‘Lauren Bacall, luces y sombras’: los claroscuros de un mito

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Lauren Bacall

 

En los años cuarenta y cincuenta Lauren Bacall no tuvo rival, al menos en cuanto a magnetismo, en el mundo del cine. No necesitaba pronunciar palabra alguna para captar la atención de los espectadores. Le bastaba con su mirada para embrujar y hechizar a la audiencia. Y, sin embargo, en poco tiempo, Hollywood se fue olvidando paulatinamente de ella. ¿Por qué? ¿Cuáles fueron las causas?

Preguntas como esas son las que trata de contestar el documental Lauren Bacall, luces y sombras, que TCM vuelve a emitir el jueves 18 de enero. El film, dirigido por Pierre-Henry Salfati, y coproducido por Arte y TCM Francia, analiza la vida y la carrera de la protagonista de películas como Cayo Largo, Escrito sobre el viento o La senda tenebrosa. Según se explica en este trabajo, la actriz, tras la muerte de su marido, Humphrey Bogart, se sintió ninguneada por los estudios de Hollywood durante mucho tiempo, abandonó Los Ángeles y se trasladó a vivir a Nueva York, su ciudad natal.

 

 

Betty Joan Perske, ese era su verdadero nombre, nació el 16 de septiembre de 1924. Creció en Brooklyn bajo la atenta mirada de su madre, que la crió sola. Provenía de una familia de judíos ortodoxos que habían inmigrado desde Rumanía y Bielorrusia. A los 17 años cambió las clases del instituto por los escenarios de la Academia Americana de Arte Dramático. “Quería ver mi nombre entre luces. No sé de dónde saqué ese sueño”, explica en el documental. Sin embargo, ella sabía que no tenía el físico que se requería en la época para convertirse en una estrella cinematográfica. “Era plana como una tabla. Tenía los pies grandes y era desgarbada. Me daba vergüenza sonreír porque tenía los dientes torcidos”.

Trabajó como modelo y una foto suya en la portada de la revista Harper’s Bazaar le cambió la vida. El director Howard Hawks la vio y decidió hacer una prueba a aquella joven desconocida. “Yo no sabía quién era Howard Hawks. No tenía ni idea”, dice la actriz en el film. Hawks la convirtió en la femme fatale por excelencia. Modeló su timbre de voz y sacó todo el partido a su peculiar mirada oblicua, según ella, fruto de la timidez. El director le dio el papel protagonista de Tener y no tener. Allí conoció y se enamoró de Humphrey Bogart. Desde ese momento la actriz entró en la mitología de Hollywood, aunque siempre intentó desembarazarse de la imagen que le asignaron. De hecho, nunca le gustó que la llamaran Lauren, el nombre artístico que Hawks eligió para ella, sino Betty, el que figuraba en su partida de nacimiento.

 

Bacall Hawks

 

Su vida, según sostiene el documental que estrena TCM, fue una continua búsqueda de una identidad propia. Bacall decía que había vivido al revés: la gloria y el éxito de muy joven y muchos sacrificios en su madurez. Después del fallecimiento de Bogart tuvo una relación sentimental con Frank Sinatra y volvió a casarse, esta segunda vez con el actor Jason Robards, del que se divorció tras ocho años de matrimonio.

A comienzos de los años 70 triunfó en Broadway con Aplauso, una versión musical de la película Eva al desnudo, el film que protagonizó Bette Davis, la actriz que Bacall más admiraba. Ganó dos premios Tony y por fin se sintió valorada. Sin embargo, el reconocimiento de Hollywood tardó en llegar. Estuvo nominada al Oscar como actriz de reparto en 1996 por su trabajo en El amor tiene dos caras, de Barbra Streisand, pero la Academia de Hollywood no le concedió el galardón. Finalmente, en 2009 recibió un Oscar honorífico por toda su carrera.

Unos años antes había publicado un libro autobiográfico que tituló Por mí misma, como si quisiera terminar definitivamente con la idea de haber sido la creación de otros. Primero de Howard Hawks, luego de Humphrey Bogart. Murió el 12 de agosto de 2014, pero el mito Lauren Bacall es como el sueño de Raymond Chandler: eterno.

Lauren Bacall, luces y sombras. Jueves 18 de enero a las 16:05 en TCM


Escrito por Viernes 5 enero 2018

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