‘Experimenter’: Stanley Milgram y la personalidad agéntica

rss

Experimenter

 

Stanley Milgram (1933-1984) era judío. Igual que sus padres, dos emigrantes del Este de Europa que, al mudarse a Estados Unidos, lograron escapar de los tormentos con que los nazis castigaron a otros judíos en la II Guerra Mundial. Por ese motivo, a Milgram siempre le obsesionó descubrir dónde estaba el origen del mal. Averiguar qué clase de resortes mentales pueden llevar al ser humano a sembrar el dolor y la atrocidad.

Para lograr su fin, el profesor Milgram decidió llevar a cabo en 1961 un polémico experimento. Una prueba que acabaría pasando a la historia de la psicología y que, básicamente, buscaba saber hasta dónde puede llegar un sujeto cuando se trata de administrar dolor y sufrimiento a otro individuo.

En el experimento, que explicaremos aquí de forma muy superficial, participaban dos personas: el Maestro (un voluntario encargado de formular una serie de preguntas) y el Aprendiz (un tipo compinchado con Milgram encargado de responderlas). Cada vez que el Aprendiz fallaba una respuesta, el Maestro debía administrarle una descarga eléctrica, y esa descarga debía ir aumentando progresivamente a medida que el Aprendiz se iba equivocando.

 

Experimento

 

Antes de comenzar la investigación, Milgram tenía claro que la mayor parte de los sujetos serían incapaces de torturar de tal manera al Aprendiz. Sin embargo, los resultados de su experimento fueron tan inesperados como demoledores: una amplia mayoría de los voluntarios llegaba hasta el final del cuestionario y estaba dispuesta a aplicar a su compañero corrientes de hasta 450 voltios. ¿Cuál era la razón por la que lo hacían? ¿De dónde venía esa irrefrenable tendencia al sadismo (una inclinación hacia el mal que, por ejemplo, había derivado en episodios tan terribles como el Holocausto)?

La respuesta, después de muchas sesiones, se manifestó de forma diáfana y cristalina: de la necesidad de la obediencia. De la incapacidad de decir “no” a aquellas personas que dirigían el experimento y obligaban al voluntario a continuar con el mismo. “No sabemos actuar sin alguna directriz de los de arriba. El sujeto se somete a la autoridad y, al hacerlo, queda alienado de sus propias acciones”, explicaba el profesor Milgram, definiendo así lo que se conoce como “personalidad agéntica”.

 

 

En Experimenter: la historia de Stanley Milgram, el director Michael Almereyda recuerda el experimento que marcó la carrera de Milgram y construye a partir de él un interesantísimo biopic del psicólogo y sociólogo americano. Un relato que, aún más que por el retrato de Milgram, resulta fascinante por la reflexión que propone sobre la propia conducta del ser humano. Sobre el comportamiento de todos los que, cada día, prescindimos de nuestra capacidad de elección, de nuestro libre albedrío, y nos limitamos, simplemente, a obedecer (“Es la ley”, “No es mi trabajo”, “Sólo cumplo órdenes”, son algunas de las frases que escuchamos a diario y que Milgram pone como ejemplo de nuestra sumisión).

En su exploración de los orígenes del mal, Stanley Milgram (interpretado por Peter Sarsgaard) acabó encontrando las claves del comportamiento gregario, y sus hallazgos le convirtieron en una figura referencial de la psicología del siglo XX (sus estudios están recogidos en un libro básico de la disciplina: Obediencia a la autoridad).

 

sarsgaard

 

Además del famoso estudio, la película también describe otros aspectos claves de la carrera de Milgram, como la polémica que siempre envolvió su delicado modus operandi (hoy en día no se permitiría el engaño o el dolor físico en ninguna investigación), su matrimonio con Sasha Menkin Milgram (encarnada por una estupenda Winona Ryder) o su trabajo en otras teorías, como por ejemplo la popular regla de los ‘seis grados de separación’, que él llamaba el ‘experimento del pequeño mundo’.

En la línea de su inquieto protagonista, el film tampoco rehuye la experimentación desde el punto de vista cinematográfico. Las imágenes de exteriores, por ejemplo, brillan por su ausencia, y en la mayoría de los casos Almereyda prefiere sustituirlas por proyecciones que, emulando una técnica propia del cine clásico, aparecen en el fondo del plano. Además, Peter Sarsgaard se dirige en diversos momentos al espectador, rompiendo una y otra vez la cuarta pared y llevando al público a su propio terreno. Es decir, convirtiéndolo, como él, en un observador que contempla todo atentamente desde el otro lado del cristal .

En definitiva, una de esas películas que, por su estimulante contenido filosófico, plantean preguntas que van mucho más allá de lo estrictamente fílmico y nos sirven para recordar lo  que, más o menos, ya intuíamos. Somos marionetas. Aunque, como subraya Milgram, “marionetas con conciencia, que es el primer paso hacia la liberación”. Algo es algo.

Experimenter: la historia de Stanley Milgram. Miércoles 21 de marzo a las 23:35 en TCM

Diego Soto


Escrito por Sábado 9 diciembre 2017

Tags : , ,


Los comentarios están cerrados.