‘Viridiana’: la Palma de Oro maldita del cine español

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Viridiana

 

9 de abril de 1977. Una larga caravana de coches recorre las calles de Madrid ondeando banderas rojas. Es un día histórico para la democracia española. El partido comunista acaba de ser legalizado. La caravana pasa por la calle Fuencarral y, entre el jolgorio, no se fija en un grupo de personas que hace cola ante el cine Roxy A. Ellos también están a punto de asistir a otro momento histórico: el estreno de la película española más prohibida y perseguida por la dictadura franquista. Aquella que los cinéfilos buscaban en sus viajes al extranjero. Después de 16 años, Viridiana por fin llegaba a España.

 

Cartel

 

La culpa de todo la tuvieron Valle-Inclán y Paco Rabal. El primero había escrito las famosas Sonatas, obra que en 1959 adaptó al cine Juan Antonio Bardem. El rodaje se desarrolló en México y el protagonista del film, Paco Rabal, aprovechó la estancia en el país para visitar a su amigo Luis Buñuel, exiliado allí desde hacía años.

Rabal y sus compañeros de Sonatas (Bardem, Fernando Rey…) insistieron a Buñuel en que debía volver a España para rodar una nueva película. Carlos Saura coincidió con el director meses después en el festival de Cannes, y también hizo lo suyo por convencerle. Por fin entre unos y otros lo consiguieron, y así, a finales de 1960, Buñuel, a pesar de haber jurado años atrás no volver a poner los pies en su país de origen mientras siguiera la dictadura franquista, faltó a su promesa y aterrizó en Madrid.

 

Buñuel

 

Ya en Madrid, Paco Rabal puso en contacto a Buñuel con Gustavo Alatriste, un hombre de negocios mexicano que deseaba convertirse en productor. Alatriste le dio plena libertad para que el director hiciera la película que quisiera y como quisiera.

La idea que tenía en mente Buñuel había nacido de una fantasía adolescente. En su juventud, el cineasta estaba locamente enamorado de la reina de España Victoria Eugenia, y solía imaginar que entraba en sus aposentos, le ponía un narcótico en la leche y la reina quedaba a su merced.

En el film, el hombre que cometía semejante tropelía era Fernando Rey, que interpretaba al lascivo tío de la protagonista Silvia Pinal (esposa de Gustavo Alatriste). Cuando el tío muere (o, mejor dicho, se suicida), la protagonista convierte la mansión familiar en un albergue para pobres.

Sobre el papel parecía un historia religiosa, y la censura no vio por tanto ningún inconveniente a la hora de aprobar el guión. Sin embargo, si uno rascaba un poco en la superficie, podía darse cuenta de que aquel relato era en realidad una auténtica bomba de relojería.

 

Rey

 

Fernando Rey acabó convirtiéndose en el actor fetiche de Buñuel, pero en aquel entonces apenas le conocía, y le eligió simplemente porque le gustaba cómo había hecho de muerto en Sonatas.

Además de Silvia Pinal y de Paco Rabal, en la película aparecen una serie de excelentes secundarios que interpretan al grupo de pordioseros. Alguno de ellos eran, de hecho, mendigos de verdad, como el inolvidable Lacerado, al que Buñuel encontró en el metro, donde dormía entre cartones.

 

Cena

 

De las muchas escenas famosas que hay en la película, quizás la más recordada sea la de la cena de los mendigos. Los pobres se sientan en la mesa en la misma posición que los apóstoles en la Última Cena, con el mendigo ciego ocupando la posición de Cristo. La imagen causaría un gran escándalo, pero lo cierto es que Buñuel no tenía ninguna intención de provocar con aquel plano, ya que se le ocurrió en el último momento, al ir colocando a los personajes. Lo único que buscaba era el parecido estético con el cuadro de Leonardo da Vinci, que a él le gustaba mucho.

El rodaje transcurrió en el tiempo previsto, sin que hubiera ningún problema. Sin embargo, con el estreno en Cannes estalló la tormenta. La película fue presentada el último día del festival y tuvo una acogida excepcional. Tanto es así que el jurado, que ya tenía decididos los premios, volvió a reunirse para otorgar a Viridiana la Palma de Oro. Un premio nunca conseguido por el cine español, ni antes ni después.

Buñuel no estaba presente, así que el vizconde de San Javier, por entonces director de cinematografía, salió a recoger el premio con gran satisfacción. No podía imaginar que ese premio le iba a costar el puesto.

 

Pinal

 

Al día siguiente L’ Osservatore Romano (el periódico del Vaticano) publicó un violento editorial contra la película. Tras aquella condena la reacción en España no se hizo esperar. La censura prohibió de forma fulminante la película y, al parecer, el propio Franco la vio dos veces, sin encontrar nada condenable en ella. Por si acaso, ordenó destruir las copias. Sin embargo, un negativo logró salvarse milagrosamente de la quema y, escondido en un coche, un empleado de Alatriste consiguió pasarlo a Francia a través de la frontera.

En España, la película se convirtió en un tema tabú. La prohibición no sólo afectaba a la proyección del film, sino a su simple mención. La prensa no podía hablar de ella, ni del premio recibido en Cannes. Era como si nunca hubiera existido.

Ante el repudio español, el productor Alatriste hizo valer sus derechos, y consiguió darle a Viridiana la nacionalidad mexicana. Una procedencia que no sería corregida hasta 1982, año en que el gobierno permitió que le fuera restituida la nacionalidad española.

Viridiana. Jueves 7 de diciembre a las 22:00 en TCM

Antonio Martínez

 


Escrito por Jueves 7 diciembre 2017

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