Francis Ford Coppola: entre la autoría y el mainstream

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A lo largo de una carrera que abarca ya seis décadas, Francis Ford Coppola se ha movido en una permanente contradicción. Ha dirigido inolvidables películas que contaban con el paraguas protector de los grandes estudios, protagonizadas por conocidísimas estrellas, pero, al mismo tiempo, nunca ha renunciado a su íntimo deseo de hacer un cine distinto y simple, mucho más cercano al arte puro y que estuviera alejado de cualquier condicionamiento comercial. De esta lucha entre lo que quería y lo que podía hacer, han ido surgiendo un puñado de obras maestras, como la trilogía de El padrino o pequeñas joyas, a veces incomprendidas, como Corazonada.

El próximo 7 de abril Francis Ford Coppola cumple 75 años y TCM quiere rendir un homenaje a esta gran figura, el realizador americano más importante que ha dado el cine en el último medio siglo, emitiendo el mismo día de su cumpleaños tres de sus películas que simbolizan perfectamente lo que ha sido toda su carrera: La ley de la calle, un filme realizado en sus queridos estudios Zoetrope, el lugar que quería convertir en una alternativa a Hollywood; Cotton Club, uno de los encargos que tuvo que aceptar para pagar sus numerosas deudas, y Apocalypse Now Redux, la versión íntegra de su monumental y profunda reflexión sobre la guerra.

 

Coppola, con Marlon Brando en el rodaje de ‘Apocalypse Now’.

 

Francis Ford Coppola nació en Detroit en el seno de una familia de artistas italoamericanos. Su padre, Carmine, era músico; su madre, Italia, actriz. Estudió Arte Dramático y Cine en la Universidad de California-Los Ángeles pero donde de verdad aprendió todos los secretos de su oficio fue en la factoría del productor Roger Corman, el rey de la serie B. De aquella época son sus primeros trabajos: The Bellboy and the Playgirls y Dementia 13. También escribió los guiones de títulos tan conocidos como ¿Arde París? o Patton. En 1969 fundó la productora American Zoetrope junto a George Lucas, una compañía que, a lo largo de los años, viviría quiebras y renacimientos. En 1973 recibió el encargo de llevar al cine un best seller que por entonces arrasaba en las librerías. Aunque su ilusión en aquella época era dirigir pequeñas películas de arte y ensayo, Coppola aceptó. Se trataba de El padrino.

A partir de entonces, el director italoamericano siempre se ha movido en la industria cinematográfica haciendo equilibrios, dependiendo de sus necesidades económicas. Los éxitos y premios que consiguió con los sucesivos padrinos le permitieron poner en pie proyectos más personales o queridos como La conversación o Rebeldes. En otras épocas tuvo que aceptar trabajos puramente alimenticios como Jack o Legítima defensa. Y, entre medias, filmaba su particular y gótica versión del Drácula de Bram Stoker, demostrando que su talento de cineasta seguía siendo inmenso.

Desde 2007 Coppola ha vuelto a ese pequeño cine de experimentación que parece que le hace profundamente feliz. El hombre sin edad, Tetro y Twixt, sus tres últimos largometrajes, han pasado prácticamente de puntillas por las taquillas pero siempre que aparece su nombre en los títulos de crédito, ya sea como productor o realizador, los ojos del espectador más cinéfilo se vuelven a iluminar esperando, quizá ya no una obra maestra, pero sí al menos algunos momentos de gran cine. Algo que solo unos pocos elegidos, como Francis Ford Coppola, son capaces de lograr.

 


Escrito por Miércoles 2 abril 2014

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