El blanco y negro de ‘Toro salvaje’

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En 1975, cuando Martin Scorsese empezó a trabajar en Toro salvaje (1980), tuvo que admitir que sus conocimientos sobre boxeo, por entonces un subgénero de moda en Hollywood, eran más bien nulos. Empezó a asistir a algunos de los combates que se celebraban en el Madison Square Garden, donde quedó impactado con la imagen de una esponja empapada en sangre roja que cayó sobre la lona del cuadrilátero y manchó a los asistentes de las primeras filas. Una  escena que marcó en gran medida el tono del filme. El duro realismo, calificado por algunos como excesivo, de los combates retratados por el director fue una de las razones por las que la película fue rodada en blanco y negro. Durante la preparación, Michael Powell, veterano del cine británico y gran colorista (realizador de Las zapatillas rojas (1948)), le advirtió: “Esos guantes rojos me molestan”, lo que suscitó en Scorsese una reflexión que le convenció a adoptar –e imponer- a los productores el blanco y negro.

La vida de Jake LaMotta, campeón del mundo de los pesos pesados entre 1949 y 1951, fue llevada al cine en las antípodas de epopeyas deportivas como Rocky(1976), que ya invadía las pantallas americanas. Por el contrario, Toro salvaje es la historia de una autodestrucción. Con un rodaje cargado de sacrificios. En la isla de Saint-Martin, Robert De Niro y Scorsese reescribieron juntos el guion, y sería a partir de entonces cuando De Niro se convirtió en un verdadero boxeador entrenando durante horas en el cuadrilátero. Más tarde, en el verano de 1979, durante una interrupción del rodaje de tres meses, engordó los treinta kilos que le caracterizarán como un ex boxeador, marcando así uno de los récords del cine.

Toro salvaje. Domingo 19 de noviembre a las 22:00 en TCM


Escrito por Jueves 25 octubre 2012

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