El beso interracial de ‘El último hombre vivo’

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A finales de los 60 y principios de los 70 el cine de ciencia ficción americano se empeñó, a través de varias películas, en destruir el planeta Tierra y sumirlo en la oscuridad del apocalipsis. Films como Naves misteriosas, Contaminación2024: Apocalipsis nuclear o, incluso, La noche de los muertos vivientes recogían la herencia de todos los miedos surgidos años atrás (a partir del lanzamiento de la primera bomba atómica) y proponían pesadillas distópicas sobre el fin del mundo.

Dentro de esa temática, un nombre se alzaba por encima de todos los demás como rey indiscutible del subgénero: Charlton Heston, que gracias a clásicos como El planeta de los simios (1968), El último hombre… vivo (1971) y Cuando el destino nos alcance (1973) se convirtió en el héroe por antonomasia de los mundos en peligros de extinción.

 

Heston

 

Charlton Heston decidió embarcarse en el proyecto de El último hombre… vivo nada más leer (en un vuelo entre California y Reino Unido) la novela de Richard Matheson en la que se basa la historia: Soy leyenda. Lo que desconocía es que el libro, escrito en 1954, ya se había llevado a la gran pantalla en un film italoamericano protagonizado por Vincent Price: El último hombre sobre la Tierra. La noticia, sin embargo, no le hizo cambiar de opinión. “Afortunadamente para nosotros, y a pesar de la presencia de mi amigo Vincent Price, la versión anterior era soporífera”, afirma Heston en su autobiografía.

Para distanciarse de la versión de Price, y también de la novela original, los guionistas John William Corrington y Joyce H. Corrington (un matrimonio con formación en química y filosofía) propusieron varios cambios que no sólo tenían que ver con sus interés por la ciencia y la ética, sino también con la realidad socio-política del momento. Así, los afectados por ese extraño virus que diezma la población mundial no serian vampiros, como en el libro de Matheson, sino mutantes albinos agrupados en una especie de secta (La Familia) obsesionada por erradicar cualquier resto de tecnología humana. Además, el protagonista de la historia (ese Robert Neville encarnado por Charlton Heston) pasaba a ser un médico militar que trabaja en un antídoto para curar la enfermedad.

 

 

Los que habéis visto el film, también sabréis que el título es un poco engañoso. Charlton Heston no es el único habitante sano de esa ciudad de Los Ángeles completamente desierta (el equipo rodaba los fines de semana al amanecer para poder mostrar la calles vacías). Oculto en el extrarradio, sobrevive un grupo de personas entre las que se encuentra la co-protagonista femenina de la película: Lisa, interpretada por la actriz afroamericana Rosalind Cash.

Lisa es la primera mujer que nuestro héroe ve en dos años, y, en una época en que el movimiento de las Panteras Negras estaba en pleno auge en los Estados Unidos, los guionistas creyeron que sería interesante que la otra superviviente del holocausto fuera una persona de color. “Imagina que estás en el fin del mundo y el último hombre sobre la Tierra se encuentra con la última mujer. ¿Dónde está el conflicto?”, explicaba Joyce H. Corrington. “Fue entonces cuando pensamos: ‘Hagamos que ella sea negra y así se creará una tensión añadida’. Y fue exactamente lo que pasó”.

 

Beso

 

El beso interracial entre Charlton Heston y Rosalind Cash fue uno de los primeros que el público estadounidense pudo ver en la gran pantalla (el capitán Kirk y la teniente Uhura ya habían escandalizado a los sectores más conservadores del país en 1968 en un episodio de Star Trek), y la propia actriz, que hasta la fecha sólo había tenido un pequeño papel en Klute, reconoció haberse sentido un tanto extraña. “Asusta un poco darse un revolcón con el mismísimo Moisés”, bromeaba.

El beso, en cualquier caso, rompió moldes, y más de 20 años después Whoopi Goldberg se lo recordaba a Heston en el talk show que la actriz presentaba en la televisión americana. Si queréis descubrir la reacción del actor a la pregunta, sólo tenéis que pinchar en el final de este vídeo.

 

 

El último hombre… vivo. Sábado 20 de enero a las 18:40 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 12 diciembre 2017

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