‘A propósito de Llewyn Davis’: la balada del fracaso

rss

 

El repentino éxito. La deslumbrante fama. El crujir de huesos que acompaña al batacazo final y la decadencia. Los biopics de artistas, de estrellas de la música o el cine, acostumbran a ser relatos de excesos; cuentos de hadas (muchas veces convertidos en cuentos de terror) que suelen hablar de lo que los americanos llaman historias ‘larger than life’.

De los hermanos Coen, siempre más interesados en el individuo de a pie, nunca podríamos esperar algo así, y en A propósito de Llewyn Davis (que llega a nuestras Noches de autor este mes de septiembre) vuelven a dejar claro que ellos siempre preferirán contarnos la historia de aquellos que permanecen ocultos. La aventura cotidiana de esos ciudadanos mediocres que habitan en la parte trasera de la existencia, en los callejones por los que deambula el protagonista de uno de sus mejores films.

Llewyn Davis, maravillosamente interpretado por Oscar Isaac, es uno de los últimos eslabones de una estirpe de personajes entre los que también estarían Barton Fink (con quien mantiene además la conexión artística) o el Larry Gopnik de Un tipo serio. Su amarga historia, como ya se apuntó en su día en muchas crónicas, vendría a ser el triste reverso de la de Bob Dylan. Un músico de la escena folk neoyorquina que por diversas razones (entre ellas su propio carácter) nunca alcanzará el éxito de su colega de Minnesota. Ni siquiera las migajas.

 

Llewyn Davis, viajando a ninguna parte.

 

Llewyn Davis no tiene ni una cama para dormir. Ni un zapato de repuesto. Ni siquiera un abrigo lo suficientemente grueso para protegerse del frío. Sólo tiene un gato y, por supuesto, su guitarra. Esa música que es a la vez su bendición y su condena. Ese sueño que ya no sabe si le mantiene vivo o le está matando poco a poco. En esta declaración de amor incondicional al arte es donde reside, seguramente, la esencia de esta conmovedora película. ¿Qué pasa si amas algo pero, a lo mejor, no eres lo suficientemente bueno? ¿Qué sucede si eres incapaz de vivir de otra manera pero, una y otra vez, el público te dice no?

A nivel formal, los Coen envuelven esta amarga odisea del fracaso en un vaporoso envoltorio que le sienta como un guante. Bruno Delbonnel sustituye esta vez a Roger Deakins, habitual colaborador de los Coen en la dirección de fotografía, y logra crear una atósfera borrosa, difusa, que se complementa perfectamente con los delicados temas folk que suenan a lo largo del filme.

La posterior escucha de la banda sonora, producida por T. Bone Burnett, resulta perfecta para mantener vivo durante una temporada el eco de una película pequeña en su apariencia pero enorme en sus ambiciones. Como desvela su título original (Inside Llewyn Davis), esto es mucho más que un relato biográfico. Esto es la búsqueda de los inexplicables mecanismos que, olvidándonos de la fama o el dinero, mueven el alma de un artista.

Os dejamos con un clip de la película. Sólo por la intervención de uno de los imprescindibles secundarios de los Coen (en este caso Adam Driver) ya merecería la pena verla.

 

 

A propósito de Llewyn Davis. Sábado 11 de noviembre a las 20:15 en TCM

 

Diego Soto

 


Escrito por Viernes 8 septiembre 2017

Tags : , , ,


Los comentarios están cerrados.