La última noche en la Ópera

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“Solo conocí a un genio en mi vida. Su nombre era Irving Thalberg”. Así de categórico se expresaba Groucho Marx cuando hablaba sobre sus años cinematográficos, en los que rodó con sus hermanos 14 películas. De ellas destacaron dos. Las dos en las que Irving Thalberg trabajó como productor de la MGM son aquellas que el actor cómico recuerda con más cariño y considera sus mejores obras: Una noche en la ópera y Un día en las carreras.j

El día que se conocieron, Thalberg les dijo: “Me gustaría hacer algunas películas con ustedes, amigos. Me refiero a buenas películas”. Groucho se sulfuró, argumentando que sus filmes provocaban continuas carcajadas y lograban una muy buena acogida entre el público, comparables a los de Chaplin. Thalberg le respondió: “En una película no se necesitan tantas carcajadas. Voy a hacer una película con ustedes, con la mitad de chistes, pero con un buen argumento, y apuesto a que recaudará dos veces más que Sopa de ganso. Esa primera película fue Una noche en la ópera, que dobló la recaudación.

El productor y los cómicos conectaron desde el principio. Los hermanos Marx se comportaban como unos locos ante Thalberg, y eso le divertía. Era un tipo poco preocupado por el aspecto social de Hollywood que dedicaba todo su tiempo a las películas. Cuenta Groucho Marx que siempre tenía tres o cuatro entrevistas sobre argumentos de filmes que se desarrollaban al mismo tiempo en despachos contiguos. Saltaba de uno a otro haciendo sus aportaciones. Una tarde, en su despacho, cuando iban a comenzar el desarrollo de una escena cómica de Una noche en la ópera, les dijo: “Esperad chicos, regreso en un minuto”. El minuto se alargó dos horas. Pocos días más tarde repitió el truco. A la tercera vez, se enfadaron. Bloquearon las dos puertas de la sala con los archivadores metálicos y no le permitieron regresar hasta haberles prometido que no volvería a hacerles la jugarreta.

Pasaron los días, y justo al comenzar una reunión volvió a excusarse. Así que en su ausencia los hermanos encendieron los troncos de la chimenea y fueron a buscar patatas a la cantina del estudio. Cuando Thalberg regresó les encontró a todos sentados, desnudos, frente al intenso fuego, muy ocupados asando patatas. Se echó a reír y dijo: “¡Un momento chicos!”. Telefoneó a la cantina y pidió que enviaran un poco de mantequilla para las patatas. Nunca más volvió a dejarlos plantados, y así se gestarían muchos de los gags que aparecen en Una noche en la ópera.

Tras la prematura muerte de Thalberg a los 37 años a causa de una neumonía, cuenta Groucho en sus memorias, que su interés por las películas se desvaneció. “Continué apareciendo en ellas, pero mi corazón estaba en otra parte. Ya no me divertía hacerlas. Era como un viejo boxeador que seguía actuando, pero ya únicamente por el dinero”.

Una noche en la ópera, sábado, 9 de febrero a las 23:45 h en TCM


Escrito por Miércoles 6 febrero 2013

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