Richard Burton: el espía que seguía el método ‘Staniswhisky’

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Suele contar Concha Velasco, cuando le preguntan por el secreto de su éxito profesional, que ella nunca recurrió al método Stanislavski para actuar, sino al ‘Staniswhisky’. Es decir, a un generoso trago de licor que insuflara los ánimos necesarios para salir a escena. Suponemos que, a lo largo de la historia, han sido muchos los intérpretes que han seguido esta socorrida táctica para dotar de verosimilitud a su actuación, sin embargo hay algunos  (Spencer Tracy, Ava Gardner…) a los que definitivamente se les fue la mano.

En este último grupo se encuentra, por supuesto, Richard Burton, que junto a su mujer Liz Taylor se entrenaba con denuedo en esta peligrosa práctica. “Saludaba a su primer Bloody Mary a las diez de la mañana, y a primera hora de la tarde ya iba por su segunda botella de vodka”, cuenta Juan Tejero en el libro El método Smirnoff, en el que hace un repaso a 30 estrellas de Hollywood marcadas por el alcohol.

El problema, lógicamente, se agravaba cuando el alter ego de Burton en la gran pantalla también tenía problemas con la bebida, y es que, de este modo, el actor galés encontraba una justificación para no soltar la botella. Lamentablemente, es algo que le sucedía a varios de sus personajes: al reverendo de La noche de la iguana, por ejemplo; al profesor de ¿Quién teme a Virginia Woolf? y, también, al agente secreto de El espía que surgió del frío, el film de Martin Ritt de 1965.

 

el espía que surgió del frío

 

En este último título, adaptación de la novela homónima de John Le Carré, Burton interpreta a Alec Leamas, un espía de los servicios secretos británicos que debe infiltrarse en Alemania Oriental y que se encuentra totalmente alejado del ideal de espía romántico que triunfaba en los 60: James Bond.

A diferencia del personaje de Ian Fleming, y de las películas que sobre él acababan de estrenarse, todo alrededor de Alec Leamas está profundamente preñado de desilusión y desesperanza. La película es, sin duda, uno de los retratos más crudos y amargos del mundo de los espías y a Burton, amigo de meterse hasta el fondo en su papel, todo aquella pesadumbre (perfectamente plasmada en la fotografía en blanco y negro de Oswald Morris) empezó a afectarle. Por si fuera poco, el actor tenía problemas con Martin Ritt, y además debía compartir rodaje con una vieja ex-amante (Claire Bloom), por lo que todo invitaba a abandonarse a la bebida para evadirse de esa oscura historia y de las grises y deprimentes localizaciones (Dublín, Bavaria…) en que se estaba rodando.

En estas circunstancias, Burton se tuvo que enfrentar uno de los días de rodaje a una escena que parecía hecha a su medida. En ella, se tenía que beber un whisky de golpe, sin embargo, en lugar de whisky (como se suele hacer en el cine) en su vaso se vertió ginger ale (cerveza de jengibre). Dado que era el último plano del día, Burton pidió que por favor llenaran el vaso con licor real. El problema fue que la escena no se resolvió en un par de tomas, como suele ser habitual, sino en 47. “Imagínate, cariño”, le dijo Burton a un periodista años después, “47 whiskys”.

A pesar de sus problemas de embriaguez, Richard Burton fue nominado al Oscar por su espectacular interpretación, sin embargo, el premio fue finalmente para Lee Marvin por La ingenua explosiva. Al menos, nuestro amigo se ahorró así el brindis de celebración,

El espía que surgió del frío. Viernes 24 de febrero a las 8:50 en TCM

Diego Soto

 


Escrito por Lunes 7 noviembre 2016

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