La aventura leonesa de Viggo Mortensen

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Mortensen

 

Turismofobia. Sin duda, la palabra del verano. Una afección muy en boga que, quien esto escribe, reconoce padecer. Un ansia de tranquilidad que, desde hace ya un tiempo, lleva a muchos a planificar sus vacaciones ya no en función del atractivo turístico del destino, sino de la cantidad de veraneantes con que se vaya a topar.

En nuestra sociedad actual (desbordada de ofertones low cost, de vuelos baratos y bicocas a golpe de click) los lugares a elegir cada vez son más reducidos. Sin embargo, ‘haberlos haylos’. Y algunos están tan cerca que, tal vez por eso (el afán de exotismo), nunca habíamos reparado en ellos.

En Actualidad TCM, este mes de agosto hemos descubierto uno de estos raros paraísos cercanos. Un lugar sosegado y por ello doblemente hermoso en el que, por unos días, intentar olvidarnos un poco del cine y, de paso, del resto de la civilización. Sin embargo, no ha sido posible. Porque el cine, claro, está siempre ahí, y porque hasta en los lugares más remotos, en los rincones más genuinamente rústicos del planeta, pueden aparecer destellos del glamour de Hollywood.

El lugar en cuestión (os lo revelamos si prometéis no correr la voz) está en la montaña central de León, y el fulgor hollywoodiense nos sorprendió en el curso de una tarea que tiene más que ver con la tradición ibérica que con el brillo de Sunset Bulevard: la compra de un lechazo para su posterior asado.

 

Valdeteja

 

Concretamente, el pobre cordero debía ser recogido en Valdeteja, uno de los doce pueblos que componen el pintoresco municipio de Valdelugueros, al norte de la provincia de León. Una pequeñísima localidad de montaña (no más de 50-60 habitantes) en la que uno espera encontrar, sí, ovejas, vacas, amables campesinos, pero nunca una plaza con el nombre de uno de los protagonistas de El señor de los anillos. Y es que en Valdeteja, efectivamente, un lugar casi tan remoto como la Comarca, una aldea que sólo ve perturbada su tranquilidad por los contados visitantes que se acercan en verano, la plaza principal del pueblo se llama Viggo Mortensen (tal y como se puede leer en el suelo en la foto adjunta).

 

Plaza

 

La relación de Mortensen con esta bellísima zona de la montaña leonesa (desvelemos el misterio) tiene que ver con una película que emitimos estos días en TCM: Alatriste, la adaptación de las novelas de Arturo Pérez-Reverte que dirigió Agustín Díaz Yanes en 2006 (tampoco hay forma de desconectar de TCM).

Pérez-Reverte situó los orígenes de Alatriste en la provincia de León y, guiado por la necesidad de comprender mejor al héroe literario, el actor decidió emular a Julio Llamazares en El río del olvido y recorrer aguas arriba el río Curueño y los pueblos que van apareciendo a sus orillas: Valdepiélago, Nocedo de Curueño, Tolibia de Abajo, Lugueros, Redipuertas… «Siempre he pensado -señalaba Mortensen en el Diario de León– que el personaje de Alatriste, aunque de ficción, necesitaba tener un lugar de origen donde entroncar su personalidad, y decidí que ese lugar podía ser los pueblos altos del Curueño, esas tierras donde el frío endurece el carácter y las gentes son escuetas en el trato, como lo es Alatriste, pero nobles y sencillas cuando se las conoce con pausa”.

 

viggo

 

Demostrando una extrema profesionalidad, y un concienzudo interés por la fase de preparación de sus personajes, Mortensen se puso al volante de un modesto Citroen Xsara y, en lo más crudo del crudo invierno leonés (febrero del 2005), se echó a la carretera con un objetivo primordial: comprender mejor la idiosincrasia de los habitantes de la zona y captar las peculiaridades de su habla.

Sin embargo la nieve, abundante en esas fechas en la montaña leonesa, impidió a Viggo llegar hasta el final de su itinerario y le obligó a buscar refugio en un pueblo del camino. Un pueblo que, por supuesto, era Valdeteja. Ataviado con unos vaqueros, unas zapatillas y una sudadera, Aragorn (hijo de Arathorn y Gilraen) entró en el bar Anabel y pidió a Gabi el mesonero algo que no se estila por esos lares (mucho menos en medio de una nevada un 26 de febrero): una ensalada.

Azorado, sin reconocer al actor, Gabi se disculpó (“no es época de lechugas ni de tomates”) y le sirvió un chupito de orujo y un plato de cecina, jamón y chorizo que Mortensen apenas tocó. “Sacó una grabadora y me preguntó si me molestaba que grabara la conversación”, recuerda Gabi. “Le dije que no y él me preguntó sobre las diferencias entre el habla de León capital y esa parte de la montaña”.

Fue entonces cuando la hija adolescente de Gabi, Sandra, salió a la barra y se llevó la sorpresa de su vida. “Pero papá, ¿sabes quién es ese?”, le dijo a su padre, y a partir de ahí Mortensen ya no pudo seguir escondiendo su identidad. Los parroquianos comenzaron a pedirle autógrafos y fotos y Mortensen compartió con ellos su plato de embutidos. “Somos personas y ante todo debemos comunicarnos. No importa ser actor o tabernero. Preguntadme lo que queráis y yo haré lo mismo con vosotros”, recuerdan que les dijo la estrella, y durante un par de horas el actor y los habitantes de Valdeteja mantuvieron una animada conversación en espera de que amainara el temporal.

 

Medallas

 

Las buenas palabras que Viggo Mortensen tuvo con León durante toda la preproducción del film llevaron a las autoridades de la provincia a concederle su Medalla de Honor. Sin embargo, los vecinos de Valdeteja quisieron obsequiarle con un honor aún mayor: una plaza con su nombre. En cuanto al lechazo, lamentamos decir que tuvimos que contentarnos con el sabor cinéfilo que nos proporcionó la anécdota. El día del asado coincidía con el regreso al trabajo (ya se sabe, nunca se desconecta de TCM), así que, en homenaje a la estrella, le rendimos tributo con su saludable dieta. O lo que es lo mismo, con una triste ensalada Alatriste.

Alatriste. Domingo 10 de septiembre a las 12:10 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 23 agosto 2017

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