Walsh y Ford: dos padrinos para John Wayne

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Son muchas las diferencias que separan la industria del cine actual del viejo sistema de los grandes estudios, y la forma en que inició su carrera John Wayne, que en cuatro años pasó de encargado de atrezzo a interpretar su primer papel importante, es una buena prueba de ello.

Cuando John Ford conoció a Marion ‘Duque’ Morrison en 1926 la futura estrella no era más que un estudiante de derecho que trabajaba en la Fox durante las vacaciones de verano. Su elegancia natural y su corpulencia llamaron en seguida la atención del director, que aprovechó el interés común que ambos tenían por el fútbol americano (Morrison jugaba en la Universidad del Sur de California) para acercarse al joven. “Así que tú eres uno de los chicos de Howard Jones”, le dijo, refiriéndose a su entrenador. Y acto seguido, Ford le hizo un placaje y le tiró al suelo. Así, con esta exhibición de testosterona, comenzó una amistad y una sociedad legendaria que se prolongaría durante décadas.

Morrison empezó a colaborar con Ford como responsable de atrezo en películas como ¡Madre mía! o Cuatro hijos, y poco a poco se fue ganando la confianza y la amistad de su mentor, no sólo por su diligencia en las tareas que tenía encomendadas, sino también por su arrojo y predisposición para desempeñar otras funciones (en el filme Tragedia submarina trabajó como extra en peligrosas escenas bajo el mar que los buzos profesionales se atrevían a realizar).

Sin embargo, paradójicamente, no fue Ford quien le dio a Morrison su primera gran oportunidad, sino otro director de la Fox. Raoul Walsh, a quien las habilidades del joven tampoco habían pasado desapercibidas, apostó por él más fuerte que su colega y le , a quien las habilidades del joven tampoco habían pasado desapercibidas, apostó por él más fuerte que su colega y le ofreció en 1930 el papel protagonista del western La gran jornada.

 

John Wayne, en la época en que protagonizó ‘La gran jornada’.

 

No cabe duda de que este ofrecimiento molestó a Ford, que consideraba que le estaban robando a su protegido, y las divergencias sobre quién acabo bautizando a la estrella con su definitivo nombre artístico así lo demuestran. Según los biógrafos de John Ford, fue éste quien propuso el apellido Wayne como homenaje al general de la guerra de la revolución Mad Anthony Wayne (el “John” era por él mismo). Según los de Walsh, en cambio, fue el propio director de La gran jornada quien puso el nombre del militar americano sobre la mesa.

Sea como fuere, la película fue un sonoro fracaso, y John Wayne (que según parece fue el único que no tuvo nada que ver en la elección de su alias) pagaría muy cara su (discutible) deslealtad. Durante los años 30 se vio relegado a papeles menores en películas de serie B y  Ford, haciendo gala de su legendaria mezquindad, le retiró el saludo. “No sé por qué a partir de ese maldito día dejó de hablarme”, comentaría Wayne en 1976 al nieto del director.

El castigo del inflexible Ford, resentido con ese aprendiz al que llegó a tratar como a un hijo, se prolongaría durante años. La dificultad para expresar sus sentimientos de dos hombres que preferían relacionarse a través de placajes tampoco ayudó a la reconciliación. Afortunadamente, aunque con mucho retraso, el perdón acabaría llegando, y en 1939 John Wayne entraría en la leyenda interpretando a Ringo Kid, el protagonista de La diligencia.

La diligencia. Domingo 29 a las 16:15 en TCM

Diego Soto

 

 

 


Escrito por Martes 27 agosto 2013

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