Louis Malle: inmersión en la niñez

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Louis Malle fue coetáneo de la Nouvelle Vague y de directores como François Truffaut, Jean-Luc Godard o Claude Chabrol, pero estrictamente nunca formó parte de ese movimiento que comenzó a renovar los cimientos del cine francés a finales de la década de los cincuenta. Transitó por un camino periférico, más personal e independiente, reflexionando a menudo sobre el peso que ejerce el pasado, sobre todo el que vivimos durante la adolescencia y la infancia. En definitiva, la muerte de la inocencia.

El 30 de octubre se cumplen ochenta años del nacimiento de este gran director y TCM Autor quiere recordarle emitiendo, durante todos los sábados del mes a partir de las 22:30h, un ciclo con seis de sus películas más famosas y reconocidas: Adiós,muchachosAscensor para el cadalso, Lacombe Lucien, Un soplo en el corazón, Mi cena con André y Zazie en el metro.

 

 

Louis Malle nació en 1932 en Thumeries, una ciudad del norte de Francia. Descendía de una familia noble y acomodada que hizo una gran fortuna con el comercio de azúcar de remolacha. Estudió en buenos colegios y se matriculó en Ciencias Políticas en La Sorbona, pero desde los catorce años tenía decidido dedicarse al mundo del cine. Su familia trató de disuadirlo pero finalmente, en 1950, permitieron que ingresara en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos de París.

Comenzó trabajando como asistente de Robert Bresson, uno de los grandes cineastas franceses de los años 40 y 50, pero en 1955 entró a formar parte del equipo de Jacques Cousteau, con el que filmó El mundo del silencio, un documental sobre las profundidades marinas que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Cousteau siempre dijo que Louis Malle fue el mejor camarógrafo submarino que había tenido.

 

‘El mundo del silencio’, de Jacques Cousteau.

 

Su carrera como director de ficción se inició con Ascensor para el cadalso, un thriller policíaco protagonizado por Jeanne Moreau. Una actriz que también encabezaría el reparto de su siguiente filme, Los amantes, película que rompería muchos de los tabúes que existían sobre cómo mostrar el erotismo en pantalla.

En 1971, con Un soplo en el corazón, Louis Malle fue más allá. Trató, de una forma natural y sin maniqueísmos morales, el tema del incesto entre una madre y su hijo, lo que desató una gran polémica en todo el país. Discusiones que se repitieron cuando, tres años después, estrenó Lacombe Lucien, un filme que abordaba la espinosa historia del colaboracionismo francés con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Louis Malle lo hizo sin juzgar abiertamente a sus personajes, sin emitir ningún veredicto de culpabilidad, lo que le acarreó nuevamente numerosas críticas en Francia.

 

Imagen de la polémica ‘Un soplo en el corazón’.

 

En Hollywood rodó dos de sus títulos más conocidos: La pequeña, protagonizada por Brooke Shields, y Atlantic City, con Susan Sarandon y Burt Lancaster, pero regresó a Francia para saldar cuentas nuevamente con el pasado y filmar una de sus películas más bellas e intensas: Adiós, muchachos, una
historia basada en un hecho que él mismo vivió siendo niño cuando uno de sus compañeros de internado, un chico judío, fue entregado a los alemanes durante la ocupación, delatado por otro joven.

Louis Malle murió en 1995 víctima de un linfoma. Su última película fue Vania en la calle 42, una experimental y personal adaptación cinematográfica de la obra de Antón Chéjov. En ella reflexionaba una vez más sobre el deterioro de la vida; de cómo la inocencia de la existencia se va poco a poco perdiendo y cómo la creación artística, de alguna manera, puede ayudar a mantenerla.

 

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Escrito por Miércoles 3 octubre 2012

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