‘Un tipo serio’: el principio de incertidumbre

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A serious man

 

“What’s going on?”, repite una y otra vez el afligido protagonista de Un tipo serio, una suerte de santo Job contemporáneo al que Dios (o simplemente la arbitrariedad del destino) pone a prueba a través de una serie de repentinas desgracias que amenazan con destruir su vida.

Larry Gopnik, interpretado de forma magistral por un entonces desconocido Michael Stuhlbarg, intenta en una de las películas más filosóficas de los hermanos Coen encontrar un sentido a todo lo que le sucede. Una explicación que pueda aliviar el dolor infligido por esa tormenta perfecta de penurias que se ha cernido de pronto sobre sobre él. La buscará en la ciencia, pero se encontrará con que el principio de incertidumbre formulado por Heisenberg es una de las leyes más poderosas de la física. Tratará de hallarla en la religión, pero se topará con respuestas ambiguas que le remiten a la inescrutabilidad de los designios divinos. Intentará, incluso, encontrar una pauta en ese estudio delirante (“el Mentaculus”) con que su hermano Arthur parece querer desentrañar la realidad, sin embargo su críptica investigación resulta tan indescifrable como el antiguo hebreo. Y es que Un tipo serio es uno de los films más complejos de Joel y Ethan Coen. También uno de los mejores. Una obra que algunos consideraron en su día ¿¡menor!? y que, sin embargo, no deja de interrogarnos sobre las cuestiones capitales de la existencia. ¿Quiénes somos? ¿Por qué nos pasa lo que nos pasa? ¿Tiene todo esto sentido?

Con el motivo de animaros a un segundo visionado (o a que descubráis, si aún no lo habéis hecho, esta obra maestra de la comedia existencial) procedemos a desvelar algunas claves para interpretar uno de los jeroglíficos más fascinantes de la popular pareja de directores.

 

Un tipo serio

 

A Serious Man

 

Como no podía ser de otra manera, el título es importante. Y como también suele ser habitual, la traducción al español resulta un tanto desafortunada (¿”tipo”?).

En el contexto del film, “a serious man” sería algo así como “un hombre recto”. Un hombre comprometido con la comunidad, padre de familia, abnegado trabajador y devoto practicante de su religión. Un ciudadano virtuoso que cumple de manera impecable con sus obligaciones. ¿Por qué entonces la fatalidad se ceba con él? He ahí el quiz de la cuestión. Y también gran parte de la broma macabra de los Coen, que no suelen cortarse un pelo a la hora de ensañarse con sus personajes. Al fin y al cabo, el infortunio siempre resulta más misterioso cuando cae sobre alguien que no lo merece.

 

“No he hecho nada”

 

No he hecho nada

 

Otra de las frases que el sorprendido Larry Gopnick repite en diversas ocasiones durante el film: “No he hecho nada”. Una aseveración que, a fuerza de escucharla, nos hace pensar que tiene que ver con la mala suerte del protagonista. ¿Es la inacción la causa de las desgracias de Larry? ¿Es su pasividad el motivo por el que su mujer se quiere divorciar de él? ¿La razón por la que su peligroso vecino invade su propiedad o sus hijos no le muestran ningún respeto?

Como todas las preguntas que los Coen formulan en un guión milimétricamente estudiado, en el que nada sobra y nada falta, la respuesta corre a cargo del espectador.

 

“Recibe con sencillez todo lo que te ocurra”

 

Rashi

 

 

La película se abre con una cita de Rashi (un erudito judío de la época medieval) que es toda una declaración de intenciones. Una invitación a la resignación que está en el germen de la mayoría de las religiones y que, de diversas formas, se repite a lo largo del film. “Acepta el misterio”, le dice a Larry el padre del alumno coreano que intenta sobornarlo. “No podemos saberlo todo”, añade uno de los rabinos a los que nuestro protagonista acude en busca de ayuda (después, por cierto, de contar la maravillosa historia del dentista).

Como Job, el atribulado Larry tendrá que hacer acopio de paciencia y aguantar un chaparrón de desdichas para el que sus líderes religiosos no tienen ninguna explicación: simplemente, Hashem lo ha querido así. Sin embargo, a diferencia de Job, Larry no es un santo. Y ya se sabe que la debilidad (ojo spoilers) es uno de los principales rasgos de los mortales comunes.

 

El prólogo

 

Maldición

 

Hace unos días recordábamos en este mismo blog la ingeniosa estrategia que los hermanos Coen siguieron para manipular al espectador en el comienzo de Fargo: hacer pasar como reales unos acontecimientos que eran mera invención. El desconcertante prólogo de Un tipo serio, ambientado en algún lugar de Europa del Este varias décadas atrás, tiene un objetivo similar: descolocar al público y, al mismo tiempo, sembrar en él la duda. Una duda que por un lado tiene que ver con lo argumental (¿podrían ser esos personajes antepasados de Larry y, por tanto, los causantes de su maldición?) y por otro sirve como adelanto para el tono estudiadamente ambiguo de la película. ¿Es ese personaje que aparece en medio de la noche un resucitado o, simplemente, un vulnerable anciano de carne y hueso? Como decíamos antes, las respuestas las tendremos que buscar por nuestra cuenta.

 

Somebody to Love

 

 

Nada más finalizar el prólogo, y tras los títulos de crédito, Jefferson Airplane nos lleva volando a los años 60 con su himno contracultural Somebody to Love. “When the truth is found to be lies / And all the joy within you dies”, empieza diciendo la canción, y esas palabras (“Cuando la verdad resulta ser una mentira / y toda la alegría en tu interior muere”) son cruciales en una película en la que, como recordábamos antes, no hay un solo diálogo, un solo detalle, que resulte arbitrario.

Larry se pasa todo el film intentando que distintos rabinos le muestren el sentido de la vida. Sin embargo, ¿qué pasaría si las ramas no le dejaran ver el bosque? ¿Si toda esa maleza de ritos, de enseñanzas, de ceremonias… no fueran más que obstáculos que impiden acceder a la verdad?  Quizás, después de todo (y aquí es donde los Coen se muestras más escépticos con la parafernalia religiosa), lo importante sea simplemente ser “un buen chico” y mostrar amor a los demás. O lo que es lo mismo: encontrar “somebody to love”.

 

Crimen y castigo

 

Tornado

 

Dejamos la pregunta más tremebunda para el final (lanzando un nuevo recado a aquellos que siguen sosteniendo que la película es un film menor). Y es que en Un tipo serio los Coen se atreven nada menos que con el mayor de los interrogantes: ¿forma parte todo lo que nos sucede de un estudiado plan divino o simplemente obedece al azar?

Una vez más, los directores se remiten aquí al principio de incertidumbre. Por momentos, las desorientadas respuestas de los rabinos, el mensaje oculto en el tema de Jefferson Airplane, nos lleva a pensar que, en el fondo, todo está en nuestras manos. Que la idea de un ser superior juzgándonos y guiando nuestros pasos no es más que una excusa para explicar lo inexplicable. Sin embargo, una vez más, los Coen vuelven a jugar con nuestras mentes a través de una idea que está en el principio mismo de todas las religiones: el pecado. O, como el propio Larry intenta explica a su alumno coreano, las consecuencias que pueden acarrear nuestros actos. El crimen y su castigo.

A pesar de todas las calamidades por las que atraviesa nuestro protagonista (de nuevo atención a los spoilers) él se mantiene firme durante casi toda la película y, como Job, no sucumbe a la tentación de pecar. Sólo en una ocasión en que Larry espía a su vecina desnuda, Dios parece castigarle haciendo caer sobre él un ‘rayo de fuego’ (¿o era simplemente una insolación?). Esa constancia en el buen comportamiento, ese afán por seguir el camino del ‘hombre serio’, parece que finalmente traerá sus frutos, y de hecho la tempestad de adversidades parece amainar en los momentos finales. Sin embargo, un último escollo que Larry considerará insalvable le llevará, por una sola vez en su vida, a desviarse del camino de rectitud. Y las consecuencias serán terribles.

Los Coen nos brindan en Un tipo serio uno de los finales más pesimistas y deprimentes de toda su carrera. También uno de los más brillantes y más abiertos a interpretaciones. Si las cosas que van mal todavía pueden empeorar más, ¿de quién es la culpa? ¿De la ley de Dios o de la ley de Murphy? Cada uno tendrá su respuesta. Y será ese veredicto el que haga a cada uno ocupar su lugar en el mundo: judíos, gentiles, budistas, ateos… Todos, en cualquier caso, cinéfilos.

Un tipo serio. Lunes 18 de septiembre a las 20:15 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 21 junio 2017

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