‘Shutter Island’: el paciente 67

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Shutter Island

 

En 1978, cuando aún era un niño, el escritor Dennis Lehane fue de excursión con su tío a uno de los lugares más siniestros de Boston. Un pequeño islote en la bahía que, durante años, había sido una institución mental. En esa época el manicomio estaba medio abandonado y al tío de Dennis, un amante de las bromas pesadas, no se le ocurrió otra cosa que decirle a su sobrino que la isla estaba habitada por los fantasmas de los pacientes que habían fallecido en el centro. Tras contar esa historia, el tío se escondió y dejó a Dannis y a su hermano deambulando solos por la zona mientras él disfrutaba macabramente de cómo los niños se llevaban el susto de su vidas.

La traumática experiencia acompañó a Lehane durante su infancia y juventud, y décadas después decidió usarla como inspiración para una de sus novelas más populares: Shutter Island, un libro en el que el conocido escritor (autor también de Mystic River o La entrega) rendía homenaje a la literatura pulp, a las películas de serie B y a las historias de ambiente gótico. En sus propias palabras, “un híbrido de las novelas de las hermanas Brontë y La invasión de los ladrones de cuerpos“.

 

Manicomio

 

El libro fue publicado por Harper Collins en 2003, y en un primer momento los derechos fueron adquiridos por Columbia Pictures. Finalmente Columbia no desarrolló el proyecto y Lehane cedió entonces los derechos a Phoenix Pictures, que en asociación con Paramount empezó a trabajar en una adaptación del texto escrita por la guionista Laeta Kalogridis.

“Nunca había escuchado hablar de la historia. Comencé a leerla cerca de las 10:30 de la noche un día que tenía que acostarme temprano y me resultó imposible dejar el guión”, contaba Martin Scorsese en una entrevista en ABC recordando el momento en que le ofrecieron dirigir el film. “Lo que más me interesó fue cómo iba cambiando mi visión del relato a medida que avanzaba en la lectura. Al final, nada era cómo me lo imaginaba”, añadía en otra entrevista en La Vanguardia, haciendo hincapié en uno de los aspectos más fascinantes de la película: la ambigüedad del viaje al que se enfrenta el atribulado protagonista (y, por añadidura, el espectador). “Eres una puta rata en un laberinto”, le dice uno de los personajes a Leonardo DiCaprio, el actor que encarna a ese ¿detective? atrapado en la inhóspita isla que da título al film.

 

Marty

 

Dada su enfermiza afición por el séptimo arte, un cinéfago empedernido como Scorsese resultaba ideal para dotar a la película de ese aroma a serie B que Lehane había buscado desde el principio. Desde el mismo comienzo de la producción, el director se ocupó de inspirar al reparto y al equipo técnico mediante la proyección nocturna de títulos relacionados con la temáticas y el tono de Shutter Island. “La película fundamental para orientar a Leo DiCaprio y Mark Ruffalo era Laura“, desvela Marty. “La manera en que Dana Andrews lleva su corbata, el modo en que entra en una habitación, sin mirar a nadie… Siempre está jugando ese pequeño juego, intentando encontrar pistas”.

En cuanto al tono, Scorsese proyectó a su equipo clásicos de muy diversos autores (Welles, Polanski, Hitchcock…), sin embargo había una serie de películas en las que estaba la clave de la atmósfera. “Las películas que de verdad encajaban con la idea -explica el cineasta- eran todas esas baratijas de presupuesto más-que-bajo que Val Newton produjo cuando lideraba el departamento de films de terror de la RKO: La isla de la muerte, La mujer pantera, Yo anduve con un zombie, La séptima víctima…”

Para la música, Scorsese también prefirió trabajar con material no original. Recurriendo una vez más a su colaborador habitual Robbie Robertson, el director acompaña la acción de una selección de temas de música sinfónica moderna compuestos por autores como Max RichterKrzysztof Penderecki o John Cage. El resultado es una banda sonora formidable y tan sincronizada con la acción que a veces uno olvida que no fue compuesta para tal propósito.

 

 

Ni que decir tiene que, en manos de Scorsese, todas estas referencias, todo ese material ajeno, dista mucho de convertirse en un simple corta y pega. Al igual que sucede con la música, el cineasta neoyorquino es capaz de asimilar todo esos ingredientes y, en una demostración de dominio absoluto del oficio, hacerlos suyos, a pesar de que estemos ante uno de los títulos más singulares de su filmografía (aquí no hay mafia, ni ambientes italoamericanos, ni conflictos religiosos).

En su búsqueda del misterioso paciente 67, el director nos propone un opresivo recorrido por una isla que, en realidad, es un trayecto por los sinuosos corredores de la mente humana (muy importante aquí el asesoramiento en materia psiquiátrica del profesor James Gilligan, en quien se inspira parcialmente el personaje de Ben Kingsley). Un viaje que, pese a su complejidad, tuvo una notable respuesta comercial y que desemboca en una enigmática pregunta que no aparece en la novela de Lehane: ¿qué es mejor? ¿Vivir como un monstruo o morir como un buen hombre? A día de hoy, muchos siguen debatiendo sobre su significado.

Shutter Island. Viernes 17 de noviembre a las 22:15 en TCM

Diego Soto


Escrito por Jueves 6 julio 2017

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