‘La caída de la casa Usher’: la mansión es el monstruo

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House of Usher

 

La caída de la casa Usher (House of Usher, a secas, en el original) no sólo supuso el inicio de una nueva etapa en la carrera de Roger Corman, que después de esta película rodaría hasta siete adaptaciones más de Edgar Allan Poe. El film también marcó un antes y un después para la productora American International Pictures, que a instancias del propio director decidió modificar con este clásico del cine de terror su estrategia comercial.

Hasta la fecha, lo habitual era que AIP impusiera a Corman una una serie de títulos pre-seleccionados con un presupuesto también fijado de antemano. Estas películas, siempre rodadas en blanco y negro,  se proyectaban durante diez días en programas dobles y aseguraban unos beneficios nada despreciables. Sin embargo, a principios de los 60, el mercado empezaba a cambiar, y Corman sugirió a los responsables de AIP (James Nicholson y Sam Arkoff) que probaran una nueva estrategia. ¿Por qué no -pensó- rodar por una vez un film en color y proyectarlo en una sesión única durante más días (concretamente 15)?

La propuesta les pareció a los ejecutivos más que sensata y, en su afán por lograr la máxima rentabilidad financiera, decidieron ponerla en práctica adaptando una obra que era de dominio público y, por tanto, no obligaba a pagar derechos de autor: La caída de la casa Usher, un relato que además era conocido por gran parte de los espectadores, dado que era una lectura habitual en institutos y universidades.

 

Roger Corman y Vincent Price

 

Como muchas de las obras de Corman, la película tuvo que rodarse en poco tiempo (sólo 15 días, el mismo tiempo destinado a la proyección), una circunstancia que, una vez más, obligó al director a mostrar su maestría a la hora de trabajar con pequeños presupuestos (en este caso, 270.000 dólares). Valgan como muestra estos dos ejemplos. La escena inicial en la que Mark Damon cabalga por un paraje desolado fue rodada en las colinas de Hollywood el día después de un incendio. Corman se enteró de la noticia leyendo Los Angeles Times y partió inmediatamente hacia allí para aprovechar el paisaje quemado. En cuanto al incendio de la mansión, Corman la recreó quemando un granero de una granja californiana. Para amortizar el gasto, ese mismo granero en llamas sería reutilizado en películas sucesivas del director, como por ejemplo La máscara de la muerte roja (1964).

Una vez terminado el film (el primero, también, que Corman rodó en CinemaScope) los responsables de AIP sólo encontraron un problema: no había monstruo, un elemento que resultaba fundamental a nivel publicitario y al que la productora estaba acostumbrada. Corman, sin embargo, ya lo tenía previsto. “¡La casa es el monstruo! ¿No lo veis?”, le respondió a Sam Arkoff, tal y como se recoge en la biografía de Vincent Price escrita por su hija Victoria. Y para cubrirse las espaldas incluyo a última hora, y en medio del rodaje, unas líneas en el guión que había escrito Richard Matheson: “The house lives! The house breathes!”, escuchamos decir al gran Vincent Price.

La caída de la casa Usher. Miércoles 1 de noviembre a las 14:05 en TCM

Diego Soto


Escrito por Viernes 25 agosto 2017

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