Easy Rider’: los hippies que cambiaron Hollywood

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Easy Rider

 

Estrenada en 1969, Easy Rider fue la película que, siguiendo la senda abierta por títulos como Bonnie y Clyde, marcó el principio del cambio en la forma de hacer cine en Estados Unidos. Costó 500.000 dólares y acabó recaudando casi 20 millones, y sus creadores, un grupo de díscolos hippies adictos a las drogas y el alcohol, demostraron que se podía alcanzar el éxito utilizando un modus operandi completamente distinto al de los grandes estudios.

Basándonos en el libro Moteros tranquilos, toros salvajes, la imprescindible crónica del Hollywood de los 70 firmada por Peter Biskind, recordamos los avatares que rodearon a un film que tendría un impacto decisivo en la industria.

 

La génesis

 

Fonda

 

Tal y como cuenta Biskind, es a Peter Fonda a quien hay que atribuirle la idea original de hacer Easy Rider. Según Fonda, la revelación tuvo lugar en una convención para exhibidores en Toronto: “Yo estaba un poquito borracho y vi una fotografía de Los ángeles del infierno en la que aparecíamos Bruce Dern y yo en una moto. Y de repente pensé: Sí señor, ese es el western moderno, dos tipos atravesando el país en moto”.

 

Dennis Hopper: un monstruo incontrolable

 

Hopper

 

Peter Fonda pensó que su amigo Dennis Hopper, que estaba deseando dirigir su primera película, era la persona indicada para hacerse cargo de la historia. Hopper, fotógrafo y artista además de actor, no sólo poseía una rara sensibilidad creativa, sino que estaba firmemente determinado a cambiar el orden establecido (“Van a rodar cabezas, el viejo orden va a caer y todos vosotros vais  morir, dinosaurios”). Sin embargo, había un grave problema: Dennis Hopper se había vuelto completamente loco. Una demencia peligrosa y violenta, provocada por la ingesta de todo tipo de estupefacientes, que Biskind retrata de forma pormenorizada en el libro. Adjuntamos aquí algunos ejemplos.

– Hopper y su mujer, Brooke Hayward: “Fue justo después del primer ‘love-in’, el celebrado en San Francisco en 1966, cuando Dennis le rompió la nariz a Brooke, la primera vez que la golpeó”.

– Brooke Hayward, de nuevo sobre la violencia de su marido: “Podría estrangularme, matarme, sin darse cuenta siquiera”.

– Peter Fonda: “Estaba seguro de que intentaría asesinarme. Se me podía lanzar encima en cualquier parte, atacarme con una botella o un cuchillo”.

– Hopper, amenazando a Crosby, Still & Nash (que en un principio iban a componer la banda sonora): “Sois unos músicos estupendos, pero nadie que viaje en limusina puede entender mi película, así que tendré que decir que no, y si volvéis a tratar de entrar en el estudio puede que tenga que causarle daño físico a alguno de vosotros”.

 

Una nueva clase de productor

 

Schneider Rafelson

 

Peter Biskind dedica varias páginas a reseñar la importancia que tuvieron en el cambio de paradigma de Hollywood los productores de Easy Rider: Bert Schneider y Bob Rafelson, fundadores de Raybert (más tarde BBS) y grandes artífices del nacimiento de un nuevo modelo. “La idea de Raybert era darles voz y voto a los directores”, señala el autor sobre una revolucionaria pareja que abrazaba con entusiasmo el boom contracultural y se distanciaba por completo del estilo más convencional de los ejecutivos de los estudios. “Rafelson se sentaba en el suelo, escuchaba jazz, fumaba porros, a veces echaba unas gotitas de ácido en el jacuzzi, se comía unos honguitos o tomaba un poquito de mescalina o de hachís”, cuenta Biskind. “BBS no tardó en convertirse en el antro favorito de una variopinto banda de cineastas y radicales de diversa índole. No había en Hollywood, ni en ninguna otra parte, lugar más en la onda”.

Lamentablemente, Schneider y Rafelson también eran adictos, además de a las drogas, al sexo, y su incontinencia en este sentido enlaza a la perfección con muchos de los relatos de abusos que han salido a la luz en los últimos tiempos: “Casi todas las mujeres jóvenes y atractivas que subían a sus despachos eran blanco de los avances de los productores, que llevaban la cuenta de los tantos que se apuntaban”.

 

Las drogas

 

Nicholson

 

La droga, que forma incluso parte de la trama de Easy Rider, ya ha salido, inevitablemente, en los epígrafes anteriores. Sin embargo, es tal su importancia en este proceso que merece su propio apartado. “El problema de la cocaína en los Estados Unidos lo provoqué yo. No había cocaína en la calle antes de Easy Rider“, explica con orgullo Dennis Hopper, que, a pesar de llevarse la palma, ya hemos dicho que no es el único que se colocaba. “Todos los días había un pase del material grabado. Una humareda impresionante de hierba lo invadía todo, y no se progresaba mucho”, cuenta Bob Rafelson.

 

El impacto

 

Grupo

 

Para sorpresa de la vieja guardia de Hollywood, incapaz de asumir que un grupo de hippies melenudos y drogatas tuviera la clave del cambio, la película fue un éxito. A nivel artístico, ganó el premio a mejor ópera prima en Cannes. Y a nivel social y comercial, la repercusión fue “poco menos que sísmico”. El secreto, como señala Biskind, residía en el ansia de rebeldía de gran parte del público: “Como Bonnie y Clyde, la película de Fonda y Hopper era el retrato de unos rebeldes, de unos bandidos y, por extensión, de toda la contracultura: un retrato en el que los héroes eran las víctimas, el blanco de la sociedad biempensante”.

Easy Rider. Martes 18 de septiembre a las 18:55 en TCM

Diego Soto


Escrito por Domingo 21 enero 2018

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