‘El color del dinero’: 9 bolas, una jugada maestra

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El color del dinero

 

“El 9-Ball es el más característico de los juegos de billar americanos. Los dos jugadores juegan con las mismas bolas, numeradas del 1 al 9, que han de introducir por orden en las troneras. Cuando un jugador falla o comete una falta, el otro continúa la jugada. La única bola que puntúa es la número 9”.

Así, con una sencilla explicación sobre el juego recitada en off por el propio Martin Scorsese, comienza El color del dinero, un film que utiliza la excusa del billar para contarnos una historia sobre la ambición y el paso del tiempo, y que se convirtió en uno de los mayores éxitos comerciales de la carrera del director neoyorquino. En el siguiente post os contamos cómo se desarrolló una partida que, a base de ir enviando cada bola a su tronera correspondiente, acabó en jugada maestra. Entizad bien el taco que empezamos.

 

Bola 1: el referente

 

The Hustler

 

Por regla general, tratar de resucitar a las leyendas, a mitos que brillaron en su día, no suele ser una buena idea. Sin embargo, este no es el caso de El color del dinero. La película retomaba la historia que Robert Rossen había contado 25 años antes en El buscavidas y toda la mística de aquel film (uno de los grandes clásicos de principios de los 60) jugó en favor de la secuela. La primera bola, por lo tanto, estaba en la tronera mucho antes de empezar la partida.

 

Bola 2: la novela

 

Libro

 

El escritor californiano Walter Tevis había debutado en la literatura en 1959 con, precisamente, El buscavidas. Más de dos décadas después, en 1984, decidió que había llegado el momento de recuperar a Eddie Felson, el carismático personaje de su primera obra. El argumento del libro, también titulado El color del dinero, difería bastante de lo que luego sería el guión de la película, pero con la secuela ya a la venta en las librerías, el juego podía darse por comenzado.

 

Bola 3: Paul Newman entra en la partida

 

Paul-Newman

 

El buscavidas había sido uno de los papeles preferidos de la carrera de Paul Newman, y la publicación del nuevo libro por parte de Walter Tevis hizo que el actor (que ya había fantaseado previamente con la idea) se decidiera a volver a encarnar a Eddie Felson. Había, sin embargo, un problema sobre el tapete: el guión que había escrito el propio Tevis para la gran pantalla no le gustaba nada a la ya veterana estrella. Newman quería que esos 25 años transcurridos desde la primera aparición de Felson se tradujeran en una mayor profundidad de su personaje, y buscando esos matices contrató a un nuevo guionista: Darryl Ponicsan. Desafortunadamente, el trabajo de Ponicsan tampoco fue de su agrado y Newman empezó a desesperarse. La bola 3 se desviaba de la trayectoria deseada y amenazaba con complicar la partida.

 

Bola 4: Marty coge el taco

 

Marty

 

Impresionado por su trabajo en Toro salvaje (quién no), Paul Newman pidió auxilio a Martin Scorsese, haciéndole saber que deseaba para su película una atmósfera similar a la del biopic de Jake LaMotta. Marty, que no estaba acostumbrado a hacer trabajos de encargo, se lo pensó. Sin embargo, su proverbial cinefilia acabó empujándole a aceptar. “De Niro y los demás chicos eran amigos. Crecimos juntos, era diferente. Sin embargo Paul… Podía ver en su cara miles de películas. Imágenes que había visto en el cine cuando tenía doce años”, recordaba el director en el libro Martin Scorsese: A Journey.

 

Bola 5: Richard Price emboca con el guión

 

Bola

 

Una vez embarcado en el proyecto, la primera sugerencia de Scorsese fue contratar a un nuevo guionista. El elegido fue el novelista Richard Price, que se incorporó a la mesa de juego con una propuesta muy clara: olvidarse de que la película era una secuela y crear una historia a la que pudiera engancharse cualquier espectador, aunque no hubiera visto antes el film previo de Rossen.

Los claroscuros del personaje de Eddie Felson obligaron a Price a escribir muchas versiones, ya que Newman (no olvidemos que el film fue concebido desde el principio como un vehículo para su lucimiento) no acababa de aceptar algunos detalles de su ambigua personalidad. “Chicos, creo que estamos dejando pasar una oportunidad aquí”, acostumbraba a decir Newman cuando algo no le convencía. Price reconocería más tarde que, en alguna de las casi 40 reuniones de guión que mantuvo con el actor, pensó seriamente en retirarse. “Vuelve a decir que ‘estamos perdiendo una oportunidad’ y lo que vas a perder es un guionista”, recordaba haber dicho Prince en una entrevista a The New York Times.

 

Bola 6: Tom Cruise y su balabushka

 

Cruise

 

La elección de Tom Cruise para el papel del joven virtuoso Vincent Lauria contribuyó de manera decisiva al éxito del film. Cruise funcionaba como contrapunto perfecto de Newman a la hora de conectar con las nuevas generaciones, y el éxito apabullante que logró ese mismo año con Top Gun ayudó a que se produjera una carambola perfecta.

Partidario, como sabéis, de prescindir siempre que se pueda de los extras, Tom Cruise ejecutó todos los golpes que se pueden ver en la película personalmente. Todos menos uno que sólo estaba al alcance de los profesiónales más habilidosos y hubo que dejar al experto en billar que supervisó el film . “Un par de días más de ensayos y lo habría podido hacer Tom”, explicaba Scorsese.

 

Bola 7: Scorsese hace su magia

 

 

Cámara

 

Con su característica maestría detrás de la cámara, y con la ayuda de colaboradores habituales como la montadora Thelma Schoonmaker y el director de foto Michael Ballhaus (Ball-haus, todo encaja), Scorsese convirtió una película de encargo en una obra de arte a la altura de las jugadas de tiralíneas de Felson y Lauria. “Marty se sacó de la manga ángulos increíbles. No era sólo algo dramático. Era físico. Insufló a la cámara un tipo diferente de energía cada vez que seguía una bola, un taco… Toda la mesa de billar se convirtió en un escenario”, explicaba el operador Joe Reidy.

 

Bola 8: el botín

 

Money

 

Los ejecutivos de Hollywood, ya se sabe, son un poco como los personajes de El color del dinero. No juegan por diversión. Juegan por la pasta. Por eso, todo el mundo se quedó más que satisfecho con el triunfo en taquilla del film: un botín de 52 millones de dólares que, por aquel entonces, suponía la mayor recaudación lograda nunca por una película de Scorsese. Ni chuleando a todo Atlantic City se habría sacado un pellizco semejante.

 

Bola 9: el glorioso final

 

Oscar

 

Paul Newman había sido nominado al Oscar en seis ocasiones, y en todas ellas resultó perdedor, una injusticia que la Academia quiso enmendar otorgándole un Oscar honorífico en 1986. Dado que las limosnas no van con Eddie Felson (lo deja bien claro en la película cuando Tom Cruise se deja ganar), Newman decidió no asistir a la ceremonia y participar en ella sólo a través de un vídeo. En él, podemos ver al actor en una sala de billar, caracterizado como Felson y preparándose para rodar una escena de El color del dinero, la película que (decidnos si esto no es elevar el chuleo a categoría artística) le haría ganar un Oscar de verdad un año más tarde. ¡¡Boom!! Bola 9 dentro y final glorioso para de una partida de leyenda. ¿Suerte? Sólo la estrictamente necesaria.  Y es que ya lo dice Scorsese en su monólogo inicial: “Para algunos jugadores (como Newman o Marty, añadimos nosotros), la suerte es un arte”.

 

 

El color del dinero. Lunes 25 de diciembre a las 9:00 en TCM

Diego Soto


Escrito por Lunes 4 diciembre 2017

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