El origen de ‘La mujer y el monstruo’

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Años antes de que Spielberg explotara en Tiburón el miedo a zambullirse en el agua, Jack Arnold se sirvió también de esa irracional desconfianza para dirigir uno de sus clásicos de ciencia ficción más entrañables: La mujer y el monstruo. “La película tiene que ver con ese temor instintivo que todos tenemos a lo que pueda estar acechándonos bajo la superficie -explica el cineasta-. Si estás nadando y algo roza tus piernas, te sientes aterrorizado. Es ese  pánico a lo desconocido lo que intenté aprovechar”.

En esta ocasión, lo que se esconde bajo las aguas, en lo más recóndito de la selva amazónica, es una de esas extrañas criaturas a las que tan aficionados fueron en los estudios Universal. Una Bestia prehistórica con pies palmeados, branquias  y cuerpo cubierto de escamas que se siente irresistiblemente atraída por la protagonista femenina de la película: la Bella Julie Adams.

 

 

Aunque el film se rodó (en 3D) en 1954, el origen del mismo se remonta, según el veterano especialista en cine de terror Tom Weaver, varios años atrás. Concretamente a una cena celebrada en casa de nada menos que Orson Welles durante el rodaje de Ciudadano Kane (finales de 1940, principios de 1941).

A la velada celebrada en Los Ángeles asistían, además de Welles, la actriz Dolores del Río (amante del cineasta), el célebre director de fotografía Gabriel Figueroa y un joven William Alland (miembro de Mercury Theatre, actor en Ciudadano Kane y más adelante productor de cine).

Según Weaver, en un momento de la cena, Gabriel Figueroa (que asistía en calidad de amigo del director de fotografía Gregg Toland) contó a los presentes la historia de un monstruoso ser, mitad hombre mitad pez, que habitaba en Brasil en el río Amazonas. Para aplacar su furia, los indígenas debían entregarle cada año una doncella de la que, como es natural, no se volvía a saber nada más.

 

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Al escuchar el relato, los comensales rieron alborozados la ocurrencia. Sin embargo, Figueroa les sorprendió poniéndose muy serio y afirmando que lo que contaba no era ninguna patraña, sino una historia real cuya verosimilitud podía constatar mostrándoles una foto del monstruo que guardaba en sus archivos.

Los días pasaron y la anécdota terminó siendo olvidada, pero no por todos. Diez años después, William Alland abandonaba la interpretación para dedicarse a la producción de películas en la Universal. Uno de sus primeros proyectos (que desde hace tiempo llevaba resumido en tres cuartillas) llevaba por título The Sea Monster.

En cuanto a la famosa foto del monstruo, fueron muchos los que a posteriori se interesaron por esa prueba gráfica mencionada por Figueroa. El hijo del cineasta, Gabriel Figueroa Flores, se encargó de acabar con las ilusiones de todos ellos. Que él supiera, su padre no sólo no guardaba ninguna foto semejante, sino que jamás había estado en el Amazonas antes de los años 40.

La mujer y el monstruo. Jueves 12 de mayo a las 10:25 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 4 agosto 2015

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