Hitchcock y las botellas de uranio de ‘Encadenados’

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Hitchcock

 

Si tuviéramos que definir Encadenados de forma breve, es evidente que tendríamos que referirnos a ella como una gran historia de amor: el romance imposible entre un agente federal (Cary Grant) y la joven espía que ha de casarse con otro hombre para servir a su país  (Ingrid Bergman). La trama se inspira en un relato publicado por John Tainter Foote en 1921 en The Saturday Evening Post, y llegó a manos de Alfred Hitchcock en 1944, a través de su productor David O. Selznick. El poderoso conflicto que servía de base al film ya estaba en el relato original, pero a Hitch, claro, le faltaba algo para que todo cuadrase: el MacGuffin. Esa excusa argumental con la que coser la trama y captar la atención del espectador.

Con la ayuda del guionista Ben Hecht, el director empezó a barajar distintas ideas hasta dar, finalmente, con la que ha pasado a la historia del cine: esas botellas de vino rellenas de uranio extraído de las montañas de Brasil (“una bomba siempre funciona”, diría años más tarde Hitch). Sin embargo, hay algo que, desde el punto de vista cronológico, no encaja. ¿Cómo es posible que Hitchcock y Hecht tuvieran conocimiento de este tipo de tecnología en 1944, varios meses antes de la explosión de la primera bomba atómica en Hiroshima?

 

uranio

 

Según el relato del propio Hitchcock, la idea se le ocurrió, efectivamente, un año antes de la explosión en Japón, tras haber oído hablar del tema a varios amigos de Hollywood, algunos de ellos espías de Ministerio Británico de Información. Sus contactos le informaron de un proyecto secreto que se estaba desarrollando en Nuevo México, y de que los alemanes también trabajaban en algo similar en Noruega. Para contrastar esta información, Hitchcock y Hecht se entrevistaron con el premio Nobel Robert A. Millikan, profesor del California Institute of Technology, y aquí viene la parte más interesante. Como si los tres estuvieran dentro de una película del mago del suspense, Millikan les informó de que “corrían peligro” conversando sobre temas tan delicados y les recomendó que para su guión emplearan mejor hidrógeno, en lugar del misterioso uranio. A partir de aquí, y siempre según la versión de Hitchcock, el FBI les mantuvo bajo vigilancia durante al menos tres meses y Selznick (deseoso de librarse de tan incendiario material) prefirió pasar el proyecto a la RKO.

Lamentablemente, también hay quien ofrece una versión menos novelesca de la historia (como el biógrafo de Hitchcock Donald Spoto) y afirma que, por un lado, Selznick cedió Encadenados a la RKO porque estaba demasiado ocupado con Duelo al sol y que, por otro, el director añadió el tema del uranio en versiones del guión escritas en octubre de 1945 (después de que el Enola Gay soltara su mortífera carga).

Como siempre, el lector puede quedarse con la versión que prefiera. Aunque ya sabéis lo que decía John Ford cuando se trata de elegir entre la realidad y la leyenda…

Encadenados. Lunes 13 de febrero a las 14:40 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 5 octubre 2016

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