Anthony Hopkins: la inseguridad de un triunfador tardío

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¿Puede sentirse inseguro un actor que lleva más de cinco décadas en el oficio y que ha ganado un Oscar y tres premios BAFTA? La respuesta es afirmativa. Así lo reconoce uno de los más grandes, Sir Anthony Hopkins, en una nueva entrega del programa Una vida en imágenes, la serie de entrevistas producidas por la Academia Británica del Cine y la Televisión, que emite en exclusiva TCM, y que los espectadores del canal podrán ver el próximo 15 de diciembre, justo antes de la emisión de El hombre elefante.

En dicha conversación, conducida por la periodista Francine Stock, el protagonista de películas como Lo que queda del día o Tierras de penumbra reconoce que vencer esa inseguridad ha sido uno de los motores de su carrera.

Durante el transcurso de este encuentro cara al público, Anthony Hopkins habla de sus papeles favoritos; de cómo compartió pantalla junto a la gran Katharine Hepburn en El león en invierno y cómo consiguió meterse en la piel de personajes históricos tan distintos como Picasso, el presidente Richard Nixon o, más recientemente, el mismísimo Alfred Hitchcock.

 

Hopkins, caracterizado como Richard Nixon.

 

Philip Anthony Hopkins nació el 31 de diciembre de 1937 en Margam, una pequeña localidad del País de Gales. Siguiendo los pasos de su paisano Richard Burton, estudió en la Escuela de Música y Arte Dramático de Cardiff. En 1965 fue admitido en la National Theatre Company de Laurence Olivier y su carrera comenzó a despegar.

Consiguió su primer premio BAFTA en 1972 por el papel de Pierre Bezukhov en una adaptación de Guerra y paz que hizo la televisión británica. Su futuro parecía brillante pero cayó en lo que él mismo define como “una etapa autodestructiva” de la que comenzó a salir, a duras penas, en 1975.

En la década de los setenta y ochenta Anthony Hopkins intervino en películas como Magic o Motín a bordo, pero su carrera parecía estancada. Había cumplido ya los cincuenta años y, según reconoce en la conversación, “me había resignado a convertirme en un respetable actor del West End londinense y a trabajar en la BBC el resto de mi vida”. Fue entonces cuando le ofrecieron el guión de El silencio de los corderos. “Cuando leí el título pensé que era una película para niños”, recuerda ante las cámaras.

 

Hannibal Lecter, el papel que cambió la vida del actor británico.

 

Gracias al siniestro pero sofisticado Hannibal Lecter, Anthony Hopkins se convirtió en muy poco tiempo en una gran estrella internacional. Ganó el Oscar al mejor actor en 1992 y, a partir de ese momento, su nombre encabezó el reparto de algunas de las mejores películas de la década como Regreso a Howards End o Drácula de Bram Stoker.

Cuando a lo largo de la entrevista se le pregunta qué le queda por hacer responde: “¿Mis ambiciones? Siempre quise hacer cine”. Y en eso sigue. Le acabamos de ver en Red 2 y haciendo de dios Odín en Thor: el mundo oscuro. Muy pronto estrenará Noé, en la que interpreta a Matusalén, el hombre más longevo de la historia de la humanidad y tiene otros tres proyectos para 2014. Una agenda bien repleta para un actor que cuando suena la claqueta y el director grita “acción”, siente aún el picor de la inseguridad, la prueba evidente de que todavía siente el peso de la responsabilidad en su piel.

 


Escrito por Lunes 9 diciembre 2013

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