A Capra también le pasó

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El diablo está en los detalles, dice Borja Cobeaga en su certero análisis para El Confidencial de la noche de los Goya. Y no le falta razón, porque una vez más la vida real ha demostrado ser más luciferina que la ficción y nos ha brindado un momentazo (triste) imposible de ser superado por ningún guión o sketch planificado con anterioridad. Ni siquiera por la troupe chanante. Adriana Ugarte y Carlos Santos, presumiblemente víctimas de un protocolo capaz de desorientar al trilero más avezado,  concedieron a los autores de la canción original de Los niños salvajes el Goya más fugaz de la historia. Durante unos cinco segundos, los agasajados tocaron la gloria, pero cuando ya se aproximaban al escenario y se abrochaban la chaqueta para lucir bien en la foto, se encontraron con la desagradable sorpresa de que el premio volaba a manos de Pablo Berger y Juan Gómez ‘Chicuelo’ por el tema No te puedo encontrar.

Los responsables de la canción inicialmente premiada,  Lineas paralelas, abandonaron la gala indignados y molestos por no recibir un disculpa por parte de la organización. Un bochorno considerable que, aunque no les servirá de consuelo, también sufrió un joven Frank Capra en la ceremonia de los Oscar de 1933. En aquella ocasión, el humorista Will Rogers se disponía a entregar la estatuilla al Mejor Director, premio al que Capra optaba por Dama por un día  y con el que el cineasta estaba muy ilusionado. Tras abrir el sobre y leer su contenido, Rogers, en lugar de desvelar inmediatamente la identidad del agraciado, empezó a hacer comentarios acerca del mismo: “Bueno, bueno, bueno. Vengo siguiendo a este joven desde hace mucho tiempo. Le he visto abrirse paso desde muy abajo y esto no podría haberle pasado a un chico más estupendo”. Cuando el presentador concluyó sus palabras con un sonoro “¡Vamos Frank! Ven a por él”, Capra, un inmigrante de la humilde Sicilia, se levantó de su mesa como un resorte creyendo que su sueño se había hecho realidad. Sin embargo, según avanzaba, se dio cuenta de que los focos no le seguían y de que, al otro lado de esa sala del Ambassador Hotel de Los Angeles, otro Frank también se incorporaba, llegaba donde Rogers y se quedaba con el Oscar. Se trataba de Frank Lloyd, director de Cabalgata, la película que en realidad había sido premiada. Cuando Capra volvió a su mesa, todos sus acompañantes estaban llorando. Aunque el director de Arsénico por compasión ganaría el Oscar solo un año después por Sucedió una noche, siempre recordó ese desafortunado suceso de una noche anterior como “el más triste y humillante” de su vida.

 

Frank Capra acabaría ganando tres Oscar de Hollywood.

 

Los amantes de las teorías de la conspiración afirman que 60 años después, en el 93, se dio un hecho similar que la Academia se encargó de tapar. Se trata del sorprendente Oscar a Mejor Actriz Secundaria que Jak Palance entregó a Marisa Tomei por Mi primo Vinny. Ese año optaban al premio actrices con las tablas de Vanessa Redgrave, Judy Davis, Miranda Richardson o Joan Plowright. Sin embargo, Palance leyó el nombre de Tomei, algo que, según la leyenda urbana, se debió a un error provocado por el estado de confusión, embriaguez o enajenación del actor (hay varias hipótesis al respecto). La Academia siempre ha desmentido el rumor argumentando, de forma bastante convincente, que en todas las galas hay representantes de la firma Price Waterhouse encargados de intervenir si alguno de estos errores tiene lugar.

 

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Escrito por Lunes 18 febrero 2013

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