‘Recuerda’: el film en que Hitchcock disparó al público

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Leo G. Carroll

 

Este martes 25 de octubre se han cumplido 130 años del nacimiento de uno de esos secundarios que jamás brillarán en el recuerdo tanto como las grandes estrellas, pero sin los cuales es difícil entender algunos de los grandes clásicos del cine. Nos referimos a Leo G. Carroll, que intervino en títulos como Cautivos del mal, El padre de la novia o Cumbres borrascosas, pero a quien sobre todo asociamos con Alfred Hitchcock, con el que trabajó en media docena de ocasiones (Rebeca, Sospecha, Recuerda, El proceso Paradine, Extraños en un tren y Con la muerte en los talones).

Para rendirle un pequeño homenaje, esta semana en Fuera de campo queremos recordar una de las escenas más famosas que rodó para el mago del suspense: ese momento al final de Recuerda (cuidado que a partir de aquí todo son spoilers) en que su personaje, el Dr. Murchison, se suicida después de que Ingrid Bergman le haya identificado como el malo de la película.

 

Ingrid-Bergman

 

Si recordáis, un audaz Alfred Hitchcok (que en el mismo film, además del famoso sueño diseñado por Dalí, ya había incluido ese plano en que Gregory Peck bebe leche en cámara subjetiva) decidió rizar el rizo y rodar los últimos instantes de Recuerda desde el punto de vista del asesino. Como si fuera uno de esos ‘shooters’ en primera persona que abundan en el mundo del videojuego, la cámara se sitúa en los ojos del villano y el espectador lo único que ve es el cañón del revólver con el que apunta a Ingrid Bergman. “Si me dispara ahora será asesinato a sangre fría y le ejecutarán en la silla eléctrica”, le recuerda Bergman a Carroll mientras trata de ganar la puerta. Entonces él, tras un segundo de duda, gira la pistola, coloca el cañón mirando a su cara y ¡bang! dispara contra sí mismo (y, de ese modo, también contra los espectadores).

 

Pistola

 

Como recuerda Mark Frankel en TCM.com, debido a las limitaciones técnicas de la época (1945) era imposible mantener a la pistola y a Ingrid Bergman enfocados simultáneamente. El modo de resolver el problema fue construir una mano y un revólver gigantes y situarlos a la distancia adecuada con respecto a la cámara (Hitchcock haría algo parecido años más tarde con el teléfono de Crimen perfecto). Preparar la escena llevó más de una semana, y tuvieron que rodarse numerosas tomas (algunos dicen 19, otros 30) hasta que se logró el efecto deseado.

Para redondear la secuencia, y darle un toque más efectista, a Hitchcock se le ocurrió colorear a mano algunos frames de película con un tono rojo brillante, de modo que la audiencia, aunque sólo fuera durante una porción de segundo, pudiera sentir la explosión de la sangre.

 

Sangre

 

La idea del suicidio provocó cierto reparo en la Production Code Administration, cuyos miembros consideraban que este era un recurso “moralmente cuestionable, a no ser que fuera absolutamente necesario para el desarrollo de la trama”. David O. Selznick, productor de la película, tuvo que intervenir personalmente y convenció a los censores de que el suicidio, efectivamente, era esencial para el film. Tal vez no fuera estrictamente verdad pero, sin duda, su mediación sirvió para preservar una de las escenas más atrevidas y estimulantes de la carrera de Hitchcock.

Recuerda. Viernes 9 de diciembre a las 6:25 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 25 octubre 2016

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