El ‘coche de la muerte’ de Bonnie & Clyde

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Todos recordamos la escena. Bonnie y Clyde (o lo que es lo mismo, Faye Dunaway y Warren Beatty) circulan por una carretera secundaria en  un momento de pausa de sus fechorías. Un hombre estacionado en el arcén requiere ayuda para su camioneta. Clyde baja a ayudarle y entonces… ¡bang! ¡bang! ¡bang! La legendaria pareja de delincuentes es arrasada por una lluvia de balas. Era el final, el 23 de mayo de 1934, de Bonnie Parker y Clyde Barrow. Sin embargo, era sólo el principio de su leyenda. Y también de la de su agujereado coche.

 

 

Clyde Barrow, auténtico fanático de la conducción (una habilidad que le sirvió para escapar más de una vez de la policía), robó el coche a principios de 1934 en Topeka (Kansas) en el garaje del matrimonio formado por Jesse y Ruth Warren. El vehículo era un Ford V8, y se convirtió en la principal ‘herramienta de trabajo’ de la pareja (además de hogar rodante) durante los últimos meses de su vida.

Después del famoso tiroteo, el coche fue devuelto a sus dueños convertido en un auténtico queso de Gruyère. Aunque los datos al respecto no coinciden, se habla de más de cien balas diferentes (además del saxofón de Clyde) encontradas en su interior: munición de escopetas recortadas, de rifles automáticos, de Colt 45, de Colt 32, de Colt 38… El coche, no hace falta ser perito para darse cuenta, presentaba en definitiva un estado de siniestro total. Sin embargo eso no fue obstáculo para que los Warren (que al final pasaron de víctimas a afortunados vendedores) pudieran sacarle a un vehículo que ya empezaba a convertirse en leyenda la nada despreciable cantidad de 3.000 $.

A partir de ahí, el ya denominado ‘coche de la muerte’ de Bonnie & Clyde inició un periplo por distintos lugares del país que acabó siendo más lucrativo que las andanzas de sus ilustres e ilegítimos dueños.  Después de pasar por diversas ferias, parques de atracciones, etc… acabó recalando en los 70 en un museo de autos antiguos de Massachusetts. De ahí pasó a otro museo en Las Vegas, luego a un casino en la frontera entre Nevada y California, de ahí a Iowa, a Missouri…

Los falsos ‘coches de la muerte’ también empezaron a proliferar, poniendo en duda la autenticidad de las piezas expuestas, y para aumentar la confusión, a partir de 1967 empezó también a exhibirse el Ford utilizado en la película de Arthur Penn. El vehículo original acabó, finalmente, regresando a Nevada, a un casino en la localidad de Primm que pagó por el 250.000 dólares.

 

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Y es que el coche, amigos, era un buen coche. Y así se lo hizo saber el propio Clyde Barrow a su constructor, el mismísimo Henry Ford, en una famosa carta manuscrita fechada el 10 de abril de 1934 (y de cuya autenticidad también duda más de uno):

Muy señor mío:

Mientras tenga aire en mis pulmones, le seguiré agradeciendo el coche tan genial que usted ha fabricado. He conducido coches de Ford exclusivamente cuando podía escapar con uno. Por su velocidad sostenida y su capacidad de librarme de los problemas, Ford ha conseguido lo que ningún otro coche, y aunque mi profesión no sea estrictamente legal, no le hace ningún daño a nadie que le diga qué gran coche tiene usted en el V8.

Sinceramente suyo,

Clyde ‘Champion’ Barrow

 

carta

 

Bonnie y Clyde. Lunes 14 de noviembre a las 22:00

Diego Soto


Escrito por Jueves 14 mayo 2015

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