La soledad de Frank Serpico

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SERPICO

 

Siempre merece la pena, pero en estos tiempos de corrupción rampante resulta aún más gratificante (o desolador, según se mire) volver a revisar Serpico (1973), el film en el que Al Pacino interpreta a ese insobornable y valeroso policía que fue capaz de alzar la voz y denunciar las malas prácticas de muchos de sus compañeros de la ciudad de Nueva York. Precisamente ese elemento de denuncia (aparte, claro está, del excelso trabajo de Pacino y de su director Sidney Lumet) fue una de las claves del éxito del film. La sociedad americana, que a principios de los 70 seguía con indignación las evoluciones del caso Watergate, conectó inmediatamente con el mensaje de integridad de Serpico y convirtió la película en una de las más taquilleras del año.

Serpico trata sobre un hombre que simplemente se detuvo a escarbar un poco y decidió que no quería seguir comulgando con el sistema”, explicaba en su día el escritor Peter Maas, autor del best-seller a partir del cual se produjo el film. “Habría hecho lo mismo si, en lugar de policía, hubiera tenido cualquier otra profesión. Fue el primero que se atrevió a decir: ‘Esto no está bien y yo voy a hacer algo al respecto’. Si la sociedad americana quiere llegar a algún lado, tendrá que hacerlo de la mano de tipos como Serpico”.

 

pacino

 

Martin Bregman, un representante de actores que quería pasarse a la producción, fue el primero que vio en el libro de Maas un material de primera. Una excusa excelente para hacer una película policiaca que, además de reflejar la podredumbre del sistema, se acercara más a la realidad y no mostrara a los policías como simples súper-héroes de cine de acción.”Esa imagen no es real”, explicaba Bregman. “He crecido en Nueva York y me he criado en zonas bastante duras y sabía lo que los polis hacían. La mayoría jamás ha disparado su arma.”

Tras comprar los derechos del libro y conseguir financiación de Dino de Laurentiis (y con su representado Pacino como estrella de la función) Bregman comenzó a buscar director. En un principio el elegido fue John Avildsen, pero desavenencias entre él y Bregman motivaron que al final se optara por otro cineasta que conocía la Gran Manzana casi también como el protagonista del film: Sidney Lumet. Una vez que los guionistas Waldo Salt y Norman Wexler terminaron de escribir la adaptación del libro para la gran pantalla sólo faltaba rodar. Pero antes había que hablar con la verdadera estrella de esta historia: el auténtico Frank Serpico.

 

El verdadero Frank Serpico, declarando ante la Comisión Knapp en 1971.

El verdadero Frank Serpico, declarando ante la Comisión Knapp en 1971.

 

Para estudiar mejor a su personaje, el metódico Al Pacino invitó a Serpico a pasar un tiempo con él en su casa alquilada en Montauk, Long Island. El actor quería conocer cómo era Frank, cómo hablaba, cómo se movía y, sobre todo, sus motivaciones. “¿Por qué lo hiciste?”, le preguntó Pacino. “Bueno Al, no lo sé”, respondió el policía de forma un tanto críptica, tal y como recuerda el actor en su biografía. “Supongo que tenía que decirlo porque… si no lo hacía… ¿cómo iba a ser capaz de, por ejemplo, volver a escuchar música?”.

Serpico se citó también con Lumet y participó en algunas reuniones de guión, aportando ideas y su valioso punto de vista. Después de haber caído en desgracia en su profesión, de ser tratado como un apestado, podemos imaginar su entusiasmo al ser recibido con los brazos abiertos por la gente del cine. Sin embargo, cuando llegó el momento de rodar, Bregman y Pacino decidieron que la presencia de Frank en el set sería una distracción, así que le dijeron que no podía intervenir en la producción de la película. “Se sintió terriblemente dolido”, recordaba Lumet. “Se había creado la fantasía de que el show business podía ser su nueva vida y que todos nosotros (Al, Martin, yo…) seríamos sus mejores amigos”.

Sin saber donde ir, incapaz de encajar en ningún sitio, Serpico emigró a Europa y no regresó a Estados Unidos hasta los años 80.

Serpico. Miércoles 13 de julio a las 19:50 en TCM

Diego Soto


Escrito por Jueves 17 marzo 2016

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