Hitchcock, comedia y surrealismo: ¿qué problema hay con Harry?

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the trouble with harry

 

En 1955, encajonada cronológicamente entre dos obras mucho más reconocidas como Atrapa a un ladrón y El hombre que sabía demasiado, Alfred Hitchcock estrenó una de sus películas más incomprendidas: Pero… ¿quién mató a Harry? Un film que, por su tono eminentemente cómico, tan alejado del habitual suspense al que estaba acostumbrado el público, representaba toda una rareza en la filmografía del director. Este cambio de registro se tradujo en un gran fracaso comercial (en EEUU recaudó sólo 3,5 millones de dólares) y el propio Hitchcock, que siempre mostró un especial cariño por ella, definió la película como “un capricho un poco caro”, aunque en algunos países como Francia (siempre Francia) se convirtiera en un pequeño film de culto capaz de aguantar en la cartelera varios meses.

Con el ánimo de demostrar que aquel escogido grupo de fans tenían razón, y para rescatar del olvido una obra que, inevitablemente, ha sido engullida por el resto de clásicos incontestables de su autor, a continuación procedemos a enumerar una serie de razones que vienen a certificar que, pese al desdén con que en su día fue recibida por la taquilla, no existe, ni mucho menos, ningún ‘trouble with Harry’. Al contrario.

 

El Hitchcock más surrealista

 

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Habitualmente, cuando alguien piensa en Hitchcock y en surrealismo, lo primero que se le viene a la cabeza es el sueño que Salvador Dalí diseñó para el director británico en Recuerda. Aquel, sin embargo, no era más que un fragmento aislado dentro de un film que seguía la líneas maestras del estilo del cineasta. Pero… ¿quién mató a Harry?, una adaptación de una novela de Jack Trevor Story, es en cambio puro surrealismo de principio a fin. Una extraña comedia negra sobre un grupo de personas que encuentran un cadáver y, lejos de angustiarse, se comportan como si hubieran encontrado (y aquí parafraseamos a Truffaut) “un paquete de cigarrillos”. “Nada me divierte más que esa comicidad del ‘understatement'”, explica Hitchcock en su famoso libro/conversación con el director francés.

La película suponía la tercera colaboración de Hitchcock con el joven guionista John Michael Hayes, a quien había recurrido en 1953 para darle un giro a sus historias y, entre otras cosas, aportar más inventiva a la tramas y una mayor sofisticación a los diálogos.

 

La sublimación del macguffin

 

muerto

 

Paradójicamente, pese a ser una de las películas más singulares de su director, es una de las que mejor refleja la afición de Hitchcock por utilizar determinados elementos para, en realidad, hablar de otra cosa distinta. En ese sentido, Harry Worp, ese cadáver que los protagonistas del film no dejan de enterrar y desenterrar en una reivindicación del absurdo casi buñueliana, es uno de los macguffin más claros de la filmografía de Sir Alfred. Una excusa (aparatosa, pero excusa) para brindarnos una comedia romántica de la que nacerán no una, sino dos parejas.

 

El debut de Shirley MacLaine

 

Shirley

 

Cuando se habla de la suerte como elemento clave en la construcción o lanzamiento de una carrera, podríamos poner el ejemplo de Shirley MacLaine, que se estrenaba en la gran pantalla con Pero… ¿quién mató a Harry? La joven actriz (21 años por aquel entonces) era suplente de Carol Haney en la obra de Broadway Pajama Party. Una lesión en el tobillo de Haney obligó a MacLaine a ocupar su puesto, y la debutante lo hizo tan bien que el productor Hal Wallis le recomendó a Hitchcock que le hiciera una prueba. El director, que en un principio había querido a Grace Kelly, quedó encantado con ella. MacLaine, sin embargo, un tanto sobrepasada por los acontecimientos, no las tenía todas consigo. No en vano, jamás había participado en ninguna producción ni para el cine ni para la televisión, un detalle que no parecía importar a Hitchcock. “Eso sólo significa que tendré menos malos hábitos que corregir. Estás contratada”, le dijo.

 

El Hitchcock más explícito

 

Diálogo

 

Volviendo momentáneamente al campo del guión, Pero… ¿quién mató a Harry? no sólo descoloca por la singularidad de su tono y su trama, sino también por el atrevimiento de algunos de sus diálogos, decididamente infrecuentes en los mojigatos años 50. Entre todos ellos, destacamos ese momento en que John Forsythe (sí, el Blake Carrington de Dinastía) le pregunta a Shirley MacLaine (para asombro del espectador habitual de cine clásico) si puede pintarla desnuda. “Quizá he venido en mal momento”, dice Forsythe. “Si quiere desnudarme, sí”, replica la joven.

 

El primer film de Hitchcock con Bernard Herrmann

 

Hitchcock Herrmann

 

Además de ‘la primera vez’ de Shirley MacLaine, hay otra ‘primera vez’ en Pero… ¿quién mató a Harry? que es absolutamente necesario destacar. Y es que la película supuso la primera colaboración de un tándem que es historia pura del cine: el compuesto por Hitchcock y el músico Bernard Herrmann. Una relación que se prolongó durante más de una década y que, aparte de los indiscutibles éxitos profesionales, estuvo marcada por el amor/odio.

Fue el músico Lynn Murray, compositor de la BSO de Atrapa a un ladrón, quien, ya que él no podía trabajar en el film, presentó a Herrmann a Hitch. El músico capturó a la perfección el tono entre dramático y juguetón del film y Hitchcock siempre consideró la partitura de Pero… ¿quién mató a Harry? como una de sus favoritas. Herrmann por su parte le dijo a Murray al acabar el trabajo: “Puede que Hitchcock sea tu amigo, pero es un imbécil”.

 

El otoño en Vermont

 

Vermont

 

Pocas veces los colores del otoño se han mostrado de forma más esplendorosa en la gran pantalla. El formato VistaVision y la dirección de fotografía de Robert Burks hacen brillar los marrones, ocres y amarillos del mes de septiembre en Vermont de un modo espectacular, una belleza que proporciona un contraste con la macabra historia del que Hitchcock se mostraba especialmente orgulloso. “Es como si presentara un asesinato a orillas de un riachuelo cantarín y soltara una gota de sangre en su agua límpida”, explicaba en su charla con Truffaut.

 

El plano del niño y el cadáver

 

arnie

 

Ya sabemos que la filmografía de Hitchcock está llena de planos que son iconos del séptimo arte, sin embargo nos gustaría terminar este post destacando esa maravillosa imagen en que el niño (el también muy surrealista personaje de Arnie) encuentra a Harry tendido sobre la hierba.Un genial contrapicado desde la suela de los zapatos del cadáver con el que también, qué demonios, aprovechamos para felicitar al actor que interpreta al muerto. Su nombre era Philip Truex, y da toda una lección de estoicismo dejándose enterrar, desenterrar, vestir, desvestir, toquitear e incluso retratar sin decir esta boca es mía. Con cierta preocupación, leemos en IMDb que aquel fue su último trabajo en el cine. ¿Tal vez no volvió a levantarse?

Pero… ¿quién mató a Harry? Sábado 6 de mayo a las 8:45 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 5 abril 2017

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