‘El increíble hombre menguante’: el tamaño importa

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El increíble hombre menguante

 

Pocas películas han dejado una huella más indeleble en la memoria de los amantes del cine de ciencia ficción que El increíble hombre menguante, sobre todo para aquellos que, como quien esto escribe, la descubrieron en la infancia y se quedaron entre fascinados y horrorizados por la historia de ese individuo que poco a poco va encogiendo hasta ser absorbido por el universo microscópico.

Además de por su apasionante argumento, El increíble hombre menguante será recordada por sus lecturas filosóficas y por ser el primer film en el que Richard Matheson (que adaptaba su propia novela) trabajaba como guionista. Asimismo (y de esto queremos hablar hoy en Fuera de campo) sus efectos especiales sentaron cátedra, y algunas de las réplicas gigantes construidas para la ocasión (agujas de coser de tres metros de largo, descomunales cajas de cerillas, enormes trampas para ratones…) formaron parte del tour de la Universal durante años.

 

El increíble hombre meguante 2

 

Aunque el trabajo del director Jack Arnold está asociado a films de bajo presupuesto, lo cierto es que, en el caso de El increíble hombre menguante, el estudio invirtió casi un millón de dólares para que el resultado final estuviera a la altura de la odisea imaginada por Matheson. Décadas antes de que las pantallas verdes y los ordenadores llegaran al cine, el equipo de efectos especiales (capitaneado por Clifford Stine) tuvo que ponerse manos a la obra ocho meses antes de que empezara el rodaje con el fin de adelantar todos los trucos visuales que harían creíble la aventura de Scott Carey.

Además de los habituales juegos con las proporciones y las perspectivas, y de tener que construir varias maquetas a gran escala, también hubo que echar mano de la vis interpretativa de varios animales ‘actores’ para algunas escenas claves. El gato que pretende merendarse al protagonista, por ejemplo, era un reputado intérprete de nombre Orangey. Y la tarántula que ataca al cada vez más pequeño héroe era una araña adiestrada (llamada Tamara) que había aparecido en otros films del propio Arnold.

 

Gato el increíble hombre menguante

 

Pero sin duda la más divertida de las anécdotas de la película tiene que ver con una escena que transcurre bajo un calentador de agua, tal y como desvelaba el propio Arnold en una entrevista en Cinefantastique. “Scott mide ahora como cuatro o cinco centímetros, y vive en una caja de cerillas vacía bajo un calentador que empieza a gotear”, recordaba el director. “Tenía serios problemas para simular la caída de gotas gigantes, y entonces me acordé de cómo una vez, cuando era niño, encontré en el cajón de mi padre unos extraños globos de goma. Al no saber para qué servían, empecé a llenarlos de agua y a tirarlos desde lo alto de mi casa en Nueva York. Recuerdo que era genial cuando explotaban, así que pregunté a mi equipo: ‘¿Alguien tiene un condón?’. Con muchas reticencias, uno de los chicos confesó que tenía uno. Lo llenamos de agua y lo lanzamos desde lo alto. Tenía la forma de una lágrima, y la proporción era perfecta, así que encargué cien unidades. Al final de la película me llamaron de la oficina de producción. Estaban revisando todos mis gatos y habían encontrado una factura de un centenar de preservativos. ‘¿Para qué demonios compraste esto?’, me preguntaron. ‘Bueno, ha sido un rodaje muy duro, así que di una fiesta para el equipo’, respondí.

El increíble hombre menguante. Miércoles 13 de septiembre a las 20:40 en TCM

Diego Soto


Escrito por Lunes 4 septiembre 2017

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