‘Zulú’ y los inicios del joven Jonathan Demme

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Este miércoles 26 de abril fallecía en Nueva York, a los 73 años de edad, Jonathan Demme, director, productor y guionista que trabajó tanto en el cine como en la pequeña pantalla, que ganó el Oscar con El silencio de los corderos y del que (y tal vez esto sea lo más importante) todo el mundo ha alabado su humanidad al conocer su muerte. “Simplemente, amaba a la gente”, dice el obituario de The Guardian. “¿Cómo describir su humor, su generosidad…?”, se pregunta Rolling Stone. “Un verdadero ángel”, concluye Pedro Almodóvar en El País.

Además de “desbordar bonhomía”, como recalca el director manchego, Demme también derrochó talento en su ecléctica carrera, una trayectoria en la que se combinan productos de serie B de la factoría Roger Corman, documentales musicales que se convirtieron en una referencia en su género, dramas como Philadelphia o comedias como Algo salvaje.

Ya que son muchos los medios que en estas últimas horas están repasado su filmografía, nosotros hemos preferido no ser redundantes y centrarnos únicamente en sus inicios. Más concretamente, en una anécdota relacionada con uno de los films que este mes estamos emitiendo en TCM: Zulú. Una película que, literalmente, cambiaría su vida.

 

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Jonathan Demme había nacido en Long Island, pero su familia se mudó a Miami cuando él era todavía un niño. Se matriculó en la Universidad de Florida para estudiar veterinaria pero en seguida se dio cuenta de que las ciencias no eran lo suyo. Movido por su gran afición al cine (“Más que ver películas las respiraba”, dice de él el periodista Peter Travers) Demme empezó a escribir críticas para algunas publicaciones universitarias y locales (“Cuando descubres la manera de ver cine gratis, ya no hay vuelta atrás”, bromeaba). Fue entonces cuando entró en juego su padre, orgulloso de la facilidad de su hijo con sus letras. Robert Demme quedó tan impresionado con una reseña que Jonathan había escrito sobre Zulú, el drama épico que Cy Endfield dirigió en 1964, que decidió enseñársela al mismísimo productor de la película, Joseph E. Levine, responsable también de títulos como El graduado o El león en invierno. La crítica, publicada en el Coral Gable Times, debía ser estupenda, porque Levine contrató al joven Demme de inmediato para que trabajara en el departamento de publicidad de su productora Avco Embassy.

Fue así como Demme regresó a Nueva York, como empezó a trabajar en la industria y como acabó a conociendo en 1971 a Roger Corman, el hombre que le reclutó para el departamento de publicidad de la película El barón rojo y que posteriormente le daría su primera oportunidad como director. A partir de ahí, lo demás es historia. Una historia de más de cuatro décadas dedicadas al cine que demuestra que un crítico puede ser, más que un cineasta frustrado, simplemente un cineasta en ciernes.

Zulú. Jueves 18 de mayo a la 1:20 en TCM

Diego Soto


Escrito por Jueves 27 abril 2017

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