Estrenos de autor: ‘La caza’

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Un hombre golpea una copa con un cuchillo para reclamar la atención de los presentes. Se levanta y, en pleno banquete en honor a su padre, con todo el aplomo del mundo, confiesa ante los invitados que su progenitor abusó de él y su hermana cuando eran niños. Así estallaba Celebración, la bomba Dogma con la que Thomas Vinterberg se dio a conocer en 1998, un filme demoledor, probablemente el mejor de aquel extinto movimiento, y de cuya sombra no pudo despegarse su director hasta el pasado festival de Cannes, el certamen en que presentó esta su última película.

El infierno de  La caza (estreno el viernes 19) explota de una forma parecida, sin embargo, en esta ocasión, las víctimas no son los niños, sino los adultos. Una maestra de guardería llama a su despacho a uno de sus empleados y le comunica que uno de los alumnos le acusa de haber abusado de él. En principio se trata sólo de una posibilidad, de una sospecha, sin embargo, al tratarse de un tema tan delicado, esa pequeña mancha, esa acusación sin pruebas, empieza a crecer como una bola de nieve y no tarda en sepultar al acusado bajo su gélido manto .

 

 

Dice Vinterberg, presidente este año del jurado de Un certain regard, que la idea surgió en el año 2000, cuando un psiquiatra le mostró un estudio sobre el síndrome del falso recuerdo, sobre cómo determinadas mentiras, pese a carecer de una base sólida, pueden afianzarse y propagarse como un virus hasta el punto de ser más poderosas que la verdad.  La caza, tremendo ensayo sociológico protagonizada por un excelso Mads Mikkelsen, nos habla de eso. De la locura que se apodera del grupo cuando se siente amenazado, aún sin tener indicios reales de que lo está . De las ganas que tenemos a veces de que las mentiras sean verdades. De la necesidad de linchamiento, independientemente de que haya pruebas concluyentes o no.

Como los cazadores del filme, Vinterberg acaba dando en la diana y acierta también en otros puntos críticos de la sociedad contemporánea. La suciedad de nuestra mirada, por ejemplo, que impide a veces a los adultos tener un comportamiento más natural con los niños. O la permisividad con en estos últimos, seres a veces intocables y sobreprotegidos  cuya teórica fragilidad acaba nublando la razón de sus mayores.

Una gran película, en definitiva, que se estrena con cierto retraso (pero que, visto el panorama, al menos se estrena) y que parece seguir la estela de otros grandes filmes que utilizan la metáfora cinegética para disparar contra el sistema. La caza de Saura y Querejeta, por ejemplo. O el inolvidable cazador de Cimino.

Diego Soto

 

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Escrito por Jueves 18 abril 2013

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