George Méliès: últimos días para vivir la magia del cine

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Sí, ya sabemos que de la exposición George Méliès. La magia del cine se ha hablado largo y tendido a lo largo del año, y que muchos de vosotros habréis tenido ya la oportunidad de verla, bien en Madrid, bien en Barcelona. Sin embargo, en Actualidad TCM todavía no nos habíamos referido a ella, y creemos que tampoco está de más, a modo de advertencia y dado lo imprescindible de su visita, hacerlo ahora que queda poco más de un mes para su clausura (el 8 de diciembre).

Aunque la frase que da título a la muestra es una de las más manidas de la historia del séptimo arte, pocas veces su uso ha estado más justificado que en este caso. Y es que, si hay una palabra que define a la perfección lo que se esconde estos días en el  CaixaForum madrileño, es justamente esa: magia. La magia en la que se formó Méliès, ilusionista antes que cineasta; la magia de sus trucajes y  de las innumerables fantasías creadas en su estudio de Montreuil (con Viaje a la luna a la cabeza), y la magia, sobre todo, de aquellas técnicas anteriores al creador francés que sirvieron de estímulo y fuente de inspiración para su carrera: teatro de sombras, fantasmagoría…

Para aquellos que ya conocíamos, más o menos, la obra de Méliès, es quizás esta primera parte de la exposición la que encierra un mayor interés. Como si entrara en un desván encantado, en el que el hallazgo de cualquier artilugio es posible, el visitante se topa nada más iniciar su recorrido con diversos inventos previos al cinematógrafo que demuestran la necesidad ancestral del hombre de disfrutar de ficción en imágenes. Aquí no hay lámparas maravillosas, pero sí linternas mágicas, discos estroboscópicos, kinetoscopios… Espectaculares y entrañables piezas que, en la época de los más sofisticados efectos especiales, todavía logran pasmarnos con su ingenio.

 

 

En total, la muestra recoge más de 400 objetos relacionados con Méliès, además de, por supuesto, proyecciones de sus películas, algunas de ellas acompañadas de didácticas explicaciones que desvelan algunos de los trucos de este prestidigitador del cine espectáculo, antecesor de los actuales James Cameron o Peter Jackson.

El trayecto, ya que hablamos de cineastas de hoy en día, se cierra con un guiño a La invención de Hugo de Scorsese, un filme que, una vez vista la exposición, aún nos parece más grandioso de lo que es (sí, por supuesto que en este espacio está el enternecedor autómata de la película).

Si tenéis un hueco de aquí al puente de diciembre, no lo dudéis e id a verla. Probablemente quedaréis igual de hechizados que nosotros por esa magia que, normalmente, sólo se puede encontrar en la gran pantalla. O en la pequeña. Siempre que sintonicéis TCM, claro está.

 

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Diego Soto


Escrito por Lunes 4 noviembre 2013

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