San Sebastián día 9: la revancha de los perdedores

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Tommy Wiseau quería hacer cine, pero el cine no le quería a él. Sus dotes como actor eran lamentables, y sus conocimientos como director, nulos. Sin embargo, Tommy Wiseau tenía algo que los demás no tenían: una pasión a prueba de bombas. Y dinero. Mucho dinero. Por eso, Tommy Wiseau pensó que si todo el mundo le rechazaba, lo mejor que podía hacer era producir, escribir, dirigir y protagonizar su propia película. El film en cuestión se tituló The Room, y Wiseau, después de gastarse millones de dólares en rodarlo, decidió invertir unos miles de pavos más en estrenarlo a lo grande en un cine de Hollywood.

Cuando la sala vio la obra, que hoy en día es considerada una de las peores películas de la historia, su primera reacción fue de estupor. Sin embargo, pasados unos minutos, la sorpresa y el silencio incómodo empezaron a dar paso a la mofa. El público no podía dejar de reír, de carcajearse a mandíbula batiente ante semejante engendro, y Tommy, lógicamente, sólo quería que la tierra le tragase.

El tiempo, sin embargo, ha acabado otorgándole la merecida recompensa a tanta entrega. La película lleva proyectándose más de diez años en cines de repertorio y sesiones golfas de Los Ángeles, y esta noche ha conocido, de forma indirecta, su mayor momento de gloria hasta la fecha. Y es que The Disaster Artist, la comedia sobre el proceso de creación de The Room que ha dirigido e interpretado James Franco, se ha alzado con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, una decisión que ha sido recibida con júbilo (era uno de los títulos de sección oficial que más había gustado) y también con relativa sorpresa (no es habitual premiar películas de género como esta).

 

Franco

 

También ha sido muy bien acogido el Premio Especial del Jurado a Handia, la película en euskera de Jon Garaño y Aitor Arregi,  que se lleva el segundo galardón en importancia de la noche. Una historia llena de sensibilidad sobre la legendaria figura del gigante de Altzo que el jurado ha premiado, entre otras cosas, por su condición de “metáfora de la construcción de un país”.

Otra de las grandes triunfadoras de la clausura ha sido la argentina Alanis, que ha hecho doblete. Tanto su directora, Anahí Berneri, como su estupenda actriz principal, Sofía Gala, han sido distinguidas por este realista y descarnado retrato de la prostitución en Buenos Aires.

Como era de esperar, Bogdan Dumitrache ha sido el mejor actor por su papel de padre torturado en la rumana Pororoca, mientras que Florian Ballhaus (The Captain) ha ganado el premio a mejor fotografía. El mejor guión ha sido para Diego Lerman y María Meira por Una especie de familia, lo que convierte al cine argentino en uno de los grandes triunfadores del palmarés.

En las secciones paralelas, Le semeur ha ganado el premio Nuevos Directores y Braguina el Zabaltegi-Tabakalera.

Tras la entrega de premios, el festival se ha cerrado con la proyección de La buena esposa, un drama que, en consonancia con la notable sección oficial, ha sido tal vez la mejor película de clausura de los últimos años. El film, protagonizado por una estupenda Glenn Close (quién mejor para cerrar nada), supone también un broche perfecto para un certamen que ha destacado por la gran sensibilidad demostrada hacia los personajes femeninos y la figura de la mujer.

 

Close

 

Aquí, Close interpreta a la esposa de un escritor ganador del Nobel al que deberá acompañar a Estocolmo para recoger el galardón. El lugar secundario que ella ocupará en esa ceremonia, similar al que ha ocupado a lo largo de su vida, le sirve al director para denunciar la posición marginal que el mundo de la cultura ha reservado a muchas mujeres a lo largo de la historia. Una marginación que en el caso del film dirigido por el sueco Björn Runge resulta especialmente sangrante (y hasta ahí podemos leer).

También, claro, con el final del festival ha llegado el momento de echar el cierre a los Encuentros TCM Zinemaldia. Entre los invitados de hoy, tenemos que destacar al veterano Frederick Wiseman, que presentaba en Zabaltegi-Tabakalera su documental sobre sobre la biblioteca de Nueva York: Ex Libris. Junto a él, los equipos de otras cinco películas: El sueño de Ana, Ravens, A Fish Out of Water y Apostasy.

Sus voces, sus reflexiones sobre las obras que les han traído a San Sebastián, han servido para despedirnos una edición más del Club Victoria Eugenia con esa sensación agridulce que nos suele acompañar cada año. Alivio por la conclusión de tantos días de esfuerzo, satisfacción por el trabajo realizado y, sin embargo, al mismo tiempo, tristeza por el fin de nueve jornadas únicas en las que nuestra pasión, el cine, ha sido lo único que importaba. Si nos dejan, el año que viene volveremos. Hasta entonces, nos refugiaremos en TCM. Que no es poco.

Diego Soto 


Escrito por Sábado 30 septiembre 2017

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