TCM recuerda a Steve McQueen 35 años después de su muerte

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Steve McQueen desprendía un enorme carisma. Tenía algo de canalla y de salvaje, pero a la vez había en él algo tierno, un hombre vulnerable y desamparado al que daban ganas de proteger. Él mismo así lo reconocía. “Hay algo en mis ojos de perro tristón que convence a la gente de que soy mejor de lo que realmente soy”, dijo en una entrevista. Saliendo de la nada se convirtió en los años 60 en una de las mayores estrellas del mundo del cine, un sex symbol admirado por millones de hombres y mujeres de todo el mundo. Uno de los iconos de la década gracias a las películas que protagonizó pero también a su forma de vestir y de entender la vida. Quizá por todo eso fuera apodado ‘The King of Cool’.

El sábado 7 de noviembre se cumplen 35 años de la muerte de Steve McQueen y TCM va a recordar a esta gran estrella emitiendo tres de sus películas más aclamadas: El rey del juego, Bullitt y Cazador a sueldo, el último film en el que intervino. Tres títulos en donde podemos comprobar la enorme personalidad que derrochaba ante las cámaras. “No soy un gran actor”, reconocía. “Hago de mí mismo la mayor parte del tiempo”. Sin embargo, a pesar de sus palabras, consiguió una nominación al Oscar por su papel en El Yang-Tsé en llamas y viéndole en las pantallas no podemos dejar de percibir el gran magnetismo que transmitía.

 

 

William Terence McQueen nació en Beech Grove, Indiana, el 24 de marzo de 1930. Su infancia fue muy complicada. Su madre era una prostituta y creció con sus tíos en una granja. Era rebelde e indisciplinado y acabó internado en un reformatorio. Cuando salió, se enroló en la marina y tras licenciarse probó fortuna en una infinidad de trabajos, desde leñador en una serrería a vendedor de plumas estilográficas.

Al mundo de la actuación llegó gracias a los consejos de una amiga. Se matriculó en una escuela de interpretación y poco después consiguió una beca. Gracias a Lee Strasberg pudo entrar en el famoso Actor’s Studio. Trabajó en la televisión hasta que pudo dar el salto al cine. Después de rodar algunos títulos como Cuando hierve la sangre y Asalto al banco de San Luis, que le situaron como una de las grandes promesas de Hollywood, filmó en 1960 la película que le convirtió definitivamente en estrella, Los siete magníficos. Tres años después tuvo otro enorme éxito con La gran evasión, en donde además pudo dar rienda suelta a una de sus grandes pasiones: las acrobacias en motocicleta y la velocidad. “Amo la velocidad. Es una forma de vivir al máximo”, reconocía. Una afición que dejó patente en títulos como Las 24 horas de Le Mans o en Bullitt, con una antológica persecución en coche por las empinadas calles de San Francisco.

 

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Se casó tres veces, la segunda de ellas con la actriz Ali MacGraw, a la que conoció en el rodaje de La huida, un matrimonio que dio toneladas de carnaza a la prensa sensacionalista. Steve McQueen tenía un carácter complejo y autodestructivo. Le gustaba el riesgo y la aventura y siempre se negó a que le doblaran en las escenas de acción. En 1979 le detectaron un cáncer. Cuando le informaron de que no tenía cura se marchó a México en busca de un tratamiento alternativo. Allí murió el 7 de noviembre de 1980 a los 50 años, dejando para la leyenda la historia de un actor seductor y altivo. Un inconformista que nunca acabó de encajar del todo en esa jaula dorada que es Hollywood. “Un actor es un títere manipulado por una docena de personas”, sentenció. “Yo vivo para mí y no respondo ante nadie”. Y a fe que lo cumplió hasta el final de sus días.

Steve McQueen: The King of Cool. Sábado 7 de noviembre a partir de las 20:20 en TCM


Escrito por Martes 3 noviembre 2015

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