Mickey Rooney

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“No me importa demasiado lo que digan sobre mí, siempre y cuando escriban bien mi nombre”. Esta semana en Con mi propia voz recordamos a Mickey Rooney, una de las estrellas del Festival de San Sebastián de 1994.

Rooney alcanzó su época de máximo esplendor a finales de los años 30, una época en la que, pese a su juventud, era el actor mejor pagado de Hollywood. Hijo de artistas, llevaba trabajando en el teatro desde los 18 meses, y con 10 años firmó un contrato con la Metro.

Intervino en varias películas, pero su consagración llegaría en 1938 al lado de Spencer Tracy en Forja de hombres. Después formaría pareja de gran éxito con Judy Garland en un sinfín de comedias musicales. Tras la Segunda Guerra Mundial llegaría la decadencia. Los personajes protagonistas se acabaron para él. Aún así no dejó de trabajar. Aceptaba cualquier papel aunque fuera pequeño. Así pudimos verle en títulos como Los puentes de Toko-ri o Desayuno con diamantes.

Tenía fama de mujeriego y coleccionista de esposas. Hasta ocho llegó a tener. Dice la leyenda que Mickey trabajó toda su vida para pagar los divorcios millonarios que le costaba cada nuevo matrimonio. En 1983 le concedieron un Oscar honorífico por toda su carrera pero aún faltaban muchos años para que nos dejase. Hasta su muerte en 2014 el eterno Peter Pan del cine se paseó por festivales y certámenes cinematográficos contando sus historias del viejo Hollywood, con el mismo rostro infantil y el espíritu alegre que le consagró hace décadas, cuando allá por 1939, una vez, fue el actor más famoso del mundo.


Escrito por Lunes 19 diciembre 2016

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