’21 gramos’: un film soñado en el AVE

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21 gramos

 

A principios de los 90 el escritor y director mexicano Guillermo Arriaga (no usaremos “guionista”, una palabra que le desagrada) conducía rumbo a su fiesta de cumpleaños mientras pensaba en excusas para aplacar el enfado que a buen seguro tendría su esposa. Arriaga llegaba tarde, y estaba haciendo esperar tanto a su mujer como a sus amigos. Entonces, por si fuera poco (tal y como explicaba en su día en la revista Script), un accidente en la carretera le obligó a detenerse. En el suelo, entre ambulancias y coches patrulla, yacía un hombre atropellado. Muerto.

Con el fin de identificar al cadáver (un individuo en la treintena) un policía cacheó el cuerpo y cogió su cartera. En ella, además de la documentación, el agente encontró una foto del hombre con su mujer y sus dos hijos, una imagen que impresionó a Arriaga profundamente. Igual que él, ese hombre también tenía una familia esperando. Dos niños y una esposa que no podían imaginar la tragedia que se cernía sobre ellos.

Obsesionado con el episodio, el autor mexicano empezó a hacerse las preguntas habituales en aquellos que se dedican a la creación de historias. “¿Qué pasaría si hubiese sido yo el que atropelló a ese infeliz? ¿Si llegara tarde a mi fiesta de cumpleaños porque he destruido una familia? ¿Qué le diría a mi mujer?”. Todas esas reflexiones se convirtieron en el germen del que nació 21 gramos, y a partir de ahí nació el personaje que interpreta en el film Benicio del Toro, un ex-convicto de fuertes creencias religiosas que se ve envuelto en un terrible accidente.

 

Benicio del Toro

 

Arriaga compartió inmediatamente sus pensamiento con el director Alejandro González Iñárritu, y el cineasta coincidió con su colaborador en que ahí se escondía el principio de una historia. Un relato que, sin embargo, de momento no era más que una idea. Un esbozo pendiente de una trama y una estructura.

Un tiempo después del accidente, y una vez hubo terminado el guión de Amores perros, Arriaga viajó a España para promocionar su segunda novela: Un dulce olor a muerte. Se desplazó hasta Sevilla en tren y, a la vuelta en el AVE, se quedó dormido. Fue entonces cuando la idea, por arte de magia (eso sí es alta velocidad), se transformó en un argumento completo. “De repente, de forma inesperada, soñé toda la historia”, explica Arriaga. “Un tipo atropella a un padre y a sus dos hijas pequeñas. Otro hombre, enfermo terminal, recibe el corazón del padre muerto y comienza a buscar a su viuda. El hombre que asesinó a la familia se siente tan culpable que huye de todo. Eso fue lo que soñé, y decidí confiar en mi instinto”.

Esa misma noche Arriaga llamó a González Iñárritu y le contó la historia. “OK, escríbela. Estoy contigo”, le respondió el director, y en cuanto obtuvo el visto bueno Arriaga comenzó a dar forma a ese fascinante drama a tres bandas construido a modo de puzzle (la estructura del film se marcó ya desde el guión).

En cuanto al título, que hace alusión al peso del alma (y por tanto al peso que dejan los muertos sobre los vivos), fue idea de González Iñárritu. “Tras leer una de las primeras versiones del guión, él sugirió cambiar el título y llamar al film 21 gramos“, explica Arriaga. “Él había leído algo sobre el concepto en una novela francesa. Yo lo había visto también en una revista. Era perfecto. Alejandro siempre encuentra títulos que dicen mucho más de lo que parece. Tiene la virtud de la síntesis emocional”.

21 gramos. Miércoles 16 de agosto a las 14:20 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 27 junio 2017

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