El 90 aniversario que Bacall no pudo celebrar

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El pasado 12 de agosto nos sorprendió la noticia de su muerte. Había sido una presencia que nos había acompañado durante setenta años. De hecho nunca se retiró del todo del cine y, de vez en cuando, su nombre seguía apareciendo en los títulos de crédito de una película o serie de televisión. Se llamaba Betty Joan Weinstein Perske pero todos la conocíamos como Lauren Bacall.

El martes 16 de septiembre, día en el que habría cumplido 90 años, TCM le dedicará una programación especial en la que emitiremos algunas de las mejores películas en las que intervino, esas que la convirtieron en un auténtico mito del celuloide. Títulos como La senda tenebrosa, Cayo Largo, Tener y no tener o El sueño eterno.

 

‘Tener y no tener’, la película con la que nació la leyenda Bacall, no podía faltar en nuestro especial.

 

Lauren Bacall nació en Nueva York en 1924 y era hija de unos emigrantes judíos de origen centroeuropeo. Su vocación inicial fue la de bailarina pero poco a poco fue decantándose por el mundo de la actuación. A los quince años se matriculó en la Academia Americana de Arte Dramático. Para pagarse los estudios trabajó como modelo y fue precisamente una foto suya publicada en Harper’s Bazaar la que le cambió radicalmente la vida. El director Howard Hawks vio la revista y decidió hacer una prueba a esa joven desconocida. Poco después la fichó para que protagonizara junto a Humphrey Bogart la película Tener y no tener. La química entre los dos fue inmediata y Lauren Bacall se convirtió, a partir de ese momento, en una de las actrices más fascinantes del Hollywood clásico.

Con Humphrey Bogart se casó en 1945 y a pesar de la diferencia de edad, 24 años, formaron una de las parejas más famosas de la época. Juntos se enfrentaron al Comité de Actividades Antinorteamericanas que investigaba la infiltración comunista en Hollywood; tuvieron dos hijos y vivieron hasta que Bogart murió de cáncer en 1957. El día del funeral Bacall puso en el ataúd un pequeño silbato que recordaba el famoso diálogo que mantenía con Bogart en la película Tener y no tener: “No tienes que decir nada y no tienes que hacer nada. Nada en absoluto o, tal vez, solo silbar. ¿Sabes cómo hacerlo, verdad? Tienes que juntar los labios y soplar”. Cuatro años después contrajo de nuevo matrimonio con el actor Jason Robards con el que tuvo su tercer hijo.

 

 

Si en los años cuarenta el rostro de Lauren Bacall se asoció al cine negro, en los cincuenta apareció en sofisticadas comedias, por ejemplo, en Cómo casarse con un millonario, junto a Marilyn Monroe y Betty Grable, o al lado de Gregory Peck en Mi desconfiada esposa. También filmó intensos melodramas como Escrito sobre el viento con Rock Hudson o El trompetista, protagonizada por Kirk Douglas.

En las últimas décadas su presencia en las pantallas fue haciéndose cada vez menos habitual. En los setenta la vimos con Paul Newman en Harper, investigador privado o cabalgando con el mismísimo John Wayne en El último pistolero. En los ochenta apareció en Misery y, ya comenzado el siglo XXI, el director danés Lars Von Trier la contrató para Dogville y Manderlay.

A pesar de ser considerada un auténtico mito, Lauren Bacall no tuvo mucha suerte con los premios. Ganó dos Tony por sus trabajos sobre los escenarios de Broadway, pero en el cine su única candidatura al Oscar la consiguió en 1997 como mejor secundaria por El amor tiene dos caras. La estatuilla se la llevó finalmente la francesa Juliette Binoche por El paciente inglés. Hace cuatro años, la Academia de Hollywood le otorgó un premio honorífico por toda su carrera. Una carrera tan larga y legendaria como su propia vida.

Lauren Bacall: la actriz eterna. Martes 16 de septiembre a partir de las 15:00 en TCM

 


Escrito por Miércoles 10 septiembre 2014

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