San Sebastián día 2: la realidad es la musa

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En 1987, un joven Javier Cercas publicaba un volumen compuesto por cinco relatos con el que, como él mismo confiesa, se quedó bastante descontento. Tanto que, 15 años después, en una posterior reedición, decidió eliminar cuatro y quedarse sólo con uno: El móvil, un fascinante thriller metaliterario que, aún hoy, está entre lo mejor de la obra del autor de Soldados de Salamina. Una ingeniosa novela bucle, mezcla de muñeca rusa y laberinto de Escher, con la que el veinteañeros Cercas, haciendo gala de una lúcida precocidad, lograba escribir una historia con múltiples capas. A saber: una historia dentro de otra historia dentro de otra historia.

Subiendo la apuesta, Manuel Martín Cuenca y su guionista habitual (el cubano Alejandro Hernández) presentaban hoy en San Sebastián El autor, la película en la que recuperan a Álvaro (el personaje principal de El móvil) para que protagonice un film sobre ese escritor que escribe una novela sobre otro escritor. Que nadie se asuste con el trabalenguas. En la adaptación a la gran pantalla, que acaba de ser premiada en el festival de Toronto, Martín Cuenca y Hernández deciden prescindir de ese juego metaficticio (tal vez más difícil de plasmar en el ámbito cinematográfico) y centran sus esfuerzos en algo que los dos conocen mejor: el análisis de los mecanismos que rigen la creación literaria (que vienen a ser los mismos que rigen la escritura de guión).

 

 

En este sentido, los autores hacen gala de una saludable mala baba e introducen en la historia, de modo inequívocamente paródico, un mundo que no estaba en el original de Cercas: el de los talleres de escritura creativa. Unos cursillos literarios a los que Álvaro, un escritor en ciernes interpretado por Javier Gutiérrez, se entrega de forma denodada con el fin de dar sentido a su existencia. Separado de su mujer, y recién despedido del trabajo, su único objetivo en la vida será escribir una novela. Y para ello, tal y como le ha inculcado su profesor (impagable retrato de los gurús creativos encarnado por Antonio de la Torre), deberá estar muy atento a la realidad que le rodea. A la verdad.

 

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Como ya hicieran por ejemplo los Coen en Barton Fink, Martín Cuenca y Hernández encierran a Álvaro en el infierno del bloqueo creativo, un infierno tan inmaculadamente blanco como esas hojas que esperan a ser escritas. Sin embargo, al igual que Cercas, los cineastas facilitan a su autor-personaje una escapatoria: una ventana al patio de su vivienda desde la cual poder captar las conversaciones de sus vecinos y, con ellas, las dosis de realidad necesarias para insuflar a su creación la preceptiva verosimilitud.

Sin embargo, con la verdad no basta, y ahí reside quizás uno de los puntos más interesantes (y más oscuros) de la historia. Además de capacidad de observación, todo escritor debe albergar en su personalidad unos rasgos que, tanto Cercas como los autores de El autor, encuentran en los más bajos instintos del ser humano: la ambición, la envidia y, sobre todo, el egoísmo. Ese egoísmo que todo el que ha escrito conoce. Un sentimiento pernicioso capaz de hacer creer que cualquier cosa en el mundo (familia, amor, trabajo) es menos relevante que una obra en pleno proceso de gestación.

 

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También es una autora, esta real y mucho más reputada, la protagonista de la segunda película que se presentaba hoy a competición. En  La douleur, adaptación de la novela autobiográfica El dolorMelanie Thierry interpreta a la escritora Marguerite Duras, que a finales de la II Guerra Mundial reflejó en un intenso diario el sufrimiento causado por la ausencia de su marido, Robert Antelme, un miembro de la resistencia francesa deportado en un campo de concentración nazi.

La película, dirigida por Emmanuel Finkiel, destaca por su elegante tono literario, por su apartado técnico (primorosa fotografía y estupenda recreación del París de la época), pero, sobre todo, por la estupenda interpretación de Thierry, que borda su papel de mujer devastada por la incertidumbre y que, desde ya, apuntamos en las quinielas del premio a mejor actriz.

 

Alanis

 

En esas misma quinielas tenemos que incluir a Sofía Gala, la protagonista de Alanis, otro film basado en la realidad más descarnada que hemos empezado a ver con el corazón en un puño, no sólo por la crudeza de su temática, sino por la carrera que nos hemos tenido que pegar desde el Kursaal hasta el Trueba (sólo diez minutos separaban su proyección de la anterior película de sección oficial).

Alanis, dirigida por la argentina Anahí Berneri, es un sobrio retrato de la prostitución que, sin cargar las tintas en los elementos más escabrosos del oficio, resulta, paradójicamente, todavía más creíble y conmovedor. Una historia de pura supervivencia en las calles de Buenas Aires en la que destaca la naturalidad con que está filmada la relación entre la madre protagonista y su hijo (al que incluso va amamantando sobre la marcha en diferentes momentos del metraje) .

 

Ostlund

 

En otro orden de cosas, hoy estrenábamos un año más, con Juan Zavala a la cabeza, los Encuentros TCM Zinemaldia en el Club Victoria Eugenia. Y hemos empezado fuerte, con la presencia del equipo de la última Palma de Oro de Cannes (The Square) encabezado por su director, el sueco Ruben Östlund.

Junto a ellos, los representantes de otras cinco películas: The Charmer, Alberto García-Alix. La línea de sombra, L’amant d’un jour, No intenso agora y Shame. Con ellos hemos hablado del cine, de la realidad, y de las relaciones que unen ambos. Perdonad si a lo largo de estas jornadas, por cierto, acabamos mezclando los dos mundos. Es lo que tienen los atracones de cine. Como el protagonista de El autor, en estos días lo sacrificamos todo por una buena dosis de ficción.

Diego Soto


Escrito por Sábado 23 septiembre 2017

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