‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’, la primera película “para mayores de 18”

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Cuando el legendario director de fotografía Haskell Wexler  subió a recoger uno de los cinco Oscar que en 1967 se llevó ¿Quién teme a Virginia Woolf?, únicamente pronunció las siguientes palabras: “Espero que podamos usar nuestro arte para la paz y el amor”. El discurso, que en otras circunstancias podría parecer tan bienintencionado como pertinente, resultaba absolutamente irónico tratándose de un premio para la ópera prima de Mike Nichols, una película que rompió moldes por su sordidez y su violencia verbal y que Jack Valenti, fundador de la MPAA (Asociación Cinematográfica de Estados Unidos ), definió en su día como “una flecha en llamas que entraba volando en un pajar”.

 

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La retorcida oscuridad de la historia ya estaba en la versión teatral de Edward Albee, que se había estrenado con gran éxito en Broadway en 1962, de modo que el principal desafío para acometer la adaptación a la gran pantalla residía, básicamente, en la censura. ¿Quién se iba a atrever a financiar un film sobre tan incendiario texto? ¿Una historia marcada por el alcohol, la procacidad, el sexo y, sobre todo, por la insoportable crueldad con que se trata su pareja protagonista? La respuesta, sorprendentemente, era Jack Warner. A diferencia de todos los demás estudios, la Warner Bros. sí estaba dispuesta, por fin, a desafiar el código Hays, un reglamento que seguía vigente desde los años 30 pero que, tres décadas después, necesitaba urgentemente ser revisado.

Warner confió la delicada tarea de levantar el proyecto al guionista Ernest Lehman, que, por primera vez, ejercería también como productor. Los protagonistas previstos en un principio resultaban perfectos (Bette Davis y James Mason), pero Lehman pensó que la experiencia aún resultaría más interesante si, siguiendo con la metáfora de la flecha, rociara el pajar con gasolina, así que lo primero que hizo fue sustituir a Davis y Mason por una de las parejas más explosivas de Hollywood: Elizabeth Taylor y Richard Burton. Para complicar las cosas, el director sería un debutante con experiencia únicamente en el teatro (Mike Nichols) y la película se rodaría en blanco y negro.

 

Who's Afraid of Virginia Woolf? (1966) Directed by Mike Nichols Shown on the set, from left: director Mike Nichols, Elizabeth Taylor, Richard Burton

 

Como sabéis aquellos que habéis visto el film, todas esas arriesgadas decisiones resultaron totalmente acertadas. Los actores completaron una de las mejores interpretaciones de su carrera, Mike Nichols dio el salto del teatro al cine a lo grande y la fotografía (inspirada en Fellini y 8 1/2) se llevó el Oscar, tal y como hemos señalado al principio del post. Sin embargo, y a pesar de los indiscutibles méritos artísticos de la obra, quedaba aún por salvar el escollo de la censura. De hecho, por mucho que les gustara el film, gran parte de los directivos de Warner no pudieron ocultar sus nervios cuando asistieron a los primeros pases. “¡Dios mío! Tenemos una película ‘sucia’ de siete millones de dólares en nuestras manos”, se dice que alguien exclamó en una de esas proyecciones.

Dado el elevado tono de algunas escenas del film, y sobre todo de las palabras que en él se usaban (“screw”, “hump”), el estudio obligó a remontar algunas secuencias y relocutar algunos diálogos (según la oficina Hays, el guión tenía expresiones intolerables en 83 de sus páginas). Sin embargo, el resultado final seguía siendo demasiado osado como para que los censores le dieran el visto bueno. Fue entonces cuando Jack Warner tuvo una idea. Por primera vez en la historia de Hollywood, la película sería estrenada con el mensaje “Sólo para adultos”, una etiqueta que serviría como precursora a la calificación R que la MPAA crearía el año siguiente. Para garantizar el respeto de la norma, Warner obligaría además a los exhibidores a firmar un contrato que les impedía admitir a espectadores menores de edad en los pases de la película.

 

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Aquel fue, ni más ni menos, el principio de un nuevo código de calificación que nacía para sustituir al viejo código Hays, un sistema trasnochado al que también desafiarían ese mismo año otras películas como, por ejemplo, Blow Up (MGM).

En cuanto a la carrera comercial de la película, el sello “Sólo para adultos” no supuso ningún obstáculo para su rentabilidad. Al contrario. Después de Operación Trueno, el film de James Bond, ¿Quién teme a Virginia Woolf? terminó convirtiéndose en la segunda película más taquillera del año.

¿Quién teme a Virginia Woolf? Viernes 24 de febrero a las 14:20 en TCM

Diego Soto


Escrito por Jueves 2 junio 2016

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