San Sebastián día 1: Inmersión

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Inmersión

 

Inmersión. Pocos títulos más apropiados para una película encargada de inaugurar un festival. Para dar el pistoletazo de salida a nueve intensas jornadas de cine que, más o menos, vienen a ser eso: un exilio (voluntario) de la vida real. Una prolongada zambullida en la ficción a través de un certamen, que, curiosamente, hace 365 días se cerraba con un biopic de Jacques Cousteau (y que este año también incluye un documental oceanográfico dirigido por el hijo del explorador francés).

Y es que, por el motivo que sea, el mar que desde siempre baña las sedes del festival (el Kursaal, el Victoria Eugenia, el hotel María Cristina…) parece haberse cansado de ser simple testigo de lo que acontece a sus orillas y reclama de pronto su cuota de protagonismo. Por el momento, con el mar acabamos en 2016 y con el mar empezamos en 2017. O como se dice en Inmersión: del agua venimos y al agua volvemos (o algo así).

 

Vikander

 

En la película de Wim Wenders, encargada, como hemos dicho, de abrir el 65 Zinemaldia, el océano funciona como metáfora del mundo que nos ha tocado vivir. Un lugar idílico en su hermosa superficie pero que oculta insondables y oscuros abismos en los que, por nuestra propia comodidad, preferimos no adentrarnos.

Para desarrollar esta comparación, la historia se sirve de dos protagonistas. Una mujer y un hombre perdidamente enamorados. Ella, Alicia Vikander, es una biomatemática. El personaje a través del cual conoceremos la penumbra que envuelve las profundidades marinas. Él, James McAvoy, es un agente del servicio secreto británico. Un militar capturado por un grupo yihadista que descubrirá en su cautiverio la oscuridad que puede albergar el ser humano, sobre todo cuando es arrastrado por el fanatismo religioso.

 

Inmersión 2

 

Tomando como referencia la novela homónima del corresponsal de The Economist J. M. Ledgard, Wenders va alternando las historias de ambos personajes en su particular descenso al mundo de las sombras (o al Hades, al que se alude de forma recurrente en el film). Sin embargo, la crónica de ese viaje a la oscuridad resulta a veces (paradójicamente) tan luminosa, tan preciosista en su búsqueda de imágenes casi publicitarias (esos arrumacos frente a la chimenea, esos conjuntos de lencería de la protagonista, esos paisajes de las islas Feroe) que no llega a conmover como sí lo han hecho otras incursiones al corazón de las tinieblas que todos tenemos en mente.

La película, eso sí, ha cumplido con creces el objetivo primordial de su proyección, que no es otro que aportar la necesaria dosis de glamour que garantiza la presencia en San Sebastián de figuras como Wenders y la sueca Alicia Vikander, una de las más prometedoras actrices del momento (futura Lara Croft y con un Oscar ya en su haber por La chica danesa).

Ambos, junto a un achispado (por ser benévolos) Aki Kaurismäki ,que recibía el premio Fipresci por El otro lado de la esperanzahan estado presentes en la ceremonia de inauguración presentada por Leticia Dolera y Anne Igartiburu. Un acto, sobrio como siempre, con el que se ha dado inicio a un festival que aún tiene todo por ofrecer. Mañana, por ejemplo empezamos con nuestros tradicionales Encuentros TCM Zinemaldia. De ellos, y de los títulos (principalmente de sección oficial) que vayamos viendo, os iremos informando aquí. Que prosiga la inmersión.

Diego Soto


Escrito por Viernes 22 septiembre 2017

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