‘El mundo está loco, loco, loco’: la comedia más grande jamás rodada

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El mundo está loco

 

Si a principios de los 60 alguien hubiera dicho que Stanley Kramer firmaría la comedia más grande jamás rodada, la mayoría se lo habría tomado precisamente como eso: como un gran chiste. El director estadounidense había estrenado varios dramas sobre la condición humana, cargados de mensaje social (Fugitivos, La hora final, Vencedores o vencidos), y su último acercamiento a la comedia había sido en 1948, en una película que además sólo producía (el director era Richard Fleischer) y que llevaba por título So This Is New York. Sin embargo, efectivamente, Stanley Kramer quería hacer una película de humor. Y no una cualquiera, como decíamos al principio del post, sino una comedia gigantesca, enorme, que sirviera como monumento a todas las comedias y que trasladara por primera vez al género al terreno del cine épico, tan popular en esos años gracias a films como Espartaco o Lawrence de Arabia.

Con ese propósito, Kramer tomó prestadas muchas de las constantes de ese tipo de cine (generalmente películas de aventuras o peplums) y las trasladó a un universo inexplorado (el cómico) en el que no eran en absoluto habituales. Para empezar, el film se rodó en Ultra Panavision 70, un sistema que permitía la posterior proyección en el espectacular Cinerama, aunque con la ventaja de no tener que grabar las imágenes con tres cámaras diferentes. La duración también tendría que ser épica, y así se llegó a un metraje final de 197 minutos que la United Artists tuvo que ir recortando en posteriores versiones (la que emitimos en TCM dura dos horas y media). Por último, el reparto tenía que estar a la altura de semejante empresa, y se reclutó a un cast que, si bien en España no era tan conocido, en Estados Unidos venía a ser todo un ‘dream team’ de la comedia.

 

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Grandes estrellas de la televisión de la época (Sid Caesar, Milton BerlePhil Silvers...) integraban un elenco en el que destacaban leyendas como Mickey Rooney y, sobre todo, Spencer Tracy. Alrededor de ellos (y este era uno de los grandes reclamos del film), un sinfín de ilustres colaboradores que convertían la cinta en un gozoso desfile de mitos del entretenimiento americano: Buster Keaton, Jerry Lewis, los Tres ChifladosJack Bennet (la lista podría haber sido aún más impresionante si no hubieran rehusado participar nombres como Bob Hope, Groucho Marx o Stan Laurel).

 

Jerry Lewis

 

Con estos mimbres, y con un guión de Tania y William Rose (guionista de Genoveva, otra película de carreras de coches), Stanley Kramer se enfrentó al que, en sus propias palabras, sería el desafío más grande de su vida. Una película descomunal que, por encima de su aparatosidad, también proponía una mordaz crítica social: la denuncia de la codicia.

Debido a los múltiples compromisos de tantos actores, el film se tuvo que rodar en periodo vacacional. Es decir, en pleno verano, una época que, obviamente, no es la más apropiada para trabajar en el caluroso desierto de Mojave. Además, Spencer Tracy (que fallecería sólo cuatro años después) no gozaba de buena salud, y Kramer tuvo que restringir sus intervenciones a sólo un par de horas diarias de rodaje.

La última gran complicación tenía que ver con la propia naturaleza de la película, que, siguiendo la tradición del ‘slapstick’, basaba gran parte de sus gags en la comedia física. Para que los actores no tuvieran dudas de lo que tenían que hacer, se les entregaron dos ejemplares distintos del guión: uno con los diálogos y otro solamente con la acción. Este último incluía la coreografía de varias escenas complicadas para las que hubo que contratar a un gran número de especialistas (se dice que durante el rodaje de El mundo está loco, loco, loco se requirieron los servicios del 80% de los especialistas en activo en Estados Unidos).

 

Rodaje

 

Afortunadamente (y a pesar de que el abultado presupuesto de la película redujo ostensiblemente los beneficios) el film fue un éxito absoluto de taquilla, sólo superado ese año por Cleopatra. El público acudió en masa a las salas y, durante unos días, toda América rió despreocupada con la peripecia de ese grupo de avariciosos automovilistas que intentan hacerse con un botín enterrado bajo una gran ‘W’. Sin embargo, la risa no duró ni una semana. Cinco días después de que el film se estrenara en Nueva York, en un pase benéfico al que precisamente asistió toda la familia Kennedy, el presidente de los Estados Unidos moría asesinado en Dallas. Y los coches (y todo en general) dejaron de ser gracioso en un país que se sumergió en un periodo de doloroso luto.

 

 

El mundo está loco, loco, loco. Madrugada del martes 16 al miércoles 17 de enero a las 4:05 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 19 diciembre 2017

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