El día que Isabella Rossellini se convirtió en Dorothy Vallens

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Blue Velvet

 

Dicen los libros y la hemeroteca que fueron varios los elementos que inspiraron la creación de Terciopelo azul, una de las grandes obras maestras de David Lynch. Por un lado, obviamente, la canción que da el título al film, un tema originalmente interpretado por Tony Bennett pero que alcanzó el número uno de las listas de éxitos en la voz de Bobby Vinton. Por otro lado, la imagen de una oreja devorada por los insectos. Y por otro, la fantasía juvenil de Lynch de espiar a una mujer desde el interior de una armario mientras esta se  desnuda.

Esa mujer a la que Kyle MachLachlan observa con fascinación desde la oscuridad de un ropero es Dorothy Vallens, uno de los personajes más torturados, complejos y vulnerables de la filmografía del director americano. Una madre de familia  con tendencias sadomasoquistas que, sin ser la protagonista principal de la película, tiene una importancia capital en la trama (hasta el punto de que, seguramente, su imagen icónica sea lo primero que a la mayoría le viene a la mente cuando recuerda el film).

Dorothy Vallens, ya lo sabéis, acabó siendo interpretada por Isabella Rossellini, una reputada modelo que empezaba a dar sus primeros pasos en el cine por aquel entonces. Sin embargo, como muchas veces suele ocurrir, ella no era la primera opción. De hecho, casi ningún miembro del casting era la primera opción. Y es que la historia era tan retorcido que fueron muchos los que, asustados, denegaron el ofrecimiento.

La estrella juvenil de los 80 Molly Ringwald, por ejemplo, fue la elegida originalmente para el papel de Laura Dern, sin embargo su madre se mostró tan turbada por el guión que ni siquiera se lo dio a su hija para leerlo. Helen Mirren y Debbie Harry estuvieron a punto de ser Dorothy Vallens, pero finalmente decidieron dejar pasar un papel tan delicado. Y Dennis Hopper… bueno, Dennis Hopper dijo encantado que sí nada más leer su parte, la de ese sanguinario, vicioso y cruel criminal inhalador de gas llamado Frank Booth. “Por favor, tienes que dejarme ser Frank, porque ¡yo soy Frank”, dice la leyenda que le contestó a Lynch.

 

Isabela

 

El caso es que, volviendo a la parte de Dorothy Vallens, David Lynch se encontraba en pleno proceso de casting cuando una noche, ya un tanto desesperanzado por no encontrar a la actriz idónea, se tomó una pausa para cenar en un restaurante de Nueva York. En esa cena en Manhattan, el productor Dino de Laurentiis le presentó a Isabella Rossellini y le explicó que, además de modelo, Isabella era actriz. Lynch observó atentamente su rostro (que por aquel entonces era la imagen oficial de la marca Lancôme) y, encontrando algo familiar en él, le preguntó ingenuamente: “¿Sabes una cosa? Podrías ser la hija de Ingrid Bergman?” Ni que decir tiene que, para sorpresa del despistado Lynch (que no tenía ni idea de que esa modelo era, efectivamente, la hija de la actriz sueca), todo el mundo en la mesa río la ocurrencia del director.

Al día siguiente Isabella Rossellini recibió en su casa el guión de Terciopelo azul con una nota en la que Lynch le pedía que lo leyera e hiciera una prueba para el papel. Dubitativa (Rossellini sentía un gran pudor por el cine debido a la alargada sombra de su madre) la actriz decidió que necesitaba pedir consejo. Y para ello llamó a su ex-marido, el mejor ex-marido de la historia para formular una consulta cinematográfica: Martin Scorsese. “¿Crees que merecería la pena trabajar con David Lynch?”, le preguntó ella. “¡Ya lo creo!”, respondió Marty. Rossellini le explicó entonces que a ella también le había gustado mucho El hombre elefante y entonces Scorsese (nos lo imaginamos perfectamente gesticulando y hablando a la velocidad de una metralleta) se apresuró a responder: “No, no… ¡Esa no! Cabeza borradora. Esa es la película de Lynch que tienes que ver”.

 

Lynch y Rossellini

 

Rossellini aceptó finalmente el papel y, de este modo, no sólo se convirtió en símbolo de uno de los grandes films de culto del cine de los 80, sino que inició una relación sentimental con Lynch que se prolongaría durante cuatro años.

Su arriesgada apuesta, sin embargo, también tuvo sus contrapartidas. La agencia de modelos con la que acababa de firmar (ICM Partners) la despidió fulminantemente en cuanto vio la película. Y algo aún peor. Las monjas del colegio en que la pequeña Isabella había cursado sus estudios también se llevaron el disgusto de sus vidas. “Me llamaron y me dijeron que habían empezado a rezar por mí día y noche”, cuenta la actriz.

Terciopelo azul. Viernes 29 de diciembre a las 23:50 en TCM

Diego Soto

 

 


Escrito por Martes 24 octubre 2017

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