‘Lo que el cine nos dejó’: diez años sin Deborah Kerr

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“Voy a decirle una cosa respecto a usted: es una señora, una auténtica y gran señora”. Richard Burton tenía razón en La noche de la iguana. Puede que otras fueran más bellas o tuvieran más carisma, pero muy pocas la igualaban en elegancia y saber estar. Deborah Kerr fue la gran dama por excelencia del cine americano de los 50 y 60, una escocesa serena y pelirroja cuyo nombre fue siempre sinónimo de una buena interpretación.

Su aspecto inocente hizo que al principio de su carrera la encasillaran en películas históricas y de aventuras en las que la Kerr solía ejercer de adorable reposo del guerrero. Títulos como Quo Vadis, La reina virgen o Las minas del rey Salomón. Pero pronto la actriz demostró que también sabía ser mujer fatal. El beso de tornillo que se daba entre las olas con Burt Lancaster en De aquí a la eternidad dio un vuelco radical a sus habituales personajes nobles y demostró que la actriz tenía muchos más registros. Incluso para musicales como El rey y yo, que a la postre se convirtió en su mayor éxito comercial.

Seis veces fue nominada al Oscar y seis veces resultó derrotada. En 1994 la academia de Hollywood reparó en parte esta injusticia concediéndole una estatuilla por toda su carrera. Murió el 16 de octubre de 2007, hace justo una década, a los 86 años de edad.


Escrito por Lunes 16 octubre 2017

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