60 años de la corriente de aire más sexy de la historia

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Esta semana, concretamente el lunes 15 de septiembre, se han cumplido 60 años de una de las imágenes más icónicas y sexys de la historia del cine. Nos referimos, por supuesto, a ese levantamiento de faldas de La tentación vive arriba que permanecerá para siempre unido al recuerdo de Marilyn Monroe. En un principio, y rompiendo con las reglas que solemos seguir en este blog, no tenemos previsto emitir próximamente el film de Billy Wilder, sin embargo no hemos podido resistir la tentación (nunca mejor dicho) de aprovechar este aniversario para recordar alguna curiosidad sobre tan célebre momento.

La escena se rodó a la una de la madrugada en la neoyorquina Lexington Avenue, entre las calles 52 y 53. La idea de rodar en plena calle obedecía más a una estrategia publicitaria que a una necesidad de producción, ya que se intentaba aprovechar el tirón mediático que tendría la presencia de Marilyn. Sin embargo, la convocatoria se les acabó yendo de las manos a los organizadores. Más de 100 fotógrafos y entre 2.000 y 5.000 curiosos silbaban y gritaban desaforadamente cada vez que el aire de la rejilla de ventilación revolvía el vestido blanco de la actriz.

 

La muchedumbre arremolinada en torno a Marilyn y Tom Ewell.

 

Wilder empleó para esta escena tres horas de rodaje y 14 tomas, pero finalmente ninguna de ellas pudo aprovecharse debido al griterío que se colaba en los micrófonos. Aunque pudieron utilizarse numerosas imágenes y fotografías para la promoción del film, la escena tuvo que volver  a rodarse meses más tarde en California en un estudio de la Fox.

Otro que no quedó nada contento con el alboroto organizado fue el marido de Monroe, el jugador de béisbol Joe DiMaggio. Según cuentan algunas fuentes, DiMaggio consideró totalmente escandalosas aquellas imágenes, por mucho que Monroe se hubiera cuidado mucho de no enseñar nada y llevara por si acaso dos juegos de ropa interior. Tras el rodaje , el deportista y la actriz discutieron violentamente en su hotel, y a su regreso a California iniciaron los trámites de divorcio.

El vestido de la discordia, creado por el diseñador William Travilla, acabaría cayendo años más tarde en manos de otra actriz: la intérprete de Cantando bajo la lluvia Debbie Reynolds, una apasionada del coleccionismo cinematográfico. En 2011, por necesidades económicas, Reynolds sacó el vestido a subasta y lo vendió por 4,6 millones de dólares. La operación no le salió nada mal. Reynolds había comprado el vestido en 1971 por sólo 200 dólares.

Diego Soto

 


Escrito por Martes 16 septiembre 2014

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