¿Quién es quién en ‘¡Ave, César!’?

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Tras su paso por la Berlinale y su estreno en Estados Unidos, el pasado viernes llegó a las pantallas españolas lo nuevo de los Coen, ¡Ave, César!, un homenaje al Hollywood de los años 50 que sus detractores han colocado en el montón de las comedias ‘menos buenas’ de sus autores (junto a, pongamos, Crueldad intolerable o Quemar después de leer) y sus defensores, sin embargo, han ensalzado por la fidelidad y, al mismo tiempo, la carga simbólica (el cine como religión) con que retrata la época dorada del sistema de estudios.

Independientemente de la opinión de cada uno, lo que es innegable es que la película, por los numerosos guiños que contiene, es todo un festín para cinéfilos del que no podíamos dejar de participar en este blog. Algunos de sus personajes, como su protagonista, están inspirados en personajes muy concretos del cine clásico, mientras que otros (al igual que sucede con los films que recrea) reúnen características de varios referentes a la vez.

A continuación, y ayudándonos de los muchos comentarios e interpretaciones que han surgido al respecto, procedemos a intentar identificar quién es quien en esta irónica parábola para creyentes del séptimo arte.

 

Eddie Mannix: ‘the fixer’

 

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No hay dudas sobre la fuente de inspiración del personaje al que da vida Josh Brolin. Entre otras cosas, porque los Coen han mantenido incluso su nombre. Brolin es Eddie Mannix, un ejecutivo que trabajó para la Metro desde los años 20 hasta principios de los 60 y cuyas ocupaciones iban mucho más allá de las tareas habituales de producción.

Mannix, como Brolin, era un ‘fixer’, un ‘arreglalotodo’ encargado de solucionar cualquier problema que pudiera afectar la imagen del estudio y el plan de rodaje de los proyectos en marcha. Para cumplir su misión, Mannix podía recurrir a tácticas tan moralmente discutibles como manipular a la prensa, sobornar a las víctimas de un accidente en el que estuvieran envueltos actores del estudio, programar abortos o arreglar matrimonios entre estrellas con fines publicitarios.

En la película, los Coen presentan a Mannix como un hombre profundamente religioso que, a imagen y semejanza de Cristo, debe sacrificarse y aceptar el martirio que le ha sido encomendado en favor de un bien mayor: preservar la fe en el cine.

 

Capitol Pictures

 

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25 años después de Barton Fink los Coen vuelven a Capitol Pictures, el mismo estudio ficticio que contrataba a John Turturro y que, como ya hemos adelantado en el apartado anterior, está inspirado en la Metro Goldwyn Mayer.

Aunque en la película no se hace ninguna alusión explícita a Louis B. Mayer, sí que escuchamos a Eddie Mannix hablar por teléfono con el “señor Schenck”, en clara referencia a Nicholas Schenck, el presidente de la cadena de teatros Loew’s.

Loew’s había fundado la Metro en 1929, y ambos gigantes del entretenimiento estuvieron asociados hasta 1959. Como Schenck vivía en Nueva York, se dice que había contratado a Mannix para tener controlado a Louis B. Mayer, con el que no se llevaba muy bien.

 

Baird Whitlock y Hail, Caesar! A Tale of the Christ

 

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George Clooney, que vuelve a mostrar su versión más autoparódica para los Coen, es Baird Whitlock, la estrella protagonista de un peplum con aroma religioso en el que parecen condensarse varios clásicos del género: Quo Vadis, Espartaco, La túnica sagrada, Ben-Hur… De todos ellos, es sin duda este último el que más similitudes guarda con la súper-producción de Capitol Pictures. Para empezar, porque la versión muda de 1925 tiene el mismo subtítulo (Ben-Hur: A Tale of the Christ), y para continuar, porque en un momento de la película se habla incluso de carreras de cuadrigas. Además, algunas de las escenas del film, en el que la figura de Jesucristo aparece de espaldas, nos recuerdan también a momentos muy concretos del clásico de William Wyler.

 

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Hilando más fino, también se podría encontrar una posible broma de los Coen relacionando a Whitlock (secuestrado en el film por comunistas) con el actor protagonista de Quo Vadis, el muy conservador Robert Taylor, que en su día colaboró con el Comité de Actividades Antiamericanas.

 

DeeAnna Moran / Esther Williams

 

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Los Coen nos presentan al personaje de DeeAnna Moran en pleno rodaje de una fantasía acuática claramente inspirada en La primera sirena, la película que Esther Williams interpretó en 1952 a las órdenes de Mervyn LeRoy. Sin embargo, los escándalos en los que está envuelta la estrella a la que encarna Scarlett Johansson nos recuerdan a los vividos por otras actrices de la época.

Los ‘chicos malos’ con los que dice haberse relacionado Moran nos hacen pensar en el romance de Lana Turner con el mafioso Johnny Stompanato, mientras que su situación (espera un bebé pero no está casada) es similar a la que tuvo que atravesar Loretta Young después de que Clark Gable la dejara embarazada. Young dio a luz a su hija en secreto y dos años más tarde fingió su adopción. Gable nunca reconoció la paternidad, pero la realidad es que la pobre niña (Judy Lewis) tuvo que operarse a los siete años debido al tamaño exagerado de sus orejas.

 

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Hobie Doyle, el vaquero cantante

 

Hobie Doyle

 

Interpretado por Alden Ehrenreich, una de las sorpresas más agradables del film, Hobie Doyle es uno de esos cowboys cantantes que proliferaron en los westerns de serie B durante los años 30 y 40. ¿Referentes? Tim Holt, Gene Autry y, sobre todo, Roy Rogers, que en 1938 protagonizaba la película Shine On Harvest Moon (en ¡Ave, César! Doyle es la estrella de una película titulada Lazy Ol’ Moon).

 

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Burt Gurney / Gene Kelly

 

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Channing Tatum interpreta a una estrella del musical que, inevitablemente, nos hace pensar en Gene Kelly. Por dos razones. En primer lugar, por esa constitución atlética y ese tipo de baile más físico que diferenciaba a Kelly de Fred Astaire. En segundo lugar, porque el número que ejecuta en el film, vestido de marinero, es un claro homenaje a películas como Un día en Nueva York o Levando anclas.

 

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Carlotta Valdez / Carmen Miranda 

 

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El nombre es un homenaje a Hitchcock y a Vértigo, pero Carlotta Valdez (interpretada por la venezolana Verónica Osorio) es, claramente, la estrella luso-brasileña Carmen Miranda. El comentario que hace en el film respecto a su estilo de baile y sus tocados frutales no deja lugar a la duda.

 

Thora y Thessaly Thacker / Hedda Hopper y Louella Parsons

 

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Los Coen utilizan a la misma actriz (Tilda Swinton, desdoblada aquí en dos hermanas gemelas mal avenidas) para recrear la virulenta competencia que en la vida real mantuvieron Louella Parsons y Hedda Hopper, las dos columnistas más poderosas (y también las más temidas) de la época dorada de los estudios. Parsons, que trabajaba para William Randolph Hearst, fue la primera en establecerse en Hollywood en 1925. Hedda Hopper empezó a desafiar la supremacía de Parsons a partir de 1938.

 

El Futuro

 

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Los integrantes de ‘El Futuro’, esa extraña sociedad secreta que secuestra a la estrella de Capitol Pictures (en parte comunistas, en parte guionistas despechados),  parecen ser, claro, los Diez de Hollywood. De hecho, ese es el número exacto de individuos que contamos en el plano en que no son presentados. Sin embargo, el tratamiento excesivamente cómico que los Coen dispensan al grupo invita a pensar que, más que caricaturizar a sus miembros (entre los que figuraba por ejemplo Dalton Trumbo), lo que los Coen pretenden es parodiar el sinsentido de la caza de brujas.

 

Laurence Laurentz

 

Laurentz

 

El inglés Ralph Fiennes (que junto al balbuceante vaquero Alden Ehrenreich protagoniza el momento más divertido de la película) encarna a un director de sofisticadas comedias románticas que podría ser George Cukor, Mitchell Leisen o Ernst Lubitsch.

 

C.C. Calhoun / Margaret Booth, Blanche Sewell

 

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La habitual aparición de Frances McDormand en las películas de Joel y Ethan Coen (su marido y su cuñado, respectivamente) sirve esta vez para rendir homenaje a esas mujeres que lograron hacer carrera en Hollywood desde la oscura sala de montaje. Entre ellas, Margaret Booth (montadora de Ben-Hur, aunque sin acreditar) o Blanche Sewell (El mago de Oz).

Diego Soto


Escrito por Lunes 22 febrero 2016

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