‘Bullitt’: persecución tres estrellas

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Bullitt

 

Si la conocida marca de neumáticos que cada año otorga estrellas a los mejores restaurantes premiara las persecuciones que mejor han hecho rodar y chirriar las ruedas de un coche, sin duda la máxima distinción sería para un film casi con nombre de templo gastronómico: Bullitt. Y es que a pesar de los avances en las técnicas de rodaje y en efectos especiales, y de todas las secuencias similares que hemos visto desde entonces, la delicatessen de Peter Yates (diversas encuestas lo demuestran) sigue siendo la primera que viene a la mente de los cinéfilos cuando se les pregunta por persecuciones al volante de un vehículo.

“Todo lo que hayas podido oír sobre la persecución de Bullitt es probablemente real”, decía el National Observer en 1968 tras el estreno del film. “Una escena de acción que debe ser comparada con las mejores de la historia del cine”, confirmaba Life en unos días en que público y crítica se rendían ante una secuencia que fascinaba por su credibilidad.

Y es que el secreto del éxito de esos 9 minutos y 42 segundos (un éxito que ha acabado devorando la propia trama de la película) estribaba en que todo lo que se ve en ellos (y se oye, porque el sonido era en directo) es real.

Los coches circulaban, efectivamente, a 150 km por hora, volaban por las cuestas de San Francisco y no transitaban por un circuito controlado, sino por las familiares calles de una de las ciudades más conocidas de Estados Unidos. “Quiero que el público se quede clavado viendo a alguien hacer algo que a la mayoría le gustaría hacer”, explicaba Steve McQueen, fanático de la velocidad y chef estrella de la función.

 

 

Para hacer realidad el deseo de McQueen, Warner Bros. se puso en contacto con la ciudad de San Francisco y, aunque no consiguió el préstamo del Golden Gate, como era su propósito inicial, sí que logró que les cedieran para el rodaje varias manzanas de la localidad. Un gran número de personas tuvo que controlar de forma exhaustiva las calles y a sus vecinos durante esos días (Pascua del 68) y varios especialistas (en un trabajo no tan vistoso pero que requería grandes dosis de coordinación) se encargaron de simular el tráfico de la zona.

En cuanto a los coches, el elegido para el protagonista fue un Ford Mustang 390 GT, un modelo no demasiado ostentoso que resultaba perfectamente creíble como vehículo particular de un teniente de policía y al que, por si acaso, Steve McQueen decidió añadir alguna abolladura en pos de una mayor verosimilitud.

Para el coche de los ‘malos’, se optó por un Dodge Charger que, al igual que el Mustang, tuvo que ser debidamente acondicionado para soportar el trote que se les venía encima (huelga decir que había vehículos de recambio para prevenir posibles accidentes).

 

hickman

 

Bill Hickman, el hombre de gafas de pasta que vemos en cámara, era también el ‘stuntman’ encargado de manejar el volante, uno de los mejores de la industria por esos días. Su acompañante en el asiento del copiloto sin embargo, el actor Paul Gange, no tenía ninguna aptitud ni voluntad como especialista. Pese a su rostro patibulario, y aunque interpretaba a uno de los villanos del film, pasó tanto miedo durante el rodaje que tenía que ser sedado para poder montarse en el coche.

Pese a que estos dos vehículos (el Dodge y el Mustang) son los que han pasado a la posteridad, había un tercero casi tan importante como ellos: el que transportaba una de las cámaras utilizadas en la escena y debía perseguir a todo gas a los protagonistas por las calles de la ciudad. El vehículo en cuestión era un Corvette totalmente modificado, conducido por el especialista Pat Houstis,  y en cuyo maletero, intentando conseguir los mejores planos,  se jugaba la vida el director de fotografía Bill Fraker.

 

corvette

 

El que también quería jugarse la vida pero no le dejaron (su muerte resultaba más cara) era Steve McQueen, un tipo al que le encantaba no ser doblado en las escenas de acción y que estaba firmemente empeñado en conducir personalmente el Mustang durante todo el rodaje. Aunque hay leyendas urbanas que afirman lo contrario, lo cierto es que McQueen sólo condujo durante aproximadamente un 10% de la persecución. En una de sus primeras tomas se saltó un giro y el equipo (y se dice que también la esposa del actor) decidieron no seguir corriendo riesgos.

Su sustituto fue un viejo conocido de McQueen, Bud Ekins, que cinco años antes también le había doblado en una escena que la estrella también se empeñaba en rodar personalmente: el célebre salto en moto de la valla de La gran evasión.

Se cuenta al respecto que un día McQueen fue convocado más tarde de lo habitual en el set y, cuando llegó, se encontró a los encargados de maquillaje tiñendo de rubio el cabello de Ekins. Al verlo, McQueen no puedo evitar un grito de desesperación: “¡Me lo volvisteis a hacer!”.

Bullitt. Martes 25 de abril a las 20:10 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 17 junio 2015

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