‘Los 400 golpes’: Truffaut en busca de sí mismo

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Después de dirigir tres cortos, formarse intelectualmente de la mano de André Bazin y despuntar como crítico en Cahiers du cinéma, el joven François Truffaut (27 años) estaba preparado a finales de 1958 para rodar su primer largometraje, Los 400 golpes, una película que acabaría convirtiéndose en un título paradigmático de la Nouvelle vague y que, como todos  sabéis, tiene un alto componente autobiográfico.

Como Antoine Doinel, Truffaut tuvo que sufrir en su infancia la falta de cariño de sus padres (se cuenta, entre otras anécdotas, que le hacían dormir en el pasillo) y como él, también acabó siendo internado en un correccional. Por eso, por el alto grado de implicación emocional que el autor tenía con el proyecto, resulta fácil imaginar lo delicado que debía resultar para él encontrar al protagonista de su historia. Y es que, en el fondo, Truffaut no sólo debía hallar al adolescente correcto. Debía encontrarse a él mismo a los 13 años.

 

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En septiembre de 1958 Truffaut puso un anuncio en France-Soir en el que convocaba un casting para el film. En total se presentaron unos 60 niños, y el director francés decidió hacerles pruebas a todos y registrarlas en película de 16 mm. “Me limité a hacerles preguntas sencillas, con la intención de encontrar un parecido más moral que físico con el niño que yo creía haber sido”, explica Truffaut.

Sin embargo, uno destacó en seguida por encima de los demás. “Muchos habían venido por curiosidad o empujados por sus padres. Jean-Pierre Léaud era diferente: él quería el papel con todas sus fuerzas”, cuenta el cineasta de un joven que, además de saber actuar, compartía rasgos biográficos y de carácter con Doinel y Truffaut (en el rodaje fue acusado, por ejemplo, de insultar y robar al dueño de un bar).

Las pruebas de cámara que siguieron al primer encuentro no sólo sirvieron para ratificar el flechazo inicial del director. Hubo una que salió tan bien que, directamente, Truffaut decidió incluirla en la película. Nos referimos a esa escena compuesta a base de fundidos en la que Antoine es sometido a un cuestionario en el reformatorio. Truffaut eliminó su voz de la grabación original y la sustituyó por las preguntas de la psicóloga. El resultado final (brillante) captura toda la frescura, toda la espontaneidad y todo el talento de un Jean-Pierre Léaud que no recitaba un guión, sino que improvisaba a partir de las ideas que le había facilitado Truffaut.

 

 

A partir de aquí, ya lo sabemos, Léaud continuaría desempeñando el papel de álter ego del cineasta galo durante los años siguientes. Pero, ¿qué pasó con los otros niños que se presentaron al casting? Truffaut, nada derrochador (entre otras cosas porque la película la pagaba su suegro), optó por aprovecharlos a todos y les adjudicó el papel de compañeros de clase del díscolo Doinel.

Los 400 golpes. Jueves 11 de octubre a las 22:00 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 3 junio 2015

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