‘Vacaciones en Roma’: un clásico de verdad

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Vacaciones en Roma

 

“Esta película ha sido rodada en su totalidad en Roma, Italia”, puede leerse en los créditos iniciales de una de las comedias más populares de todos los tiempos, un film que, efectivamente, William Wyler se empeñó en rodar en la Ciudad Eterna para, entre otras cosas, librarse de la agobiante tutela que los grandes estudios ejercían a veces sobre sus directores (y, de paso, dicen algunos, poner tierra de por medio entre él, un reconocido liberal, y el Comité de Actividades Antiamericanas).

El traslado de todo el equipo al país transalpino obligó, en cualquier caso, a una importante reducción en el presupuesto, sin embargo las consecuencias de ese recorte acabaron jugando a favor del film. Por un lado, la película tendría que rodarse en blanco y negro en lugar de en Technicolor, como estaba inicialmente previsto, lo que terminó siendo un acierto dado que la monumentalidad de los decorados romanos habría acabado devorando a los personajes. Por otro lado, la actriz principal tendría que ser una desconocida, algo que propició que Audrey Hepburn tuviera su primera oportunidad como protagonista en la gran pantalla. “Pongan su nombre antes del título. Ganará el Oscar”, profetizó Gregory Peck. Y, efectivamente, eso es lo que sucedió.

 

Peluquería

 

Vacaciones en Roma se rodó finalmente en la capital italiana en un caluroso verano de 1952 y, a pesar de las altas temperaturas, y del enjambre de curiosos, turistas y paparazzi que solían merodear por el set, la decisión de William Wyler acabó convirtiéndose en un acierto absoluto. Las bulliciosas calles de la ciudad, sus edificios, la magnificencia de cada uno de sus rincones, convirtieron a Roma en un personaje más de la película, haciendo de ella el telón de fondo perfecto para esa historia de amor entre una joven e ingenua princesa y un periodista algo caradura. Wyler no desaprovechó ninguna de las ‘postales’ más populares de la capital: el Foro, las escalinatas de la Plaza de España, el Coliseo… Incluso hizo subir a Peck y a Hepburn en una Vespa en un legendario paseo que puso de moda el ciclomotor en todo el mundo.

 

Vespa

 

Aunque a Wyler le gustaba ceñirse al guión, las condiciones tan especiales de aquel rodaje dejaban, evidentemente, mucho margen para la improvisación. “Rodar en Roma en aquellos días era maravilloso”, decía el director. “Para cada escena podía elegir seis localizaciones diferentes, y cada una era mejor que la anterior”.

Un buen ejemplo de ese espacio que quedaba libre para la espontaneidad se puede apreciar en la célebre escena de la Boca de la Verdad, esa antigua piedra que, según la tradición, se come la mano de los mentirosos. Según cuenta Andrea Passafiume en TCM.com, Wyler se topó con el monumento una tarde en que hacía turismo con su hija (muchos familiares habían aprovechado para acompañar a sus padres, maridos y esposas durante la filmación). Al igual que luego haría Peck en el film, Wyler simuló la pérdida de la mano escondiéndola bajo la manga y su hija se llevó un susto de muerte. “Pensé que estaría bien incluir eso en la película -comentó el director-. Más aún teniendo en cuenta que era la historia de dos personas que se mienten”.

Gregory Peck, en cambio, recuerda el origen de la escena de forma diferente. Según su versión, fue él mismo quien, inspirándose en un viejo gag del humorista Red Skelton, sugirió la idea a Wyler. Al rodar el plano, Peck decidió hacer la broma sin avisar previamente a Audrey Hepburn. La treta funcionó y la cámara capturó para siempre el genuino shock de Hepburn al no ver la mano de su compañero.

¿Cuál de las dos historias es cierta? Lo desconocemos, y, desgraciadamente, tampoco podemos recurrir al método que nos permitiría saberlo de forma inequívoca: juntar a Peck y a Wyler de nuevo en Roma y consultar, una vez más, el polígrafo más antiguo del mundo.

 

 

Vacaciones en Roma. Sábado 29 de julio a las 22:00 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 17 enero 2017

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