El irresistible (e involuntario) encanto de ‘Hud’

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Hud

 

En 1963, después de films como La gata sobre el tejado de zinc, El largo y cálido verano o Dulce pájaro de juventud, Paul Newman ya era uno de los grandes. Suficientemente grande como para que la Paramount no tuviera que pensarse mucho el ‘tagline’ publicitario de Hud, el más salvaje entre mil. Bastaba, simplemente, con un “Paul Newman is Hud“, un recurso que se repetiría al menos en otras dos películas en las que Newman interpretaba a un personaje que empezaba por ‘H’: “Paul Newman is Harper (1966)” y “Paul Newman is Hombre (1967)”.

En el film, el primero que coproduciría con el director Martin Ritt, Newman da vida a Hud Bannon, un rebelde y moderno cowboy que no comparte la forma en que su padre (un excelente Melvyn Douglas) lleva el rancho familiar, un negocio que no pasa por sus mejores momentos y que intenta adaptarse como buenamente puede a los nuevos tiempos. Como de costumbre, Newman está deslumbrante, sin embargo, en esta ocasión, su exuberante talento y su belleza física no están al servicio de un personaje positivo. Todo lo contrario. El ególatra y pendenciero Hud Bannon es, probablemente, uno de los personajes más despreciables que jamás haya interpretado el actor. El público joven de la época, no obstante, no lo vio así.

“Aunque Hud fue creado como un personaje de apariencia encantadora pero moralmente repugnante, el público, sobre todo los jóvenes, lo encontraron simpático, incluso admirable”, explicaba un atónito Paul Newman en su biografía. “Lo último que se nos hubiera podido ocurrir era que los espectadores iban a aceptar a Hud como un personaje heroico… Su inmoralidad pasó desapercibida para la mayoría. Lo único que veían era a un héroe del Oeste”.

 

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Los guionistas encargados de adoptar la novela original de Larry McMurtry, Irving Ravetch y Harriet Frank Jr., también se mostraron sorprendidos por la forma en que el público acogió a un personaje que pretendía representar toda la codicia, el materialismo y la falta de solidaridad que, afirmaban, empezaba a asomar en determinados sectores de la sociedad americana de principios de los 60. “Intentábamos decir que, si alguien es corrupto, da igual lo encantador que sea. Aunque tenga los preciosos ojos azules de Paul Newman. Sin embargo, las cosas no salieron como planeamos”, recordaban años después. “El tipo intenta violar a su empleada del hogar, intenta vender a sus vecinos ganado enfermo, intenta robarle a su padre sus propiedades (…) Sin embargo, tras el primer pase, el público recibió una tarjeta en la que se les preguntaba: ‘¿Cuál es el personaje que más admiras?’, y la mayoría de ellos respondieron: ‘Hud’. Nos quedamos completamente estupefactos”.

La película, a pesar de esta percepción equivocada de gran parte del respetable, fue un gran éxito y resultó ganadora de tres Oscar. Martin Ritt nunca creyó que la descripción del personaje fuera incorrecta, y achacó la reacción de los fans al espíritu rebelde y contracultural de la época. Y en cuanto a Paul Newman (admitámoslo, cuesta odiarlo retratado por esa maravillosa fotografía de James Wong Howe), tampoco guardó rencor a Hud. Como hemos dicho, el film sirvió para que cogiera cariño a la letra ‘H’. Y no sólo eso: años después bautizaría con su nombre a una de sus salsas. Concretamente la Hud’s Molasses Grilled Pork with Port Wine Sauce. Seguro que, bajo su apariencia dulce, te acaba propinando una buena patada en el estómago.

Hud, el más salvaje entre mil. Martes 21 de marzo a las 9:25 en TCM

Diego Soto

 


Escrito por Lunes 12 septiembre 2016

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