‘Blow up’, el primer desnudo del Nuevo Hollywood

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Blow up, inspirada en el cuento del escritor argentino  Julio Cortázar Las babas del diablo, que protagonizaba un escritor chileno aficionado la fotografía, fue la primera de las tres películas que Michelangelo Antonioni filmó con la Metro Goldwyn Mayer. Este fue el único éxito comercial del director italiano, reconocido con la Palma de Oro en Cannes en 1966, el premio a la mejor película de la National Society of Film Critics y la candidatura al Oscar a mejor director y a mejor guion.

A pesar de la hemorragia financiera que sufría Hollywood a finales de los sesenta, el nuevo grupo de ejecutivos que por entonces empezaba a heredar las majors estaba más dispuesto que nunca a correr riesgos, sobre todo si se trataba de una película europea e independiente. Blow up forma parte de la lista de esas primeras apuestas. Fue la primera película de Antonioni rodada en inglés, en la que no solo se permitió el primer desnudo femenino integral y frontal, sino también una estructura narrativa serpenteante y opaca, muy diferente a los éxitos de Hollywood. De ahí que la censura italiana prohibiese su proyección, en especial por la escena de la orgía, hasta el punto de que la primera vez que se proyectó fue en la península de San Marino.

Era tal el desconcierto de los directivos más longevos, que en 1967, cuenta el actor y músico Paul Williams, al visitar la MGM para proponer un proyecto le advirtieron: “No, no, no queremos hacer películas que no traten de nada en concreto como Blow up. El filme los había confundido totalmente. Empezaron a sentir de verdad que no sabían lo que estaba ocurriendo”. Mientras tanto, algunos críticos consideraban que la innovación europea estaba marcando tendencia en el cine americano. “En América había partes del cuerpo femenino absolutamente prohibidas, mientras que en las películas europeas, como Blow up, se veía bello púbico”, contaba Peter Bogdanovich tras rodar La última película.

Para Hollywood Blow up formó parte de los títulos que definirían un cambio de ciclo, lo que muchos llamaron el “nuevo cine” y que tomaría fuerza en los setenta, caracterizado, como cuenta Peter Biskind en su libro Moteros tranquilos, toros salvajes por su “poco respeto por la tradición, la cronología y la motivación; un promiscuo revoltijo de comedia y tragedia; héroes y villanos por igual, osadía sexual y una nueva e irónica distancia que se abstenía de emitir juicios morales obvios”.


Escrito por Viernes 9 noviembre 2012

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