‘¡Jo, qué noche!’: receta para una pesadilla

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Hace no mucho, en su film Mi amigo el gigante, Steven Spielberg nos enseñaba cómo se cocinaba una pesadilla. O más bien era el enorme protagonista del cuento de Roald Dahl quien lo hacía. Mezclaba una serie de ingredientes mágicos en su laboratorio secreto, los agitaba y, una vez que sus víctimas estaban dormidas, los rociaba sobre sus camas con una especie de trompeta para que la pesadilla se introdujera en su mente.

En Jo, qué noche, Martin Scorsese nos muestra lo que en la película de Spielberg sólo podíamos intuir: lo que sucede en la cabeza de la víctima cuando se inhala ese mal sueño. La representación gráfica de esa alucinación. Un delirio febril que, en este caso, tiene lugar en un Nueva York asfixiante y cuyos ingredientes, emulando al gigante del cuento, nos atrevemos a enumerar en este post. Tomad nota de la receta, porque pocas veces este tipo de odisea se ha mostrado de forma tan original y convincente en la gran pantalla.

 

Un guión un poco plagiado

 

Guión

 

El guión de Jo, qué noche, que llegó a manos de Scorsese a través de Griffin Dunne y la productora Amy Robinson, había sido escrito por un joven llamado Joseph Minion como proyecto de fin de carrera en la escuela de cine de Columbia. Lo que Scorsese no sospechaba es que un gran porcentaje de esa historia, sobre todo su parte inicial, había sido plagiado de un monólogo llamado Lies que el humorista radiofónico Joe Frank había escrito en 1982. Frank interpuso una denuncia y, aunque no se le atribuye ningún mérito en los títulos de crédito, fue generosamente indemnizado.

 

Un atribulado protagonista

 

Dunne

 

Griffin Dunne, que unos años antes había protagonizado Un hombre lobo americano en Londres, nunca llegó a tener una carrera especialmente exitosa en el cine. Sin embargo, aquí borda su papel de persona totalmente superada por los acontecimientos. Un pobre hombre que sale de casa con la intención de tener una aventura con la bella Rosanna Arquette y, después de sufrir toda una serie de catastróficas desdichas, acaba siendo perseguido por una turbamulta en el Soho.

Cuenta la leyenda que Scorsese le pidió a Dunne que se abstuviera de dormir y de tener sexo durante los días que duró el rodaje, y que así consiguió que el actor transmitiera esa convincente sensación de paranoia.

Una onírica dirección de foto

 

Escultura 2

 

No sabemos exactamente cómo, pero cuando estamos dentro de un sueño, lo sabemos. La perspectiva de los objetos, el aspecto un tanto amenazante de todo lo que nos rodea… La disposición de los elementos que componen nuestro entorno resultan inconfundibles en una pesadilla, y justo eso es lo que consigue el director de fotografía Michael Ballhaus en su primera colaboración con Scorsese. Los planos detalle, los movimientos de la cámara, la forma en la que Ballhaus nos muestra la realidad (¿o es la irrealidad?), resultan imprescindibles para dotar a Jo, qué noche de esa atmósfera onírica que la hace única (importantísimo también el montaje de Telma Schoonmaker).

De todas las audaces escenas que propone el film, nos quedamos con una: esa en que Linda Fiorentino arroja unas llaves desde la ventana y la cámara sigue su fugaz recorrido por el cielo.

 

Una banda sonora inquietante

 

 

Como en muchas de sus películas, Scorsese incluye en la banda sonora obras de muy diversos compositores, entre ellos autores tan dispares como Mozart, Bach, Cole Porter o Joni Mitchell  Sin embargo, es la partitura original de Howard Shore la que (con ecos del hitchcockiano Bernard Herrmann) tiñe la odisea nocturna de Paul Hackett de esa desasosegaste y pegajosa pátina de desquiciamiento que impregna todo el film.

 

Referencias a Kafka

 

Club berlín

 

Lo kafkiano siempre está estrechamente relacionado con lo onírico, y en este caso Scorsese rinde homenaje al autor checo tomando prestados varios diálogos de la obra Ante la ley en la conversación entre Paul y el gorila del Club Berlín.

 

Una estructura circular

 

Oficina

 

Terminar una historia (atención spoilers) en el mismo punto en que se empezó acentúa muchas veces la sensación de alucinación. ¿Es cierto todo lo que acabamos de ver o se trataba únicamente de una ensoñación? En el caso de Jo, qué noche, a Scorsese le costó llegar a esta estructura circular, entre otros motivos porque no veía nada claro cuál debía ser el final del relato. Finalmente, fue uno de los directores más admirados por Marty (Michael Powell) el que le recomendó que terminara la película en la misma oficina en que el protagonista (un empleado de una empresa informática) había empezado su odisea.

 

La aparición del creador

 

 

Como en varias de sus obras, Scorsese también se deja ver en Jo, qué noche. En concreto, el demiurgo de la pesadilla aparece fugazmente en la escena del Club Berlín, manejando un foco.

 

¿Los padres de Solo en casa?

 

Solo-en-casa

 

Vale, este ingrediente es totalmente subjetivo, pero, qué queréis que os digamos, a nosotros nos lleva al territorio de la alucinación el encontrarnos, entre toda la galería de personajes desquiciados que aparecen por el film, a los progenitores de Macaulay Culkin en Solo en casa (John Heard y Catherine O’Hara).

 

Una traducción demencial

 

Traducción

 

El ingrediente final que, en su versión española, convierte Jo, qué noche en una pesadilla con todas las de la ley. ¿Quién fue el iluminado que creyó que el original After Hours merecía una traducción tan poco afortunada? No lo sabemos, pero sin duda merece ser condenado al menos a una noche de torturas como la que padece el protagonista de la historia.

Jo, qué noche. Martes 16 de enero a las 14:25 en TCM

Diego Soto


Escrito por Lunes 8 enero 2018

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