La increíble historia de Paul Robeson, protagonista de lo nuevo de Steve McQueen

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Tras triunfar en la última edición de los Oscar con 12 años de esclavitud, Steve McQueen anunció el lunes en una entrega de premios en Nueva York que su próxima película será un biopic sobre el deportista, cantante y actor afroamericano Paul Robeson, un polifacético artista marcado por sus transgresoras ideas políticas cuya fascinante vida ya quiso llevar a la pantalla McQueen nada más rodar The Hunger. “Entonces no tenía ni el poder ni la energía que tengo ahora”, ha explicado el director de Shame para justificar esta demora.

Robeson, hijo precisamente de un esclavo fugado de una plantación, fue un portento físico y académico que empezó a romper barreras para su comunidad desde su más tierna juventud. Fue la tercera persona de color en ingresar en su universidad (Rutgers) y sus dotes atléticas le llevaron a convertirse en estrella de la NFL (la Liga Profesional de Fútbol Americano).

Aunque su intención era dedicarse a la abogacía, los prejuicios raciales le impidieron prosperar en ese campo y empezó a dedicarse al mundo del espectáculo. Tras participar en diversas obras teatrales, su mayor éxito llegaría en 1928 con la obra Showboat, en la que cantaba con su portentosa voz de barítono el inolvidable Ol’ Man River, el tema por el que más se le recuerda. Años después, en 1936, Robeson tuvo la oportunidad de repetir su papel en una de las dos versiones cinematográficas que se han hecho de esta obra teatral: Magnolia, dirigida por James Whale (ver video).

En total, Robeson intervino en trece películas entre los años 20, 30 y 40, entre ellas títulos menos conocidos como Las minas del rey Salomón, Un trono por una canción o Seis destinos.

 

 

Fue a principios de los años 30, en una época en que residía en Europa, cuando Robeson empezó a incrementar su actividad política (presumiblemente el aspecto más llamativo de su biografía y el que más se desarrolle en su biopic). Además de implicarse en la causa racial, empezó a relacionarse con personalidades de la Unión Soviética y, abrazando el comunismo, comenzó a viajar asiduamente a Moscú y también a Gales, donde tomó parte activa de la lucha minera. El apoyo a las fuerzas republicanas en la Guerra Civil española fue otra de sus grandes cruzadas. Dio varios conciertos para recaudar fondos contra Franco (con el Ol’ Man River transformado en una suerte de himno-homenaje a la resistencia) y en 1938 llegó a viajar al frente para apoyar a las Brigadas Internacionales.

Todo este activismo político acabaría pasándole factura, y en los años 50 Big Paul (apodado así por su gran altura) fue incluido en las listas negras de la caza de brujas impulsada por el senador McCarthy (Steve McQueen analizó la persecución de que fue objeto por el FBI en su obra End Credits).

 

Paul Robeson testificando ante el Comité de Actividades Antiamericanas en junio de 1956.

 

Pese ser toda una personalidad, a Robeson se le prohibió actuar en el país y se le retiró el pasaporte, algo que terminaría destruyendo su carrera. No contento además con negarle un futuro, el gobierno americano hizo todo lo posible por borrar también su pasado. Se obvió su participación en la lucha por los derechos civiles, se retiraron sus grabaciones de la tienda de discos y hasta se le eliminó de la lista de honor de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos, lo que hizo que poco a poco fuera olvidado por las nuevas generaciones.

Por si esto fuera poco, su hijo Paul Jr. acusa al gobierno de una trama aún más espeluznante. Y es que, en su opinión, la CIA drogó a su padre en 1961 durante una visita de éste a Moscú, dentro de una serie de proyectos secretos bautizados con el nombre de MKUltra y que tenían por objeto manipular el estado mental de elementos subversivos. La realidad es que, después de esa visita a la URSS, Paul Robeson tuvo que ser internado en una institución mental de Estados Unidos y durante dos años fue sometido a un tratamiento extremo en el que llegó a recibir 54 dosis de electroshoks.

El epitafio de Robeson, que nace de una frase que el actor pronunció durante su participación en nuestra Guerra Civil, es claramente ilustrativo respecto a la postura que decidió adoptar en su vida: “Un artista debe elegir si lucha por la libertad o por la esclavitud. Yo ya he hecho mi elección No tenía alternativa”.

Diego Soto

 


Escrito por Miércoles 19 noviembre 2014

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